Tecnologías para impulsar España ¿Por fin la ciencia y la innovación?

Encuentros

Javier García, Sonia A. Contera e Iñaki Berenguer

Inicio: 17-11-2021

Fin: 17-11-2021

Hora: 19:00

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 17 de noviembre, el encuentro «Tecnologías para impulsar España ¿Por fin la ciencia y la innovación? » que comenzó con la presentación, a cargo de Javier García Martínez, Presidente de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, de los resultados de los trabajos de la Cátedra de Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino, materializados en la publicación del libro «España a ciencia cierta. Una mirada al futuro que podemos construir» editado por Gestión2000

A continuación, la profesora e investigadora Sonia A. Contera, Catedrática de física biológica en la Universidad de Oxford, nos ofreció una primera reacción, a la que seguió una mesa redonda a la que se unirá el emprendedor en serie, cofundador y CEO de CoverWallet, Iñaki Berenguer.

Javier García Martínez es fundador de la empresa de base tecnológica Rive Technology, que comercializa la tecnología que desarrolló durante su estancia postdoctoral Fulbright en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Rive Technology ha conseguido más de 80 millones de dólares de inversión de capital riesgo y da trabajo a más de cuarenta personas. Desde 2012, los catalizadores que comercializa se utilizan en varias refinerías de Estados Unidos aumentando sensiblemente la producción de combustibles y la eficiencia energética del proceso. En junio de 2019, la multinacional W. R. Grace adquirió Rive Technology y ahora comercializa su tecnología en todo el mundo. El profesor García es Catedrático de Química Inorgánica y Director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante (UA) donde ha desarrollado una extensa labor docente e investigadora en nanomateriales y en su aplicación en el sector energético. Es fundador y presidente de Celera, miembro del Comité de Expertos del Foro Económico Mundial. En 2011, fue vice-presidente del Consejo de Tecnologías Emergentes y hasta 2015 miembro del Global Agenda Council del Foro Económico Mundial que lo selección como Young Global Leader en 2009. Javier es miembro del Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada y vice-presidente de su división de química inorgánica.

Sonia Antoranz Contera es una física y nanotecnóloga española; es Catedrática de Física especializada en la física de procesos biológicos, en el departamento de Física de la Universidad de Oxford, fue codirectora del programa de Nanotecnología de la Oxford Martin School, y es Senior Research Fellow del Green Templeton Collage.3​Actualmente es vicedecana del departamento de Física de la Universidad de Oxford.

Iñaki Berenguer es cofundador y CEO de CoverWallet, una startup tecnológica que reinventa los seguros para las pequeñas empresas. CoverWallet se puso en marcha en Nueva York en 2015 y ha recaudado 30 millones de dólares de Union Square, Index Ventures y Hank Greenberg. Actualmente emplea a más de 100 personas, principalmente en puestos de diseño, marketing digital e ingeniería, y opera en 48 estados de Estados Unidos. Antes fue fundador y CEO de Contactive, una plataforma de Big Data adquirida por Thinkingphones. Anteriormente, fue fundador y CEO de Pixable (50 empleados, 10 millones de usuarios), una startup de agregación de fotos sociales inteligentes que fue adquirida por SingTel por 30 millones de dólares. También ha trabajado en McKinsey y en Microsoft Corporate Strategy. Es inversor ángel en 30 empresas emergentes, como Cabify, Acierto, Peertransfer, Clicars, Helloeave o Geoblink. Además, ha recibido becas del British Council, Fulbright, La Caixa y Rafael del Pino. Iñaki tiene un máster y un doctorado en Ingeniería por la Universidad de Cambridge (Reino Unido), un MBA por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) como becario Rafael del Pino.

 

Resumen

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 17 de noviembre, el encuentro "Tecnologías para impulsar España ¿Por fin la ciencia y la innovación?", en el que participaron Javier García Martínez, presidente de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada; Sonia A. Contera, catedrática de Física Biológica en la Universidad de Oxford, e Iñaki Berenguer, cofundador y CEO de CoverWallet.

El acto se inició con la presentación, a cargo de Javier García, de los de los resultados de los trabajos de la Cátedra de Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino, materializados en la publicación del libro "España a ciencia cierta. Una mirada al futuro que podemos construir", editado por Gestión2000. Según Javier García, la cuarta revolución industrial es el tren que está pasando delante de nosotros y que estamos dejando una vez más pasar.

