Conferencia Magistral Jesús Fernández-Villaverde

Conferencias magistrales

Una gran estrategia para España: las reformas que nuestra nación necesita

Inicio: 06-10-2020

Fin: 06-10-2020

Hora: 18:30

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 6 de octubre de 2020, la Conferencia Magistral en directo a través de www.frdelpino.es titulado «Una gran estrategia para España: las reformas que nuestra nación necesita» que impartirá Jesús Fernández Villaverde.

Jesús Fernández Villaverde es Catedrático de Economía en la Universidad de Pensilvania desde 2007, Fellow de la Econometric Society y miembro del Nacional Bureau of Economic Research (NBER), del “grupo de los cien” y del consejo editorial de relevantes publicaciones nacionales e internacionales. Es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales por ICADE y Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota.

Resumen

El 6 de octubre de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania, titulada “Una gran estrategia para España: las reformas que nuestra nación necesita”.
En los últimos 50 años, señaló Fernández-Villaverde, no nos hemos preparado para la siguiente crisis por lo que cuando ha llegado, nos hemos encontrado en una situación muy delicada. La nueva crisis ya ha venido, aunque se ha producido desde una nueva perspectiva que nadie pensaba. En mayo del año pasado creía que la crisis podría proceder más de la escalada de un conflicto, como el de Rusia y Ucrania o el de Estados Unidos y Rusia. Lo triste de esta crisis es que nos ha pillado desprevenidos y, además, nos ha golpeado más que a otros países de nuestro entorno.

En la crisis del COVID, España es el país que ha perdido más PIB. La caída ha sido mayor que la de Alemania, el Reino Unido e, incluso, Italia. También ha caído más de lo que lo han hecho los países que han conseguido los grandes éxitos de la gestión sanitaria, como Corea del Sur o Taiwán. También hemos tenido más muertes por millón de habitantes que nadie, excepto Bélgica, según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad. Pero si observamos los datos de defunción, se aprecia que se han producido 50.000 más que en años anteriores. Esto nos pondría por delante de Bélgica. Así es que España es el país que ha perdido más PIB y que ha tenido más muertes per cápita.

¿Esto es consecuencia de la mala suerte o de malas políticas? Si fuera solo la crisis sanitaria, sería un caso de mala suerte. Pero una y otra vez tenemos peores resultados que nuestros vecinos. Por ejemplo, tenemos el paro juvenil más alto de Europa. También las tasas de fracaso escolar más elevadas. Carecemos de universidades punteras. No se invierte suficiente en investigación y desarrollo. Por tanto, incluso si la crisis hubiese sido causada por otro motivo, España seguiría estando en una situación económica muy delicada. En febrero, las cuentas públicas ya estaban muy deterioradas, la productividad está estancada desde principios de los 80, hay problemas con el sistema financiero, las exportaciones están muy poco diversificadas y no son de alto valor añadido. Lo que sucede es una consecuencia de malas políticas.

Hasta ahora, nos ha salvado la Unión Europea. Salimos de la crisis financiera gracias a la política del BCE y a la ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad. En la UE no hubo reconocimiento del pseudo referéndum del 1-O de Cataluña. En estos momentos, la situación no es desesperada porque estamos esperando que lleguen fondos europeos. Pero que otros nos saquen las castañas del fuego no es un futuro sólido. Nadie sabe qué va a pasar con Alemania en 2030, cómo será entonces el canciller. Lo que es quizás más grave, podemos llegar a la situación de que Europa nos diga que hasta aquí hemos llegado y no nos presten más ayuda.

España necesita una gran estrategia de futuro fundamentada en un gran consenso social y político. Hay que ser capaz de alcanzar un acuerdo con el 60-70% de la población, con doscientos o más diputados, para que esta estrategia tenga continuidad de futuro. El problema es que anteriores reformas al no estar construidas sobre el consenso cayeron al cambiar el gobierno. Para estructurar esa estrategia, Fernández-Villaverde expuso una serie de ideas que, según dijo, son su segunda o tercera preferencia, pero que son las que permitirían poder alcanzar ese consenso.

