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Impacto positivo

Francisco Palao

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Resumen

La Fundación Rafael del Pino organizó, el pasado 6 de octubre de 2022, el diálogo con Francisco Palao, fundador de Purpose Alliance, titulado “Impacto positivo”, con motivo de la publicación de su obra de igual título, editada por Deusto.

Todo lo que conocemos hoy en día en el universo empezó en un punto de energía singular con el Big Bang. Nadie sabe a ciencia cierta por qué surge el universo, pero empezamos a conocer un poco cómo ha ido evolucionando desde ese momento. Empezaron a crearse los átomos de hidrógeno, que tienen unas propiedades muy básicas, pero también son la estructura atómica más básica conocida. Los átomos de hidrógeno empiezan a concentrarse en nubes de hidrógeno y, debido a la propia fuerza de la gravedad que ejercen unos átomos sobre otros, llega un momento en que el universo se ilumina. Es la primera vez que surge la luz. Es cuando podemos empezar a ver, aunque allí todavía no había nadie.

Este fenómeno es realmente mágico porque, con la fusión nuclear, empiezan a surgir nuevos elementos en el núcleo de las estrellas, nuevas estructuras atómicas que tienen nuevas propiedades. De hecho, en el núcleo de las estrellas se han creado la mayoría de los átomos que nos componen. De alguna manera, todos nosotros somos polvo de estrellas.

Todos estos átomos cada vez más complejos van teniendo más y más propiedades atómicas. Llega un momento en que surgen átomos radiactivos que, por ser más complejos, tienen una nueva propiedad, y es que emanan energía, precisamente porque de la simplicidad se pasa a la complejidad y esa complejidad aporta nuevas propiedades.

Esos nuevos átomos dan lugar a nuevas moléculas y así sucesivamente y, en un determinado momento, surgen los planetas. En los planetas vemos otro tipo de reacciones químicas que siguen haciendo que el universo siga evolucionando. Llega un momento en que el universo produce estructuras tan complejas que se reproducen a sí mismas. Emerge la vida, que hace que, de nuevo, aquello complejo siga reproduciéndose y pasamos de seres unicelulares a seres pluricelulares. De nuevo vemos el patrón de emergencia de nuevas propiedades al pasar de lo simple a lo complejo. En este caso surgen seres vivos pluricelulares con ojos, que son células que se han especializado en ver, en percibir la luz. Al universo le salen ojos y empieza a verse a sí mismo, porque todos los seres vivos son parte del universo, con lo cual emerge la visión y, con ella, nuevas propiedades, como la fotosíntesis.

Vemos seres vivos que empiezan a tener una red neuronal, que hace que los seres vivos puedan reaccionar a su entorno y surge el cerebro. La inteligencia emerge. El universo se hace inteligente, lo que quiere decir que empezamos a adaptarnos a nuestro entorno. Tomamos decisiones y hacemos distintos tipos de acciones dependiendo del entorno que nos rodea.

Surgen nuevos tipos de vida, y la vida se abre paso más allá. Llega un momento en que, en la evolución de los animales, surgimos los humanos. Los humanos tenemos algo muy especial, el cerebro, que es la estructura más compleja que conocemos y, también, la más desconocida. No sabemos cómo funciona. Pero en el universo surge algo muy interesante, concretamente en nuestro cerebro: emerge la conciencia, la capacidad de ser conscientes de que existimos. El universo empieza a ser consciente de que existe. Esto es mágico.

Las personas también tenemos una serie de capacidades que nos diferencian de los otros seres vivos. Nosotros soñamos. Somos capaces de imaginar cosas que no imaginan otros seres vivos. Imaginamos alcanzar las estrellas, volar, cosas que no se pueden hacer. Lo que nos diferencia de otros seres vivos, también, es que creamos. Somos creadores y hacemos realidad aquello que soñamos gracias a la tecnología, que nos permite rellenar el hueco que existe entre nuestros sueños y la realidad. Precisamente, eso es lo que hace que en el universo surja algo nuevo, muy especial, que es la invención.