El informe comienza con un análisis profundo de la realidad económica española, definida por las pymes, su temporalidad, un paro estructural del 12%, un enorme paro juvenil y una productividad baja comparada con nuestros socios europeos.

Desde 1996, las exportaciones de nuestro país prácticamente no han cambiado. Seguimos produciendo y exportando lo mismo. La mayoría de países líderes en la economía han cambiado su sistema productivo completamente. Han incorporado nuevas tecnologías, mientras que España sigue con un sistema productivo bajo en complejidad económica, que es lo que analiza este índice de la Universidad de Harvard. Este análisis pone de manifiesto la baja complejidad de nuestro sistema productivo. Por tanto, puede ser copiado, relocalizado fuera de nuestro país.

Desde esta perspectiva, las diez tecnologías seleccionadas en el informe de este año son las siguientes:

-Todos hemos sufrido la telemedicina durante este último año y medio, porque no está a la altura de las posibilidades que ofrece la tecnología. La segunda generación de telemedicina no solo va a hacer posible una interacción más eficiente con el sistema sanitario, sino también reducir costes y mejorar el diagnóstico de la siguiente generación de pacientes.

-El cambio del electrón al fotón va a suponer también una enorme ventaja, no solo en impacto medioambiental, sino también en la velocidad y la eficiencia de innumerables sistemas, como el LIDAR y el LIFI, que son tecnologías alternativas al radar y al wifi basadas en luz en vez de en paso de electrones.

-La generación de hidrógeno verde es la gran oportunidad para España. España es la fábrica de electrones verdes de Europa, pero si vendemos electrones verdes, vendemos materia prima. La idea es utilizar estos electrones para generar moléculas verdes, como el hidrógeno o el amoniaco verde y, de esta manera, avanzar en la cadena de valor y vender productos de alto valor añadido en vez de materias primas.

-Desde hace más de cien años, España ha sido líder en neurociencias. Hoy en día lo es en muchas tecnologías que muestran la conexión cerebro-máquina que nos va a permitir una interacción con robots y ordenadores muchísimo más natural.

-Las siguientes cifras son sorprendentes, pero muestran el enorme valor de las matemáticas. En el Reino Unido, la contribución de las matemáticas al PIB es del 43%. Detrás de esto están los seguros, la logística, el sistema financiero. Todas estas grandes industrias son, básicamente, datos. En España todavía tenemos un gran recorrido que hacer para que el oro del siglo XXI, los datos, se utilice de la forma más eficiente posible. Ahí las matemáticas tienen un papel fundamental. De ahí la importancia de la educación en matemáticas, para que España pueda liderar esta economía de los datos.

-Hemos sufrido la realidad no aumentada de las videoconferencias, de las pantallas. En las nuevas tecnologías que estamos proponiendo hablamos de una realidad mixta (entre virtual y aumentada), en la que sea imposible distinguir el mundo virtual del físico. Hay tecnologías que ya permiten esto y, sin embargo, todavía estamos muy por detrás en cuanto a lo que la tecnología permite en comunicación en streaming. En la práctica, la realidad virtual es algo que todavía está en la primera generación cuando tenemos tecnologías muy superiores.

-Una de las grandes contribuciones a la lucha contra la Covid ha sido los nanosensores que nos han permitido identificar la presencia de anticuerpos de manera muy sensible. Pero donde verdaderamente se ve el potencial de este tipo de sensores es en el Tercer Mundo, para identificar enfermedades que tienen un diagnóstico difícil a un precio razonable, en países que no tienen un sistema sanitario tan adelantado como el nuestro.

-España es una potencia mundial en supercomputación. Tenemos unas infraestructuras estupendas y, sin duda, esta capacidad nos puede ayudar a despegar. Las matemáticas, unidas a la supercomputación, nos van a permitir liderar el uso de los datos. Somos líderes en capacidad de supercomputación. Esta es una herramienta que no podemos dejar pasar.