Una gran estrategia es el arte de reconciliar medios y fines. Un país que quiera tener un futuro debe contar con una estrategia. España lleva mucho tiempo sin ella. Quizá sea porque nos encerramos en nosotros mismos tras perder nuestro imperio. El problema es que esta actitud nos ha costado mucho en el pasado y nos está costando mucho ahora. Edmund Burke dice que un Estado sin los medios para el cambio es un Estado sin los medios para su preservación. Si queremos mantener todo lo que hemos conseguido en los últimos cuarenta años, debemos tener la capacidad de pensar que cosas que funcionaban en los 80 hoy o funcionan igual, que puede haber instituciones que se haya quedado atrás.

Una gran estrategia consiste en fines, medios y tácticas. Queros que estén reconciliados los unos con los otros, que tengan sentido.

En los fines hay que hablar de qué sociedad queremos, qué España queremos en el 2030, el 2040, el 2050. En el artículo 1.1 de la Constitución se dice que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho. Queremos que sea uno de los mejores del mundo, colocar a España en lo más alto de las clasificaciones que miden el Estado social y democrático de Derecho.

Estado de Derecho significa que estamos sometidos a la regla de la ley y no a la regla de los hombres. También es un Estado que se basa en la garantía y protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. Todo lo demás no puede existir si no hay un Estado de Derecho. El país número uno en este sentido es Dinamarca. España está en el puesto 19, pero no es dónde tendríamos que estar. No es una mala clasificación, pero tampoco es para tirar cohetes.

Vivir en un Estado social quiere decir que el Estado suministra la prosperidad que los ciudadanos necesitan. No tiene sentido hablar de libertad de expresión si no tenemos dinero para comprar libros o periódicos. También necesitamos los bienes básicos para el desarrollo de la dignidad humana, como sanidad o educación. No se trata de que sean servicios públicos. Puede proveerlos el sector privado. Lo que tiene que hacer el Estado es crear las condiciones para que el suministro de estos bienes básicos se cumpla. En el Índice de Desarrollo Humano, que mide estos aspectos, España está en el puesto 25, un puesto mejor que donde debería estar gracias a que la esperanza de vida es muy alta, fruto de la dieta mediterránea y del clima.

¿Como es el índice de nuestra democracia? España está en el puesto 16, con una democracia que tiene unas carencias muy importantes. Un Estado democrático de Derecho solo existe bajo el fundamento de una economía de mercado. En libertad económica España cae hasta un preocupante puesto 58. Y hay un marco de negocios que dice lo difícil que es crear empresas, fundaciones. En esto España es el número 30.

Con la media de rangos, el país que mejor sale es Nueva Zelanda. El segundo es Dinamarca. Tenemos que aspirar a ser como ellos. Dinamarca lo hace bién porque tiene mucha libertad económica. Economía de mercado y Estado del bienestar son complementos perfectos porque la primera permite generar ingresos suficientes para tener un estado del bienestar generoso. Éste permite que la gente invierta, tome riesgos. Como país, tenemos que mejorar en todos los índices anteriores. Da igual en qué clasificación miremos. Las naciones que lo hacen bien lo hacen bien en casi todo. Esto se aplica también al Covid. Nueva Zelanda ha tenido solo 25 muertos en esta crisis.

Una vez que hemos decidido a dónde queremos ir, tenemos que pensar que tipo de medios necesitamos para que esto ocurra. Los medios instrumentales van a permitir sentar las bases de las reformas que necesitamos. No vamos a poder resolver nada antes de reformar el Estado para incrementar su capacidad. Reformar no quiere decir necesariamente variar el tamaño del Estado, sino conseguir un Estado capaz de hacer cosas, es decir, que cuando tienes una epidemia ese Estado tiene datos para poder afrontarla. La única manera de poder gestionar un estado en el siglo XXI es hacerlo a través de los datos. No tenemos esa capacidad, la capacidad es insuficiente. Por eso, el Estado no puede hacer las cosas que tiene que hacer.

