Conferencia Magistral James A. Robinson

Conferencias magistrales

¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo?

Inicio: 29-10-2020

Fin: 29-10-2020

Hora: 18:30

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 29 de octubre de 2020, la Conferencia Magistral en directo a través de www.frdelpino.es titulado «¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo?» que impartirá James A. Robinson con motivo se su última obra «El pasillo estrecho. Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad» publicada por Deusto.

Reconocido experto en economía política, instituciones y desarrollo económico y político, el profesor Robinson ha desarrollado una intensa y prolífica carrera docente e investigadora. Se formó como economista en la London School of Economics and Political Science y en las universidades de Warwick y Yale. Con anterioridad a su incorporación a la Universidad de Chicago, ocupó las Cátedras, Wilbur A. Cowett y David Florence, de gobernanza en la Universidad de Harvard y sirvió como profesor de economía y ciencia política en las universidades de California-Berkeley, Southern California, y Melbourne.

Entre sus numerosos trabajos destaca por su transcendencia la obra “Why Nations Fail”, que desarrollo junto al profesor Daron Acemoglu, una de las obras de economía más reconocidas que el Premio Nobel de Economía George Akerlof llegó a situar como un “clásico imperecedero a la atura de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith”.

Resumen

El 29 de octubre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “¿Por qué en algunos países florece la libertad y en otros el autoritarismo?”, impartida por James E. Robinson, Reverend Dr. Richard L. Pearson Professor of Global Conflict Studies, University Professor y director del Pearson Institute de la Universidad de Chicago, con motivo de la presentación de su libro “El pasillo estrecho”.

Según el profesor Robinson, los seres humanos quieren vivir en libertad. John Locke entiende que la liberad es un estado en el que las personas pueden actuar y disponer de sus posesiones sin tener para ello que depender de otras personas o pedirles permiso. Vivir en libertad es una aspiración del ser humano. La libertad, sin embargo, se define de una forma u otra dependiendo del lugar del mundo en el que viva una persona.

Si todo el mundo aspira a vivir en libertad, ¿por qué falta tanta libertad en el mundo? La libertad escasea cuando un estado muy poderoso domina a la sociedad, por ejemplo, China en la actualidad. Allí, el gobierno ha colocado miles de cámaras por las calles, en un sistema tremendo de control de la sociedad que nos recuerda al Gran Hermano de Orwell que nos está observando. El estado chino es un estado que no tiene que rendir cuentas ante la sociedad con la capacidad tecnológica que tiene para erradicar la libertad.

En otras partes del mundo, el estado no tiene ese tipo de presencia mayúscula. Su presencia es mínima, pero eso no garantiza la libertad. Es el caso de Yemen. El estado casi no existe allí, ni domina a la sociedad, que está organizada en sus tribus, clanes y redes. El estado no controla Yemen, pero allí tampoco hay libertad.

El sociólogo Max Weber define al estado como la comunidad humana que se hace con el monopolio de la violencia en un territorio concreto. En China tiene ese monopolio y lo ejerce, pero en Yemen el monopolio de la violencia está en manos de la sociedad. Esa situación yemení tampoco da lugar a la existencia de libertad, por dos razones. La primera tiene que ver con lo que dice Hobbes en ‘Leviatán’, esto es, que una sociedad sin un estado quiebra porque se producirá una situación de guerra. La guerra es un temor continuo, un peligro de perder la vida, una vida que resulta solitaria, desagradable y corta. Esto no permite que la libertad florezca. En este contexto, en Yemen y en otras sociedades parecidas, surgen normas para impedir que haya guerras, pero esas normas también obstaculizan la libertad, constituyen la segunda razón que impide su surgimiento.

Lo que permite que aparezca la libertad y que florezca es la existencia de un equilibrio entre estado y sociedad. En Yemen hay una sociedad fuerte y un estado débil, con lo que no hay libertad. En China hay un estado fuerte y una sociedad débil, con lo que tampoco hay libertad. En medio de este pasillo estrecho emerge un equilibrio entre estado y sociedad, que compiten entre sí y, al hacerlo, esa competencia impulsa a ambos para que sean fuertes y estén en equilibrio. La libertad surge en ese pasillo gracias al equilibrio entre estado y sociedad. Fuera de él se restringe la libertad. Cuando hay equilibrio entre estado y sociedad emerge el Leviatán encadenado con grilletes.

Desde esta perspectiva, ¿por qué hay más libertad en Europa del norte y en Norteamérica? Para responder a esta cuestión hay que acudir a la historia y remontarse mucho tiempo atrás hasta el imperio romano. El historiador romano Tácito intentó comprender por qué los romanos nunca consiguieron conquistar a los pueblos germanos, y la respuesta la halló en las instituciones germanas. Entre ellos, los asuntos menos importantes los debatían sus jefes y los resolvían ellos mismos, pero los asuntos importantes se debatían en la asamblea de la tribu. Este es un modelo muy participativo de gobernanza. Cuando se produce la caída del imperio romano, los germanos y los francos fusionan este sistema con las instituciones romanas, es decir, el derecho, la iglesia, etc., pero sigue siendo un modelo de gobernanza muy participativo. La fusión fue promovida por Clodoveo, el rey de los merovingios.