La invención, que surge a través de los humanos, hace que el mundo se acelere, porque empezamos a crear vehículos, la imprenta, el ordenador. Todo esto hace que el mundo se digitalice, no solo a nivel de compañía, sino nosotros mismos, nuestra vida. Leemos a través de soportes digitales, nos comunicamos a través de ellos. Incluso, nuestros hijos empiezan a utilizar la tecnología de manera natural, incluso programan. Y es que tecnología es todo aquello que no existía cuando uno nace. Por tanto, un iPad o un ordenador no son tecnología para las generaciones más jóvenes. Están ahí y lo utilizan de manera natural. Empezamos a imprimir cualquier objeto que queramos en nuestra casa. Podemos imaginar cualquier cosa e imprimirla porque, en esta era de nuestras tecnologías digitales, tenemos en nuestra mano posibilidades que hace unos años habrían parecido ciencia ficción.

La tecnología no siempre funciona bien. A veces tratamos de innovar y no siempre funciona. En su momento, Microsoft lanzó la primera tablet y no funcionó, fue un fracaso. Google también lanzó las primeras gafas de realidad aumentada y tampoco funcionaron. Con el paso del tiempo, los humanos nos hemos dado cuenta de que, para hacer algo nuevo, lo más normal es que al principio fallemos y tengamos que entrar en ese círculo virtuoso de intentar, fallar, aprender, volver a intentar y tener éxito.

Todos estos ciclos nos han dado lugar a las metodologías de innovación. Por eso, hubo un momento, hace unos años, en que entramos en la era de la innovación. Tratamos de convertir nuestros avances en mejoras, en nuevo valor para el mercado, en nuevos productos y servicios. Afortunadamente, hubo una serie de emprendedores que nos facilitaron su conocimiento y lo paquetizaron en metodologías como lean startup, design thinking, y muchas del estilo.

Tenemos tecnología, metodología y herramientas que nos permiten innovar. Pero seguimos teniendo muchísimos retos a nivel global y a nivel local, que son injustos, como pobreza, clima, entorno, desigualdades. A la antropóloga Margaret Mead una vez le preguntaron qué era ser humano, qué era eso de avanzar, qué era eso de la civilización humana. Cualquiera de nosotros hubiera pensado en un cuchillo, un cuenco, algo que representase ese avance. Pero Margaret Mead dijo que la primera señal que encontramos de civilización humana fue un fémur que estaba soldado de manera natural. Lo que ocurre es que, en el mundo animal, si un animal se rompe el fémur, está condenado a muerte. Pero este ser humano no murió porque se había soldado el hueso. Lo que pasó fue que hubo un grupo de individuos que lo ayudaron desinteresadamente. Eso es lo que nos hace humanos y lo que nos ha hecho avanzar como civilización: ocuparnos y ayudar a los demás desinteresadamente. No es una cuestión de tecnología, sino de cambiar la mentalidad.

Eso es lo que tenemos que hacer, pensar en cómo debemos avanzar nuestra mentalidad para avanzar como sociedad. Hay muchas personas que han dado su vida, su talento, para que hoy estemos aquí. Marie Curie perdió su vida para descubrir la radioactividad. Eso ha hecho que estemos hoy aquí gracias a las radiografías, entre otras muchas aplicaciones y gracias a ella vivimos más. También Tesla, que avanzó muchísimo la energía. Y también Turing, gracias al cual sus invenciones, sus descubrimientos, sus inventos en cuanto a criptografía y automatización pararon la Segunda Guerra Mundial y es el padre de la inteligencia artificial. Todas estas personas dieron su vida por nosotros y permitieron que, hoy en día, tengamos en la palma de la mano todas nuestras tecnologías. Tecnologías con las que podemos cambiar el mundo. Ya no son ciencia ficción. Los móviles nos permiten pasar el tiempo de ocio, pero también son super poderosos. Por eso tenemos que cambiar la mentalidad en todo lo que hacemos.

