Diálogo entre Mikhail Khodorkovsky y Mira Milosevic
Rusia después de Putin: escenarios para la oposición y el futuro del régimen
La Fundación Rafael del Pino organizó, el 7 de abril de 2026 el diálogo «Rusia después de Putin: escenarios para la oposición y el futuro del régimen» en el que participaron Mikhail Khodorkovsky y Mira Milosevich.
Mikhail Khodorkovsky es empresario y filántropo ruso. Fue presidente de YUKOS, una de las mayores compañías petroleras del mundo, donde impulsó la adopción de estándares internacionales de gestión y un significativo aumento de la producción. En 2001 fundó la Open Russia Foundation, orientada al fortalecimiento de la sociedad civil en Rusia. Tras criticar públicamente la corrupción del régimen, fue detenido en 2003 y condenado a catorce años de prisión en un proceso considerado de motivación política. Fue declarado preso de conciencia por Amnistía Internacional y puesto en libertad en 2013. Desde entonces promueve una visión de Rusia basada en el Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos, elecciones libres y el fortalecimiento de una sociedad civil plural. Es fundador del NEST Centre, dedicado al análisis de Rusia y su entorno. Su trayectoria ha sido recogida en el documental Citizen K, dirigido por Alex Gibney.
Mira Milosevich-Juaristi es investigadora principal para Rusia, Eurasia y los Balcanes del Real Instituto Elcano, profesora asociada de The Foreign Policy of Russia en School of Global and Public Affairs de IE University. Ha colaborado en varios libros colectivos y es autora de tres libros, dos de ellos sobre las guerras yugoslavas –Los Tristes y los Héroes. Las historias de los nacionalistas serbios (200) y El trigo de la Guerra. Nacionalismo y Violencia en Kosovo (2001), publicados por Espasa Calpe. Su libro más reciente es Breve Historia de la Revolución Rusa (2017, Galaxia Gutenberg, 7 ediciones). Ha asesorado al Parlamento Europeo, al Parlamento Español, al Parlamento del Reino Unido, a la OTAN, al STRATCOM y al Departamento de Estado de los Estados Unidos en cuestiones de seguridad relacionadas con la desinformación como instrumento de la guerra híbrida de Rusia en Occidente. Forma parte del consejo de la Iniciativa de Relaciones Transatlánticas (IE University). Es miembro de dos grupos de trabajo del European Leadership Network, Grupo de Contacto de las relaciones entre Occidente y Rusia, y del Grupo de Acción Rusia-OTAN. En 2020, fue Visiting Fellow del programa sobre Europa, Rusia y Eurasia del Center for Strategic and International Studies (CSIS) en Washington, D.C. gracias al apoyo económico de Argyros Family Foundation. Mira Milosevich es doctora en Estudios Europeos por la Universidad Complutense de Madrid y licenciada en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad de Belgrado. Diploma del Workshop in Global Leadership de la Harvard Kennedy School (2019) y diploma de los cursos ejecutivos del CSIS Understanding Russian Military Today (2020) y Understanding Washington (2020). Sus idiomas de trabajo son español, inglés, ruso y serbio.
Resumen:
En un momento marcado por la erosión del orden liberal y la intensificación de la rivalidad geopolítica, el diálogo celebrado en la Fundación Rafael del Pino entre Mikhail Khodorkovsky y Mira Milosevich abordó una de las incógnitas más relevantes del escenario internacional: qué cabe esperar de Rusia más allá de Vladimir Putin. Sin embargo, lejos de centrarse en el corto plazo o en hipótesis de sucesión, la conversación se orientó hacia una cuestión más profunda: hasta qué punto es posible una transformación real del sistema político ruso.
La tesis central de Khodorkovsky resulta particularmente significativa por su carácter estructural. El problema de Rusia, sostiene, no reside únicamente en el liderazgo actual, sino en la persistencia de un modelo político históricamente centralizado, débilmente institucionalizado y propenso a reproducir dinámicas autoritarias. En este sentido, la eventual salida de Putin no constituiría necesariamente un punto de inflexión, sino, en el mejor de los casos, el inicio de un proceso incierto.
El riesgo de reproducir el autoritarismo
La metáfora que articula su planteamiento —“matar al dragón”— sintetiza bien este diagnóstico. No se trata solo de derrocar al autócrata, sino de evitar que quien le sustituya encarne una nueva versión del mismo poder concentrado. La historia rusa ofrece numerosos precedentes en los que el cambio de régimen no ha implicado una transformación de fondo, sino la adaptación de estructuras autoritarias a nuevos contextos.