También necesitamos una reforma de la selección de élites de la Administración Pública, una reforma de la selección de las élites políticas y una reforma de la coordinación territorial.

La selección de las élites de la Administración Pública debe basarse en los principios independencia, mérito e igualdad de oportunidades. La Administración Pública tiene que ser una administración profesional, que implementa de forma independiente y ajustada a Derecho los objetivos señalados por las Cortes para la Administración nacional y por los parlamentos regionales para las administraciones autonómicas. Ahora, solo el 65% de los altos cargos de la Administración del Estado y el 35% de las autonómicas son nombrados por criterios objetivos.

En la selección de las élites de la Administración debe primar la igualdad de oportunidades, no solo de género, sino también social, territorial... Debemos diseñar procesos de selección basados en la evidencia empírica, la transparencia y la mejora constante. Habría que crear la autoridad independiente de la Administración Pública, que gestionaría la oferta de plazas, los sistemas de selección objetivos. También habría que crear una agencia de la alta dirección pública, que gestionaría las personas que van a ser nombradas para la dirección de empresas públicas. Portugal e Irlanda, con culturas muy parecidas a la española, han creado instituciones muy similares a esas y mejorado la selección de la administración pública.

También necesitamos cambiar cómo estamos seleccionando las élites políticas. Por ejemplo, la estructura y funcionamiento de los partidos políticos. Debemos cambiar el sistema electoral, pero con eso no se eliminarán todos los problemas. Se trata de permitir un mayor control de los diputados o senadores por parte de los votantes, de romper el excesivo poder de las cúpulas de los partidos. Debemos reformar el Consejo General del Poder Judicial, que esta controlado totalmente por el Congreso de los Diputados. Para ello, podemos empezar a emplear la insaculación, el uso de sorteos, para llenar cargos y eliminar la lucha política por los mismos, por ejemplo, en la selección de los miembros del CGPJ.

Finalmente, hay que hacer la reforma de la coordinación territorial. El sistema de las autonomías no tiene mucha claridad y hay gobiernos que no han sido leales a la autoridad central, o que utilizan las autonomías para sus intereses territoriales. Hay que compaginar la estrategia de país y los intereses de la Administración central con los de las administraciones territoriales.

¿Qué medios necesitamos? Por ejemplo, tenemos que alcanzar la sostenibilidad del Estado del bienestar, mejorar la educación y el mercado de trabajo, reorientar la estructura de nuestras exportaciones, … El problema es cómo podemos conseguir esto. Una buena táctica podría construirse alrededor de tres elementos. Lo primero es el espacio de las ideas, explicar esto una y otra vez hasta alcanzar un consenso. Si conseguimos dar la batalla de las ideas, tarde o temprano llegan las reformas porque a los políticos no les quedará más remedio que hacerlas si esas ideas han llegado a la gente y la gente las pide.

Luego está la sociedad civil, que es donde España más falla. Por ejemplo, es muy difícil conseguir donaciones para una fundación, o para otras iniciativas. Tenemos que ser nosotros, como ciudadanos, los que tomemos la iniciativa, no los políticos. No podemos vivir en una sociedad donde creemos que la única solución es el BOE.

Finalmente tenemos el problema de la actuación política. Si somos capaces de convencer a una pequeña fracción de diputados de estas reformas que necesitamos, podremos conseguir cambios.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

The Rafael del Pino Foundation is not responsible for any comments, opinions or statements made by third parties. In this respect, the FRP is not obliged to monitor the views expressed by such third parties who participate in its activities and which are expressed as a result of their inalienable right to freedom of expression and under their own responsibility. The contents included in the summary of this conference, written for the Rafael del Pino Foundation by Professor Emilio J. González, are the result of the discussions that took place during the conference organised for this purpose at the Foundation and are the sole responsibility of its authors.

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