A nivel de mentalidad hay cuatro implicaciones a las que nos han llevado todas las tecnologías exponenciales que tenemos a nuestro alcance. La primera es la abundancia. Vivimos en un mundo de abundancia. Tenemos abundancia de información, de datos, de energía. En esta era de la abundancia hay que pensar en hacer las cosas de manera diferente porque, si no, nos pasará como a Kodak. Kodak entró en bancarrota al mismo tiempo que Instagram era comprada por Facebook, por 1.500 millones de dólares, porque Kodak tenía un modelo de negocio que estaba basado en la escasez. Vendía algo escaso, rollos de fotografía. Mientras tanto, Instagram aprovechaba el hecho de que cuantas más fotografías almacenamos y subimos a internet, más negocio tiene. Por tanto, a nivel de emprendimiento, de negocio, nos tenemos que plantear siempre cómo aprovechamos la abundancia que tenemos gracias a la tecnología.

La segunda implicación es la exponencialidad, que es una derivada directa de la abundancia. Vivimos en un mundo en el que las organizaciones crecen exponencialmente porque aprovechan la abundancia. Airbnb es el hotel más grande del mundo y no tiene ni un solo hotel en propiedad. Lo que ocurre es que conecta con la abundancia de habitaciones disponibles y la gestiona de una manera que le permite crecer exponencialmente. Google hace lo mismo con la información, Uber con los conductores disponibles, Netflix con los contenidos. Con lo cual, la exponencialidad es algo que tenemos que tener siempre en cuenta a la hora de desarrollar nuestros proyectos.

La tercera implicación es el propósito. A medida que vamos cubriendo nuestras necesidades básicas como humanos, vamos ascendiendo poco a poco aspiracionalmente y llegamos al propósito, a la autorrealización. La fuerza del propósito es muy poderosa. Escuelas de negocios, como Harvard, vienen destacando desde hace tiempo la importancia de liderar con propósito. Tenemos líderes, como Elon Musk o Bill Gates, y organizaciones que ya cuentan con propósito. Tenemos empresas como Google que tienen un propósito. En concreto, Google tiene como propósito el organizar toda la información del mundo. Gracias a ello, nosotros somos capaces de acceder a esa información y hacer cosas realmente increíbles. Tesla tiene el propósito de acelerar la transición del mundo hacia una energía sostenible. Todas las organizaciones empiezan, de un modo u otro, a plantearse cuál es su propósito. Derivado de ello es que todo empieza a hacerse más complejo, como veíamos en el universo. Vemos que los ecosistemas empiezan a orientarse a tener un propósito. Tesla es un ejemplo de ello. El hecho de que tenga una capitalización mayor que la suma de sus competidores no es por casualidad, ni por especulación. Lo que ocurre es que Tesla no es una simple compañía de coches; es un ecosistema orientado a un propósito. Pone en el centro su propósito, acelerar la transición del mundo hacia un modelo de energía sostenible, y alrededor tiene productos y servicios, como los vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, aplicaciones, que sirven al propósito y, al mismo tiempo, generan más negocio para Tesla mientras tienen más impacto positivo.

Esto es una tendencia que estamos viendo. Google es un ecosistema, Apple es un ecosistema que pone en el centro su propósito. Apple ya no es una compañía de computadores. El propio concepto de computación, o de industria, está empezando a quedar obsoleto. Lo que vemos ahora lo facilitó Steve Jobs en 2007, cuando cambió el nombre de la compañía y dejó de llamarse Apple Computers, para pasar a denominarse simplemente Apple, porque, como buen visionario que era, estaba abriendo la puerta a que la compañía se convirtiera en un ecosistema.

Y es que la innovación ya no es suficiente. Hay que ir un paso más allá. La pirámide de las cinco ‘P’ nos dice que, por supuesto, hay que innovar. El producto (Product) y el cliente son la base y nos permiten generar valor para el mercado. Innovamos creando un buen producto y esto, a su vez, nos permite tener beneficios (Profit), porque sin beneficios no podemos llegar a ningún lado. Pero no es suficiente. Es necesario ser sostenible, a nivel social (People) y a nivel medioambiental (Planet). Solo cuando lo seamos seremos capaces de no consumir los recursos del mañana para crear las actividades de hoy. Esto ya debe ser un imperativo para cualquier tipo de organización. Pero hay que ir más allá. Incluso la sostenibilidad se está quedando obsoleta. Hay que regenerar el mundo, hay que aportar positivamente. Esto es la cumbre de la pirámide, que es tener un propósito (Purpose) interno que nos haga tener un impacto positivo de manera externa.