De ahí que Khodorkovsky insista en la necesidad de abordar no solo la transición política, sino las condiciones que la hacen viable. Entre ellas, plantea la sustitución del presidencialismo por un sistema parlamentario, el fortalecimiento del federalismo y la creación de mecanismos efectivos de control del poder. No obstante, el propio contexto —marcado por la personalización del régimen y la ausencia de una ideología coherente— dificulta enormemente la implementación de estas reformas.
Más allá de los diagnósticos occidentales
Uno de los elementos más sugerentes del diálogo fue la crítica a ciertas interpretaciones extendidas en Occidente. En particular, Khodorkovsky cuestiona la idea de que el problema ruso pueda resolverse mediante un simple cambio de liderazgo, así como la hipótesis de una eventual desintegración del país.
Frente a estas visiones, describe una Rusia culturalmente cohesionada y estructuralmente dependiente de un poder central fuerte. En este marco, la existencia de un “enemigo externo” no es un elemento circunstancial, sino una pieza funcional del sistema político, necesaria para sostener la cohesión interna y justificar la concentración de poder.
Ucrania como amenaza política, no militar
La guerra en Ucrania se inserta, según esta lógica, en un cálculo que trasciende lo estrictamente estratégico. Más que responder a una amenaza militar directa, el conflicto se explicaría por el potencial transformador de una Ucrania democrática y próspera. Su mera existencia como modelo alternativo —cercano geográfica y culturalmente— supondría un desafío para la legitimidad del régimen ruso.
Desde esta perspectiva, la guerra aparece como un instrumento de supervivencia política. Al mismo tiempo, Khodorkovsky advierte que sus consecuencias se prolongarán durante décadas, especialmente en términos de relación entre Rusia y Ucrania, donde prevé un horizonte de tensiones prolongadas que difícilmente podrán resolverse a corto plazo.
Propaganda, aislamiento y percepción social
El análisis de la sociedad rusa introduce un matiz clave para entender la estabilidad del sistema. La combinación de aislamiento geográfico, escasa exposición al exterior y un aparato de propaganda omnipresente configura un entorno en el que amplios sectores de la población interiorizan las narrativas oficiales.
Lejos de atribuir esta situación exclusivamente a la coerción, Khodorkovsky subraya la dimensión cognitiva del fenómeno: la repetición sistemática de mensajes en distintos ámbitos —medios de comunicación, entorno laboral y social— genera una percepción coherente del mundo que resulta difícil de cuestionar desde dentro. En este contexto, la oposición no solo enfrenta barreras políticas, sino también culturales y psicológicas.
Una oposición limitada pero existente
A pesar de estas restricciones, el diálogo apunta a la existencia de una base social crítica, aunque minoritaria. Según los datos mencionados, en torno a un 15% de la población se identifica con valores proeuropeos, mientras que millones de ciudadanos consumen contenidos opositores, incluso en condiciones de riesgo.
Sin embargo, esta oposición carece de capacidad operativa dentro del país, lo que desplaza parte de su actividad al exterior. En este sentido, la diáspora rusa y la emigración de perfiles cualificados adquieren una relevancia estratégica, tanto por su potencial de influencia futura como por su efecto debilitador sobre el propio régimen.
Un horizonte de transformación prolongado
El diagnóstico final es, en términos temporales, deliberadamente cauteloso. Incluso en un escenario de transición, la transformación de la cultura política rusa requeriría décadas. Khodorkovsky establece paralelismos con procesos históricos como la desnazificación alemana, subrayando que los cambios estructurales no son inmediatos, sino el resultado de procesos sostenidos en el tiempo.
En este contexto, el objetivo prioritario a corto plazo no sería tanto la democratización como la contención del conflicto. Evitar que la actual confrontación entre Rusia y Occidente derive en una escalada mayor aparece como una condición previa para cualquier escenario de transformación futura.
Una transición incierta
El debate, en última instancia, ofrece una conclusión sobria pero consistente: la Rusia post-Putin no se perfila como una ruptura clara, sino como un proceso largo, complejo y profundamente condicionado por inercias históricas. Más que el final de un liderazgo, lo que está en juego es la posibilidad —todavía incierta— de redefinir las bases mismas del sistema político ruso.
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