-Si de todas las tecnologías hubiera que destacar una, sin duda sería la agricultura de precisión. La agricultura de precisión es una necesidad para un país que sobre utiliza los fertilizantes, lo que ocasiona problemas medioambientales muy graves; en un país que utiliza muy mal los recursos, que tiene escasez de agua. La agricultura de precisión, es decir, el uso de nanosensores, del internet de las cosas, de información satelital, de drones, nos permitiría no solo hacer un recurso mejor del campo sino también contribuir a repoblar la España despoblada, dando un mayor beneficio a las personas que trabajan en el campo. Otros países son líderes en este sector -Israel es un ejemplo de agricultura de precisión- y no hay ninguna razón por la que nuestro país no pueda apostar por el mismo tipo de tecnologías.

-La nanomedicina ha tenido un papel muy importante en las vacunas frente a la Covid. Esas vacunas contienen un material genético que no hubiera podido entrar en las células si no hubiera se hubiera investigado durante décadas el suministro inteligente de medicamentos, en este caso de material genético que entra por endocitosis en nuestras células y permite la respuesta de nuestro sistema inmunitario de una forma tan eficaz.

Estas tecnologías pueden mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos y la competitividad de nuestras industrias. Los ciudadanos que no las conozcan van a ser analfabetos tecnológicos. Cuando tengamos que tomar decisiones sobre temas que nos van a afectar tanto en nuestra calidad de vida, como en el empleo, como en nuestra industria, si no conocemos lo que estamos eligiendo no hay libertad sin conocimiento.

La tecnología es importante, pero, al final, se trata de personas. Las tecnologías no nos van a resolver los problemas, sino que somos las personas las que finalmente tenemos que ponerlas en práctica y hacerlas realidad. Vivimos un momento muy especial. Estamos saliendo de una pandemia. Tenemos la economía cogida con pinzas. La deuda pública es enorme. El paro estructural está creciendo. La velocidad de la transformación es cada vez mayor. Es importante que pensemos el país que queremos construir juntos. Tenemos los fondos, tenemos la tecnología, tenemos la capacidad humana, tenemos las infraestructuras para hacer realidad un país más competitivo. Eso, sin duda, pasa por la ciencia, la tecnología, el conocimiento y las personas.

A continuación, intervino la profesora e investigadora Sonia A. Contreras, quien destacó que los científicos españoles son muy buenos y están acostumbrados a competir internacionalmente. Son muy competitivos. Pensamos mucho más que en otros países en porqué la ciencia surge y se materializa en nuestro país. Hay razones históricas. A pesar de que los científicos y los tecnólogos en España tienen mucho talento, mucho conocimiento, España sigue sin tener una identidad científica que nos permita afrontar los retos del siglo XXI en la posición que deberíamos tener y no tenemos.

Una de las cosas que le hizo ir a Japón fue tratar de entender como un país pasó del feudal en el siglo XIX a ser la segunda economía mundial a través de la tecnología. Hay que entender el contexto cultural e histórico en el que la tecnología empieza y forma parte de un país y como esos países, a través de la tecnología, pasan a ser jugadores potentes en el mundo y en la geopolítica global.

Hay un hilo conductor en la mayoría de las tecnologías del informe y en las que se están empezando a desarrollar ahora que van a tener un gran impacto y van a cambiar la manera en que vivimos. Desde el siglo XIX, que es el siglo de los grandes imperios europeos, y durante todo el siglo XX, se desarrolla una ciencia que intenta reducir la naturaleza a leyes simples. Es una ciencia que divide el mundo y la realidad en diferentes disciplinas: física, matemáticas, biología, química. Es una ciencia que intenta controlar la realidad a base de reducirla a sistemas simples, sistemas que siguen matemáticas que siguen la lógica, la razón. La razón humana se impone en la naturaleza, y los humanos, usando la tecnología, se imponen a otros países. Es una ciencia que simplifica, que crea fertilizantes y rápidamente mejora la producción pero que no piensa en lo que va a pasar después, en las consecuencias medioambientales.

Lo que nos está pasando en el siglo XXI, el cambio climático, por ejemplo, nos está haciendo enfrentarnos a dónde nos ha llevado el paradigma científico de la reducción y la simplificación. La realidad es compleja, muy compleja, y la ciencia surge de esa tensión entre la complejidad de la realidad y la necesidad de los humanos de contar con sistemas simples que podamos entender. De esa tensión surge la tecnología que nos permite sobrevivir y crearnos a nosotros mismos.