Clodoveo también promulgó la ley sálica. Él, probablemente, no sabía leer ni escribir, así es que para redactarla se hizo con los servicios de cuatro abogados romanos que venían de la otra parte del Rin. Los abogados se reunieron con las asambleas, hablaron de los casos y sus soluciones y redactaron la ley. Esto no es una imposición autocrática, sino un proceso de codificación ascendente que se remite a las tradiciones de los merovingios.

La diferencia entre Europa occidental y del norte con el resto de países son esas asambleas, que vuelven a resurgir en su historia. En el siglo XIII se firma en Inglaterra la Carta Magna, un documento constitucional que intenta definir los derechos del rey y su responsabilidad. La Carta Magna se firma en Runnymeade, un prado cerca de Londres que es un lugar muy simbólico porque era el lugar en el que se celebraban los wheatons, esto es, la versión inglesa de las asambleas germánicas. La Carta Magna no trae la libertad en sí misma, pero el proceso acaba cuajando en el parlamentarismo y la democracia. El rey Juan firma porque le obligan los barones. La Carta Magna, sin embargo, no solo les da derechos a ellos, sino también a los villanos, a los siervos. Con ello se sentaron los cimientos de algo muy distinto.

A principios del siglo XVIII se construye el estado fiscal moderno en Inglaterra, a partir de una administración que funciona desde 1690. El estado intenta hacer un seguimiento de las cosas como nunca antes lo había hecho, generando así la reacción de la sociedad. Charles Tilly explica el nacimiento de la democracia a partir de ahí. La expansión del estado traslada la lucha popular de lo local a lo nacional, es lo que Robinson denomina el efecto de la reina roja. Se intenta conseguir la libertad y para ello hay que domeñar a la reina roja.

¿Qué pasa con China? Entre el gigante asiático y Europa hay grandes diferencias estructurales, pero, en términos históricos, ¿por qué acaba siendo tan diferente de Europa Occidental? Al remontarse hacia atrás en la historia se observa que las cosas no son tan distintas. Según el Xunzi, un texto chino antiguo de filosofía, el rey es un barco y el pueblo es el agua que puede hacer que flote o que se hunda. Esto es lo que implica la rendición de cuentas. Lo que sucede en China es que el auge de la primera dinastía, la dinastía Shing, suprime este modelo de gobernanza. Shang Yang dice que cuando el pueblo es débil, el estado es fuerte. Por tanto, el estado, que conoce el camino, el tao, intenta debilitar al pueblo para fortalecerse a sí mismo. Así se crea un estado déspota, que es lo que es China desde hace 2.000 años. China cayó en este equilibrio despótico y esa situación se ha consolidado allí.

Eso es muy distinto a lo que sucede en otras partes del mundo, como Yemen o el África subsahariana. En Nigeria, el pueblo Tiv era una sociedad sin estado porque temían a la hegemonía del estado. Ese temor domina tanto a la sociedad Tiv que hace que sea casi imposible construir cualquier jerarquía política. Los contratiempos se atribuyen a la brujería y esas acusaciones se utilizan para mantener el carácter igualitario de la sociedad Tiv. Cualquiera que se creyese demasiado importante y tratase de ejercer el poder corría el riesgo de que se le acusara de brujería. Los tiv desconfiaban del poder, lo que dio lugar a un sistema en el que las instituciones se basan en un principio de herencia e igualitarismo.
Se puede crear una jerarquía, pero ¿cómo controlarla? Lo difícil es encontrar el equilibrio entre la falta de confianza y las ventajas que garantizan los estados. Muchas sociedades no lo han conseguido porque penetrar en ese pasillo estrecho es muy difícil.

Hay tres constelaciones de relaciones estado-sociedad que tienen consecuencias muy distintas para la libertad. El estado puede dominar la sociedad, pero la sociedad también puede dominar al estado. Cuando cayó el muro de Berlín, se pensó que todo el mundo se iba a pasar a la democracia liberal, pero la pauta histórica no es la convergencia sino mantener la divergencia, como se aprecia en Yemen.

Shang estaba equivocado. Sus ideas valen para explicar la deriva China, pero los estados más fuertes son los que tienen las sociedades más fuertes, porque esas sociedades pueden obligar a los estados a rendir cuentas, a que defiendan los intereses colectivos. Esto no puede pasar en China.

Conseguir el Leviatán encadenado no tiene que ver con el diseño constitucional o de contrapesos. Es un proceso. EE. UU. no es como es por un documento que pudiera redactar Madison en Filadelfia. Su contenido hay que implementarlo, hay que creer en él. América hizo lo que hizo porque el poder estaba en manos de la sociedad.

La libertad exige un cambio social. La libertad positiva tiene que ver con animar a las personas a hacer cosas, permitir que tomen decisiones. En las sociedades que no cuentan con un estado central, proliferan las normas sociales para conseguir imponer el orden, pero eso es la jaula de las normas, que impide conseguir la libertad, por ejemplo, el sistema de castas en la India o la servidumbre en Europa.

La idea de la libertad no tiene nada de occidental. A los Tiv les interesa mucho la libertad. Este anhelo de libertad es inherente al ser humano. Hay muchos tipos de sociedades en el pasillo entre las que hay grandes diferencias, ricas y pobres, el pasillo es muy heterogéneo porque las sociedades han tenido que resolver muchos tipos distintos de problemas históricos.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

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