Nos podemos quedar en el beneficio, como las organizaciones tradicionales, pero podemos ir un paso más allá. Y este impacto, igual que pasaba con Tesla nos va a desbloquear una abundancia de oportunidades que son oportunidades de tener impacto positivo y de crear negocio. Es por eso que Tesla tiene un valor muchísimo mayor en el mercado, y en el mundo porque, gracias a Tesla, ha empezado la carrera de la tecnología en el área de la energía. Tesla ha hecho que el resto de compañías de vehículos no se queden acomodadas en su sitio, sino que empiecen a impulsar el coche eléctrico. Con lo cual, gracias a ello hoy en día hay muchas personas y muchas compañías tratando de crear un mundo mejor, al tiempo que crean más negocio. Por eso decimos que ya no estamos en la era de la tecnología, o en la era de la innovación, sino que estamos en la era del impacto positivo.

Purpose Launchpad es un framework que nos ayuda a tener un impacto positivo. Es un entorno de trabajo donde podemos aplicar tecnologías exponenciales, metodologías de innovación, pero, sobre todo, que está orientado para que evolucione la mentalidad y crear un impacto positivo en el mundo y en el negocio. Al nivel de las personas encontramos mayor potencia porque las personas somos las que movemos el mundo conocido. Un propósito común puede unir a personas muy distintas. La comunidad Purpose Alliance surgió para empoderar a personas y organizaciones y crear un mundo mejor. Purpose Launchpad es el framework, que ayuda muchísimo a estas personas. Una herramienta del framework, que aplica mucho a las personas, es la herramienta MP Canvas, que les ayuda a descubrir su propósito personal.

Por otro lado, están las startups y los nuevos productos, que tienen un reto principal. Cuando tenemos una idea innovadora y la lanzamos, lo que ocurre normalmente es que nos chocamos con la realidad y nuestros planes fallan. No hay plan de negocio que sobreviva al primer contacto con el mercado, con los clientes reales, porque un plan de negocio es un conjunto de hipótesis que debemos evaluar. Aquí entra, precisamente, Purpose Launchpad, que incorpora ocho ejes principales: el propósito; las personas, que incluye la comunidad y el equipo; los clientes; la sostenibilidad, incluso la viabilidad económica; la abundancia; los procesos; el producto y las métricas. Vamos a ir trabajándolos todos de manera iterativa para conseguir el resultado que buscamos.

Un ejemplo es con el eje del producto. Airbnb es una organización que ofrece alojamientos de particulares a través de internet. Si cualquiera de nosotros quisiera hacer algo parecido empezaría por crear una web, hacer que todo funcione y ponerlo bonito para mostrarlo al mundo. Pero Airbnb no empezó así. Airbnb era un proyecto de tres emprendedores que viven en San Francisco. Uno de ellos decide irse y los otros dos no puede pagar el alquiler. Para poder hacerlo, deciden comprar un colchón hinchable, que lo ofrecen por internet con un buen desayuno, que por eso se llama Airbnb. Como les empieza a generar ciertos ingresos como funcionaban, crean un anuncio en una plataforma que se llama Craiglist, que funciona muy bien en Estados Unidos, que es como un Mil Anuncios. Gracias a esta plataforma, empiezan a alquilar habitaciones libres de personas que conocen y llega un momento que crean la plataforma. Fue en este momento cuando entendieron que la clave era hacer fotografías profesionales que les permitían crecer exponencialmente porque los apartamentos se alquilaban con más facilidad. Empezaron a crecer exponencialmente tras cuatro años porque hay que tener en cuenta que hay que seguir tres fases fundamentales.

La primera es la exploración, que es cuando no sabemos lo que no sabemos. La segunda es la evaluación, que es cuando ya tenemos un camino elegido y queremos probar cuál es el adecuado. Y la última que es el impacto, que es cuando escalamos. Estas tres fases son tres mentalidades, en las que vamos a operar de una manera totalmente diferente. Estas tres fases, esta manera de ver el mundo, hay que aplicarlas a los ocho ejes.

Los ocho ejes también se pueden evaluar. Hay una herramienta, a la que llamamos el radar, en la que, haciendo una serie de preguntas, podemos ver cómo está nuestro proyecto de una forma muy gráfica. De esta forma, vamos a saber dónde tenemos que poner el foco y cómo hacerlo en función de la fase en la que estemos. El radar nos va a permitir evolucionar poco a poco hasta crear ese impacto en el mundo, en la economía, en nuestro negocio.