La creatividad nos crea y nos da libertad. Pero la simplificación nos ha llevado a no tener en cuenta el cambio climático, el efecto sobre la naturaleza. Pero tampoco nos ha permitido ver el efecto de la ciencia en las personas, en la falta de diversidad, en los problemas de género, en la falta de equidad.

En el siglo XXI llegamos a un punto en el que las tecnologías, por sí mismas se estancan con la manera reduccionista de pensar del siglo XX. Las matemáticas encuentran la inteligencia artificial en las redes neuronales y el machine learning, que no es una manera normal de hacer matemáticas y computación. Es una manera que no entendemos, pero es capaz de manejar muchísimos datos, de empezar a manejar la complejidad. La medicina se ha movido hacia la nanomedicina, a buscar fronteras con otros campos, como la física, tener en cuenta otras maneras de entender cómo se afrontan problemas técnicos que no se resuelven, como el cáncer. De ahí llegan las inmunoterapias, como las vacunas, que usan la complejidad de la inmunidad del cuerpo para resolver los problemas de salud, que con la forma de pensar del siglo XX no se resolvían.

Todas las tecnologías que presenta el informe tienen este eje común. La fotónica, que nos permite hacer mejores computaciones de más datos. El hidrógeno, que nos permite afrontar el cambio climático. Hemos entrado en la era de la complejidad y todas las ciencias están empezando a converger en maneras multidisciplinares para afrontar esa complejidad, que es lo que necesitamos hacer para sobrevivir en el siglo XXI.

Esto es lo que se llama multidisciplinariedad. Durante todo el siglo XX hemos dividido las ciencias y ahora nos damos cuenta de que para resolver los problemas complejos que tenemos que volver a utilizarlas todas a la vez.

Los suprematistas soviéticos pensaban mucho en qué pasa con una sociedad cuando todo se intenta racionalizar demasiado, cuando todo se intenta racionalizar para sobrevivir, que es lo que estuvo intentando hacer la Unión Soviética. Los suprematistas se dieron cuenta de que la racionalidad tiene huecos, que hay vacíos, que no todo es racional en la existencia.

Esta idea la estaban teniendo también matemáticos como Goedel, que en 1931 demostró que la racionalidad y la lógica no pueden ser una representación real de la realidad. Hay cosas que no pueden resolverse solo con modelos simples y racionales. La máquina de Turing, en la que se basan nuestros ordenadores, la diseñó Turing para demostrar que la realidad no es lógica.

Desde el punto de vista cultural, también es muy interesante que los intelectuales y científicos de los países colonizados no occidentales ya pensaban a principios del siglo XX dónde íbamos a llegar ahora. Los límites del sistema occidental de ciencia los explica muy bien uno de los mejores científicos indios, el fundador de la física en la India, Jagadish Chandra Bose, en una obra de ciencia ficción, “Runaway cyclone”. Y también Junichiro Tazinaki, en una obra muy famosa, “Elogio a la sombra”, cuando Japón empieza a modernizarse.

El informe es la visión de los científicos de cómo la ciencia afecta a la sociedad. Por una parte, la ciencia es creatividad y nos da libertad e identidad, la identidad de un país si queremos que sea un jugador global. La ciencia en sí, la creatividad, las empresas, lo que están buscando es igualdad, equidad y justicia social. Cuando un científico se pone a crear algo, lo hace para hacerlo más barato, más justo, para hacer una sociedad mejor.

Las nuevas tecnologías presentan problemas para la democracia. Los algoritmos que no nos dejan ser libres o que van a promocionar más la falta de igualdad. Pero la ciencia, porque nace de la creatividad, en realidad tiene vocación de democracia.

En este sistema complejo, los poderes también intentan utilizar la ciencia para mantener su poder y ahí entra la geopolítica, cuál es el papel de España, cuál es el agujero por el que podemos salir. Esa es la identidad. Por eso, la creatividad, la identidad y la ciencia están relacionadas con la geopolítica. Para poder ser un jugador global en los juegos de poder, un país necesita tener una identidad científica.

