¿Cómo implantar la cultura de formación a lo largo de la vida en el sistema español de enseñanza superior?

Sebastián Royo, Mercedes Delgado, Ángel Cabrera y Elena Herrero-Beaumont

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Resumen

El 25 de noviembre de 2021, la Fundación Rafael del Pino organizó el diálogo “¿Cómo implantar la cultura de formación a lo largo de la vida en el sistema de enseñanza superior?”, que contó con la participación de Sebastián Royo, Provost de la Clark University; Mercedes Delgado, de la Copenhagen Business School y la MIT Innovation Initiative; y Ángel Cabrera, presidente del Georgia Institute of Technology.

Mercedes Delgado: Hay que definir los criterios que ayuden a definir qué es la formación continua.  El primero tiene que estar en relación con la demanda de trabajo futuro. La economía española, como la de otros países avanzados, se está transformando hacia una economía de servicios de alto contenido tecnológico. Tenemos que ser capaces de que los trabajadores tengan estas habilidades que se necesitan en esos servicios. También hay que tener en cuenta, como criterio, cambios estructurales, como la transición verde. Es una oportunidad, pero también requiere un nuevo tipo de habilidades. El tercer criterio es que no todas las ocupaciones necesitan la misma actualización. Hay algunas ocupaciones en las que el conocimiento está cambiando más rápido, como en biomedicina, y otras en las que no es tan urgente la actualización de esas cualificaciones. El último criterio es que las necesidades van a variar a nivel regional.

Sebastián Royo: En España no tenemos tanto un problema de inversión en educación en España. En porcentaje del PIB es comparable a la de los países de nuestro entorno. La cuestión es más el tipo de educación que ofrecemos. El tema que es super clave es el de la formación vocacional, la formación profesional. En España tenemos un déficit enorme, sigue desprestigiada, considerada por la sociedad como algo secundario, pero es fundamental para dar oportunidades a estudiantes que no tengan la capacidad o el interés de acceder a la educación superior y poder desarrollar carreras profesionales. Y no es solo poder acceder a la empleabilidad, sino también para reducir las desigualdades. En los países en los que ha tenido más éxito la formación profesional, como Suecia o Dinamarca, ha sido importante para reducir las desigualdades. Es un área en la que todavía hay un déficit grande y mucho margen de mejora.

Ángel Cabrera: La formación continua es vital para la salud de cualquier economía. Si elegimos cualquier lugar del mundo donde las empresas están haciendo grandes inversiones, donde hay creación de empresas vibrante, donde los inversores de capital riesgo están yendo a buscar oportunidades, el lugar que se haya identificado es un lugar de alta concentración de talento y con una universidad de investigación líder. No hay otra manera. En la economía en que vivimos, que depende de la productividad y de la innovación, el mayor elemento competitivo es cuánta gente preparada tiene y cuál es la dinámica de producción de ideas. Hemos creado una economía que requiere eso y resulta que las economías avanzadas de Europa con el envejecimiento de la población, e, incluso, la economía norteamericana donde, por primera vez en décadas, el número de estudiantes universitarios está decreciendo, justo en el momento en el que necesitamos más educación es cuando las economías líderes están teniendo más dificultades. Por tanto, o haces que la gente tenga acceso a la educación, o que la gente que ya está en la fuerza laboral continue invirtiendo en educación.

En Georgia Tech, una universidad tecnológica, de las mayores en investigación de Estados Unidos, lo primero que hicimos fue aceptar nuestra obligación. El modelo tradicional de universidad dice que se dedican a formar estudiantes de dieciocho años a los que se les da una carrera y ya está. Ese es el modelo tradicional, pero lo que ha hecho el Georgia Tech es decir que su papel va mucho más allá porque, en primer lugar, tiene la responsabilidad de ver que hay que gente que no está yendo a la universidad, como minorías étnicas, o mujeres que siguen sin ir a carreras técnicas, y, en segundo lugar, tiene que ver qué hacer con el profesional a lo largo de la carrera. Hace seis años hicieron un experimento creando un máster en informática para gente profesional a una fracción del coste del máster original y en formato online. Cuando se planteó esto, parecía que iba a ser el fin del mundo, ofertando el programa por 7.000 dólares, la cuarta parte de lo que costaría el máster tradicional. El resultado es que, ahora, este máster es el mayor del mundo. Después lanzamos otro en análisis de datos y otra en ciberseguridad y entre las tres suman 17.000 alumnos haciendo esos másteres, que son casi la mitad de todos los alumnos de la universidad y es la gran fuente de crecimiento en el número de estudiantes cuando éste está decreciendo en el estado de Georgia.

