Desarrollo humano mundial 1870-­2007

Desarrollo humano
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¿Cómo ha evolucionado el bienestar mundial a largo plazo? ¿Cómo se compara Occidente con el resto? ¿Se han ampliado sus diferencias? ¿Cómo se comparan las regiones del resto con las demás? Los economistas suelen abordar estas preguntas en términos de ingreso per cápita (véase Oulton, 2012). Sin embargo, el bienestar humano se considera en general un fenómeno multidimensional, en el que el ingreso es sólo una faceta. De hecho, los intentos de proporcionar mediciones más completas de los niveles de vida se remontan a los orígenes de las cuentas nacionales modernas (Engerman, 1997). Las dimensiones no relacionadas con los ingresos del bienestar (mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, estatura, alfabetización, etc.) se han utilizado individualmente o combinadas en un índice compuesto (calidad de vida física, necesidades básicas y, más recientemente, desarrollo humano) para proporcionar medidas de bienestar que van más allá del PIB.

El desarrollo humano se definió originalmente como «un proceso de ampliación de las opciones de las personas» (UNDP, 1990, p. 10), a saber, el disfrute de una vida sana, la adquisición de conocimientos y el logro de un nivel de vida digno. Estos logros proporcionan a las personas la libertad de elegir (Fleurbaey, 2009) y la oportunidad de «llevar vidas que tienen razones para valorar» (Sen, 1997, p. 1959). Así pues, el desarrollo humano puede describirse como una libertad positiva (Desai, 1991, p. 356) por la que se concede a los individuos el acceso a bienes y servicios, incluida la propiedad, que les permiten desarrollar su potencial personal.

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