Una de las preguntas es por qué no tenemos una identidad científica en España, por qué España se siente más cómoda comprando tecnología que generándola, por qué necesitamos un lenguaje propio que no tenemos. Una de las razones es la fragmentación del ecosistema, que no nos permite crear una identidad. Japón, en el siglo XIX, era un país aislado del mundo que empieza a ver que China se fragmenta y empieza a ser dominada por los poderes occidentales. Entonces les llega una escuadra de barcos de América, los famosos barcos negros del comodoro Perry, y los japoneses empiezan a ver que, o buscan una razón, una identidad tecnológica propia, o perderán su papel en el mundo, serán colonizados. Por ese riesgo de ahora o nunca, o aprendemos ciencia o acabaremos como China, Japón digirió en treinta años trescientos años de ciencia y cultura occidentales. Se lo aprendieron todo y llegaron a crear una sociedad tecnológica que llegó en 1905 a ser el primer país no europeo que llegó a derrotar a un país europeo en la guerra rusojaponesa. Ahí empieza el miedo europeo a los asiáticos.

Lo mismo pasa en China cuando deciden que ellos también tendrán bomba atómica. De ahí viene Huawei. China decide que no va a ser un vasallo de Occidente. Todos estos países tienen un riesgo existencial si no tienen ciencia.

España tiene un contexto histórico muy diferente. A principios del siglo XX tenía muy buenos científicos, como Ramón y Cajal, o grandes físicos, y no hemos sabido recuperar esa identidad científica. Esa identidad científica es necesaria para crear mirada hacia el futuro. Tenemos que saber por qué hacemos ciencia, cuál es nuestra historia y por qué queremos aportar al mundo. Cuando vemos que Corea hace nuestros teléfonos, también nos damos cuenta que gana Óscares en el cine y compramos libros de sus filósofos. Son países que están pensando muy activamente en qué son, qué quieren ser y qué papel va a tener la tecnología.

En España tenemos una oportunidad porque, al carecer de esa identidad científica, nos permite crear una nueva. En el siglo XXI nos enfrentamos a un nuevo mundo, el mundo de la complejidad y van a hacer falta nuevas identidades científicas porque las que tenemos ahora no nos sirven.

La comunicación es importante no solo para que la gente entienda la ciencia, sino también para evitar un riesgo todavía más peligroso. Hay muchos movimientos en el mundo que son anticientíficos, que intentan controlar el poder de la ciencia creando anticiencia. La ciencia crea democracia, crea nuevos poderes que, a veces, se enfrentan a los poderes establecidos. Hay mucho interés en poner freno a la ciencia. Desde que el hombre llegó a la luna ha habido mucho interés en frenar la ciencia. Ahora lo vemos en los movimientos antivacunas, o en los que niegan el cambio climático. Esto viene de lejos. Si hemos tenido un modelo de sociedad que buscaba cómo controlar la naturaleza, que durante un siglo fue el objetivo del poder, ahora muchos hombres resisten proteger el medio ambiente porque no lo ven masculino, lo ven una acción femenina. Esto significa que los estereotipos personales, la manera en que nos comportamos, refleja también los juegos de poder que hay en la sociedad y que crea un nuevo reto a los científicos, que es ser buenos comunicadores en ciencia, porque vemos que puede crear sociedades más justas, pero si no comunicamos, la anti ciencia puede ganar.

El movimiento de las ciencias hacia la complejidad también va a crear problemas en los modelos de transferencia tecnológica. España falla en esto. El modelo de producción de patentes, la idea de que desde la universidad podías hacer una patente y con ella crear una empresa y lanzarte al mundo a ver si eso funcionaba, empieza a ser cada vez menos probable por la propia complejidad de la ciencia. Un buen ejemplo es Moderna. Moderna busca la tecnología. Es un grupo de gente que sabe mucha ciencia, que trabajan con inversores con mucha experiencia, que hace mucho tiempo pensó que había una gran oportunidad en el ARN para el tratamiento del cáncer y para las vacunas. Montaron un grupo, buscaron las patentes donde estaban y, con una visión de varios años y muchos expertos, han creado un nuevo modelo de crear empresas en la nueva era de la complejidad.

El estereotipo de emprendedor es un hombre en camiseta, en Silicon Valley, que monta una cosa maravillosa porque es muy listo, también nos afecta mucho a la manera en que invertimos. Las empresas no son necesariamente un hombre en camiseta, muy inteligente y joven, sino que son grupos de personas bastante complejos, que incluso incluyen mujeres, que son las empresas que realmente están haciendo un impacto. Hay muy pocas empresas lideradas por mujeres. Solo el 1,7% de los fondos van a startups dirigidas por mujeres.