También hay que aplicarlo a las corporaciones, que pueden y deben crear un impacto positivo. El problema fundamental que tienen las corporaciones es que casi todas se sienten como un mamut, porque perciben que pueden extinguirse en cualquier momento, porque el entorno está cambiando tanto que pueden extinguirse si no evolucionan. El problema es que, cuando tratamos de innovar en una organización, el sistema inmunitario siempre ataca. Siempre hay una reacción interna en la que te quedas bloqueado porque hay trabas. La primera cámara digital que se inventó la creó un empleado de Kodak, pero los propios jefes le dijeron que lo parase porque podía matar su negocio, y así fue.

Otro ejemplo es el del primer computador personal. Fue el Altair 8800. Fue lanzado al mercado en 1975. Por aquel entonces, IBM era la mayor compañía del mundo en el sector de computación y también trataba de lanzar su propio computador personal, pero no podía porque estaba centrada en grandes negocios. Tenía un modelo de B2B, no de B2C orientado al consumidor. Tras varios intentos fallidos, un famoso analista de mercado llegó a decir que el hecho de que IBM lanzase con éxito al mercado un computador personal era tan difícil como que un elefante bailase claqué, porque no podía. De hecho, fue en 1980, cinco años después de intentarlo en numerosas ocasiones, cuando John Opel, su CEO por aquel entonces, dijo que el problema no era la idea; el problema era que no estaban poniendo la idea en el entorno adecuado y, por eso, no estaba floreciendo, con lo que tenemos que hacer es regarla y aportarle los nutrientes adecuados. Ahí contó con William Lowe, un colaborador suyo, que se fue de las oficinas centrales de Nueva York a Florida, donde el equipo tenía la libertad de hacer lo que quisiera. Tenían bastante presupuesto, podían romper las reglas y podían hacer las cosas de otra manera. Esto dio lugar al primer ordenador personal de IBM en 1981, seis años después. Con lo cual, el elefante bailó claqué. De hecho, la revista Time se hizo eco, con un par de portadas que le dedicó a IBM.

Guayante Sanmartín, una de las vicepresidentas de HP, suele decir que el hecho de que, en una organización, surjan ideas innovadoras y vayan bien, es porque el líder daba un propósito claro, el rigor suficiente y el entorno adecuado. Del propósito hemos hablado, el rigor puede ser Purpose Launchpad  o cualquier otro framework. El entorno es el hábitat, es decir, qué debe tener la iniciativa alrededor de ella para que florezca adecuadamente.

Purpose Launchpad también incorpora una serie de aplicaciones orientadas a grandes corporaciones, que también se puede incorporar a pequeñas y medianas empresas, como el Impact Sprint, que nos hace evolucionar la compañía en pocas semanas y acelerar lo que pasó con IBM, para crear ecosistemas orientados y con propósito, conectar con ellos y evolucionar la organización para crear un impacto positivo en el negocio y en el mundo.

En definitiva, no somos corporaciones tratando de evolucionar. Somos personas, que es de lo que nos tenemos que dar cuenta. Que la única forma de evolucionar nuestros proyectos, nuestra vida, nuestras organizaciones es evolucionando nosotros mismos. Lo que tenemos que pensar es cómo hacernos más humanos, porque hacernos más humanos hará que todo vaya mejor. Margaret Mead decía que en la historia siempre ha pasado lo mismo; que ha sido un pequeño grupo de personas quien ha creado la siguiente versión del mundo. Un grupo de personas civilizadas, con el propósito claro, comprometidas. Nosotros somos la ola conocida del universo y de nosotros depende crear esa siguiente versión del mundo, de nuestro entorno.

No es cuestión de tecnología, de metodología, ni siquiera de mentalidad. La clave de todo es el amor, porque el amor, que es la fuerza más poderosa del universo, es la que hace que demos nuestra vida por los demás, que hagamos lo que en otras circunstancias no haríamos, que nos comprometamos a crear una versión mejor de nosotros mismos y del mundo.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

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