Las empresas de la pandemia están demostrando que esos estereotipos no son reales. Pfizer, creada por dos hijos de inmigrantes turcos, liderados por un hombre y una mujer que están casados. La vacuna de Oxford, que es el trabajo de décadas de la profesora Sarah Gilbert y de Catherine Green. Y, por supuesto, el trabajo de Catalin Kaliko, una bióloga húngara inmigrante en Estados Unidos, que fue la que pensó en usar el ARN para hacer las vacunas y a la que nadie apoyó. Por tanto, en la ciencia hay nuevos estereotipos y esto es otra oportunidad para España.

Por último, tuvo lugar el diálogo entre Javier García, Sonia A. Contera e Iñaki Berenguer

Iñaki Berenguer: Los grandes problemas están relacionados con el cambio climático y la salud de los mares. Donde se va a crear valor en los próximos diez años es en la extensión de la vida del planeta y la extensión de la vida de los humanos, viviendo esos años adicionales mejor. Para conseguir las dos cosas se necesita utilizar la tecnología y la convergencia de muchas de estas tecnologías. Solo en el tema del cambio climático, si pensamos en los compromisos de cada empresa y de los gobiernos, hay que apalancarse en la tecnología. Lo mismo en la extensión de la vida de los humanos, que se va a conseguir gracias a los avances en computación, inteligencia artificial y genómica.

Sonia Contera: El problema es cómo se define avance y qué es. El homo sapiens surgió hace doscientos mil años, pero las personas no empezaron a producir matemáticas hasta hace dos mil años. Hemos producido una tecnología que nos ha hecho separarnos cada vez más de la naturaleza de la que surgimos. Nos ha dado un espejismo de poder sobre la naturaleza que estamos pagando con el cambio climático. Nos ha dado el poder, pero nos está colocando al borde de la extinción. El gran reto es poder reencontrarnos con la tecnología, poder crear una tecnología que nos permita vivir de otra manera, como culturas que entienden la sostenibilidad, con otra relación con la naturaleza. Ese es el tipo de conocimiento que estamos intentando buscar desesperadamente con las tecnologías, que nos den vida con más sentido, que nos permitan tener una relación con la naturaleza mucho más fuerte. Por eso, la tecnología no nos ha dado un proceso de desarrollo exitoso.

Javier García: Cuando se intenta ayudar a los objetivos de desarrollo sostenible, por ejemplo, acabar con el hambre, se termina incrementando las emisiones de CO2. Cuando se intenta reducir la pobreza creando más puestos de trabajo, tiene más impacto en agua, en el medio ambiente. La realidad es muy compleja y cuando se interviene en ella siempre hay consecuencias negativas. Las sociedades perciben a la ciencia y a la tecnología con desconfianza, que hacen su mundo más difícil y complejo porque la realidad no es intuitiva. Otra cosa, además, es que la tecnología es un generador de desigualdad porque, en la realidad, no todos los países, no todas las comunidades pueden desarrollar estas tecnologías e implementarlas. Muchos países no están creciendo porque no tienen acceso a esa tecnología, ni lo van a tener. Por eso hay que tener una sensibilidad especial para que la tecnología sea una solucionadora de problemas, que no siempre lo es. Ese rechazo a la tecnología se ve muy claramente con los anti vacunas, los negacionistas, cuando las evidencias son palmarias. Tenemos que pensar por qué la ciencia pierde la batalla.

Respecto a la percepción de España en la ciencia, la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República tienen en la ciencia esa apuesta de país para que España salga de la crisis del 98 con la ciencia y la tecnología. En abril del 34 hay en España el primer gran congreso de la ciencia cuando España se abre, después de siglos, a la ciencia internacional. Y es porque parte de lo que España quería construir en el regeneracionismo, y sobre todo con la Segunda República, era un país por y para la ciencia. Eso no estuvo en la construcción de la España del 78. Hubo algunos esfuerzos que intentaron ponerla ahí, pero en la democrática actual no han sido parte de ese proyecto. España no está ahí. Hace unos años España decidió dejar de pagar las cuotas de los organismos científicos internacionales y nos expulsaron de las uniones internacionales científicas porque no interesaba. España no está en estos foros porque no consideramos la ciencia y la tecnología como prioritarias. Una de las lecciones de la pandemia es que la ciencia y la tecnología son cuestión de Estado porque son parte de la seguridad nacional. En problemas como el cambio climático o la pandemia, España no está ahí liderando las soluciones. Los países que han sido capaces de desarrollar sus vacunas han puesto el precio y los plazos para que los demás compren las vacunas. España ha dependido de otros, la Unión Europea, para la gran amenaza que hemos tenido en los últimos años. Si no invertimos en ciencia y tecnología como estrategia de defensa y seguridad nacional, es que no hemos aprendido nada en el último año y medio.

Iñaki Berenguer: Según los datos de publicaciones científicas, parece que somos relevantes en ciencia. Pero lo más importante es la parte de la comercialización de esa ciencia. De lo que la gente habla es de una empresa que se llama Moderna, que es la comercialización de esa ciencia. Es el caso de Oxford con AstraZeneca. Porque una cosa es hacer ciencia y otra es la comercialización de esa ciencia.  Puedes ser muy bueno haciendo ciencia, pero después dar el salto a la comercialización requiere de otras habilidades para tener éxito, y no creo que se nos vea en el mundo tan relevantes a la hora de comercializar la ciencia que se hace aquí. A la hora de comercializar los descubrimientos hay que crear equipos, organizaciones, saber como escalar la empresa, como fijar precios, como posicionarte en la cadena de valor, como comercializar una innovación tecnológica. Todo eso nos falta aquí, incluso el primer paso que es que no haya trabas a la hora de hacer transferencia tecnológica, o ponérselo fácil a los científicos a la hora de montar una empresa. Lo segundo es que haya inversión. En España, esto está cambiando mucho. Lo tercero es que haya un ecosistema, que consiste en que la empresa esté más cerca de la universidad, que haya fondos de capital riesgo, que haya abogados que ayuden con el sistema de patentes. Por eso, los grandes polos de comercialización de ciencia en todo el mundo están alrededor de universidades, como Stanford en Silicon Valley, el MIT y Harvard en Boston, Cambridge y Oxford en Inglaterra. La universidad no tiene conflicto de interés a la hora de comercializar porque ese no es su objetivo. Por eso es el centro de los ecosistemas, pero en España no se ve a la universidad haciendo ese papel.

Sonia Contera: Como te vean los demás es el principal problema de crear tu identidad. A los países con poderes científicos, como Corea, Japón o Alemania, no les interesa tener competidores y no te van a ayudar a tener una buena identidad. La identidad la tienes que crear tú. Japón, Corea y China crean su identidad científica a través del riesgo existencial, porque no querían acabar colonizados como termino India. Para ello usaron mucho el neoconfucionismo, que es muy parecido a la ciencia de la complejidad que tenemos ahora. La clave por la que Asia va a dominar la ciencia del futuro no solo es porque la quiere dominar, sino porque su contexto cultural del budismo, del sintoísmo, el confuncionismo es, fundamentalmente, un modelo de complejidad que se adapta a su cultura. Por eso son tan buenos en robótica y en computación. España sí tenía una identidad científica. La ciencia era fundamental en la España que quería construirse en el siglo XX. Eso se pierde en la Transición. El problema es que no se puede crear una identidad cuando España no tiene una identidad como país. Una de las buenas cosas de salir de un sitio que no tiene identidad es que se puede crear una nueva apta para el siglo XXI. Necesitamos más igualdad entre países, entre géneros, entre la sociedad. La ciencia crea desigualdad, pero no la ciencia en sí, sino por el sistema de poder que controla la ciencia.

Los campos se crean muy homogéneos. La gente elige a personas como ellos mismos para crear las estructuras de poder dentro de sus propios campos. Entonces, cuando vas a hablar con otro campo tienes un cambio cultural porque has homogeneizado tu campo de una manera que se separa de lo que tienes al lado. Por eso es importante la diversidad. Todo lo que haces tiene que tener en cuenta la sociedad de la que surges. Las reacciones vienen de la falta de comunicación, de humildad y de diversidad.

Javier García: El problema no es un lenguaje común, porque nos vamos a dar cuenta de que hay una multiplicidad de idiomas. Lo que hay que hacer es alinear objetivos e incentivos. Cuando hemos afrontado la pandemia, hemos alineado los objetivos y nos hemos entendido muy bien, aunque los agentes hablaran lenguajes distintos. La Administración tenía que quitarse de en medio en el sentido de que hemos simplificado los trámites, hemos acelerado los protocolos para que las cosas llegaran lo antes posible. Podemos ponernos de acuerdo en objetivos e incentivos y en esto nos va el futuro. La Unión Europea ha invertido en España más en supercomputación que en cualquier otro país de la UE. Esa infraestructura ya la tenemos, ese incentivo ya esta claro. La cuestión es cómo vamos a alinear a los científicos para aprovechar esa gran oportunidad, como vamos a conseguir que los fondos americanos vengan a España a financiar esos proyectos con supercomputación porque la infraestructura ya la han pagado otros. Ese es el reto, no soñar que al final vamos a hablar todos el mismo lenguaje.

Iñaki Berenguer: En el mundo anglosajón hay actores que se han movido en las tres partes, como científicos, emprendedores e inversores. Cuando se mueven de un sitio a otro, empiezan a entender mucho mejor al otro. Cuando se define una estrategia de de dónde somos y a dónde vamos, hay que responder a tres preguntas: dónde quiero competir, cómo quiero competir y cuándo quiero competir. Cuando se responde a esas tres preguntas hay que fijarse si se dan las condiciones para que todas estas cosas que se quieren conseguir existan. Las condiciones son talento, densidad y masa crítica. Con cualquiera de esas grandes iniciativas de comercialización de la ciencia no se puede ser líder en todo, por lo que hay que apostar por tecnologías concretas y ver si se dan esas condiciones.

Javier García: Para atraer y retener el talento hay que crear comunidad. Las personas que van al MIT van porque ahí ocurren cosas, hay una comunidad que te anima a hacer cosas grandes. Con iniciativas como Celera intentamos hacer que ocurran cosas extraordinarias en nuestro país. Son esas comunidades las que cambian el país. Esos son los incentivos y los objetivos que podemos alinear. Primero, identificar qué queremos construir juntos como país. A los científicos, que necesitan financiación a largo plazo y simplificación, acabar con la burocracia, que es lo que nos está matando en el día a día en la ciencia. A los inversores, simplificación, alfombra roja, que puedan tener un retorno inmediato. La Administración tiene el gran papel de ser el gran convocante, el moderador de esa reunión que nos permita crear esos objetivos comunes y que los incentivos estén claros y no cambien.

Sonia Contera: Yo añadiría que cuando nos vamos a un sitio, porque están pasando cosas, los científicos y los inversores no se van porque quieren hacer dinero, sino porque te lo pasas bien. La creación hace que tengas una vida con significado. Hay que crear estas comunidades, que crean gente que, cuando lo pasan bien, crean cosas. En Oxford hemos empezado un programa que le llamamos Creative Destruction. Es un programa de emprendimiento muy simple en el que estudiantes, o quien sea, propone un modelo de empresa. Un grupo de científicos, CEOs e inversores de todo el mundo ayudamos a estas empresas en grupo a localizarse globalmente, a buscar dinero, a buscar las estrategias. Los mentores lo hacemos gratis. Ahí están los mayores CEOs del mundo y lo hacen porque se lo pasan bien y porque les gusta estar en contacto con la siguiente generación. El lenguaje común sale muy rápido porque lo que queremos es que la empresa del estudiante salga adelante.

Iñaki Berenguer: La pandemia también ha ayudado a que la gente se replantee dónde quiere vivir. Hay sitios que son muy estimulantes intelectualmente, como vivir en Boston, que tiene Harvard y el MIT, pero los inviernos, desde finales de noviembre hasta finales de abril son horribles. Si la gente puede combinar el pasar dos semanas allí, dos semanas aquí, otra semana en Canarias o donde le apetezca, es algo de lo que España se puede beneficiar para poder atraer más talento. Es importante que la gente interaccione en el mundo real y no en el mundo virtual. Hay que ponérselo fácil a toda esta gente que quiera venir, pero a nivel burocrático es muy complicado, por ejemplo, con la residencia, la atención médica, el pago de impuestos.

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