Mercedes Delgado: Una de las iniciativas que está siendo muy popular es educación online gratuita. Tenemos EdX, en la que están importantes universidades españolas, pero se necesita más presencia ahí. Son cursos muy buenos para la formación profesional global. Otra iniciativa es que necesitamos más colaboración entre la universidad y la industria. Por ejemplo, hay un programa concreto del Copenhaguen Business School que permite que los estudiantes que se graduaron hace años sigan formándose porque se los involucra en las tesis de los estudiantes, en los que son examinadores. Es una oportunidad para ellos de ver nuevos marcos, nuevas teorías, nuevas aplicaciones y el estudiante, la sociedad y la universidad se benefician de esa colaboración. Por último, en Dinamarca, en el Copenhaguen Business School, se pone mucho énfasis en los que denominan los valores nórdicos, en cómo enseñan empatía, sostenibilidad, entender la complejidad de los problemas de la sociedad y que forma parte esencial del currículum que están desarrollando.

Sebastián Royo: Lo más interesante en Estados Unidos son los programas basados en competencias, que son programas en líneas en los que los estudiantes, en vez de tener un sistema de créditos, tiene que demostrar que dominan las competencias que están estudiando. Los estudiantes se pueden incorporar a los programas en cualquier momento. Los programas están impartidos por especialistas, no necesitan tener profesores con doctorado, tienen la flexibilidad de que se pueden ir desarrollando conforme los estudiantes van demostrando competencias, van avanzando, y así obtienen titulaciones y certificaciones que permiten acceder a un puesto de trabajo. Tienen un coste muy reducido por la modalidad en que se enseña y tienen un gran éxito en cuanto al acceso. En el caso europeo, si nos fijamos en los criterios de empleabilidad y desigualdad, el modelo más conocido es el de Suecia, con un modelo de formación profesional integrado en las escuelas. Los estudiantes consiguen unas competencias genéricas que, luego, las empresas se encargan de formar y que, al mismo tiempo, da acceso a la educación superior. Este sistema es diferente del de Alemania, donde tienes un sistema de formación profesional en el que están integrados los sindicatos, los länder y las empresas, que tiene mucho éxito pero que está cerrado a la educación superior. Esos dos casos son los más paradigmáticos en la empleabilidad y la desigualdad. El caso danés es una mezcla de los dos.

Ángel Cabrera: La educación tiene varios objetivos que son igualmente importantes. La misión del Georgia Tech es formar líderes que avancen la tecnología y mejoren la condición humana. No podemos cumplir con esa misión si no producimos graduados que entiendan qué aspectos de la condición humana hay que mejorar, qué está pasando con la desigualdad económica o el cambio climático. No podemos desarrollar líderes si no tienen empatía, si no tienen capacidad de entender cuál es el impacto de las tecnologías en lo que pasa a su alrededor. Con lo cual, están orgullos de que los estudiantes tecnológicos también tienen que estudiar filosofía, ética. Por tanto, no hay disyuntiva entre ciencia y humanidades porque hay que hacer las dos cosas.

Sebastián Royo: La misión de Clark University es desafiar la convención y cambiar el mundo. No se puede cambiar el mundo si te centras solo en la tecnología. Una cosa que tenemos que aprender con lo que está pasando con la pandemia es que necesitamos mucha más humanidad y mucha más empatía. Tenemos la responsabilidad de formar íntegramente a nuestros estudiantes, no solamente en el terreno de las tecnologías sino, también, en el terreno de las humanidades. Hay otro planteamiento que está muy equivocado. La presión por la formación continua es el miedo a perder el trabajo, a quedarse obsoleto, a no poder conseguir cambiar de carrera, a no conseguir promocionar. Eso es planteamiento erróneo. Las personas que van a conseguir tener éxito en su carrera profesional son las personas más motivadas, que van a tener ganas de aprender y de crear conocimiento. Desde ese punto de vista, la formación integral del individuo, incluyendo el aspecto humanístico, es clave para ellos.

Mercedes Delgado: Los trabajos con buenos salarios que están creándose en Estados Unidos son trabajos con contenido tecnológico, que exigen habilidades como ingeniería o matemáticas. Por tanto, necesitamos ese tipo de cualificaciones. El problema es que, a menudo, estamos formando a la población, pero no la estamos utilizando de manera eficiente. Por ejemplo, en Estados Unidos se forma a muchas mujeres en ciencias y tecnología, pero no se las ve en patentes, en que se las esté utilizando para innovar y resolver problemas importantes a nivel nacional y global. Las competencias digitales son importantes porque las empresas se están transformado. Los trabajos del futuro van a tener un gran contenido digital, pero se necesitan tanto la ciencia como las humanidades. La idea de la formación continua es ver dónde la sociedad española tiene un desequilibrio, en este caso en las competencias digitales. Por tanto, está justificado el énfasis que se pone en las habilidades digitales.

Sebastián Royo: Un cambio profundo que se está produciendo en el mundo en el mundo empresarial es el cambio estratégico de lo que ha sido el enfoque en los accionistas hacia el enfoque en las comunidades. Las empresas que van a tener más éxito en el futuro serán las que se centren en sus comunidades, no solo en producir el máximo beneficio para los accionistas, sino en el impacto que tienen sus actividades en las comunidades en las que están operando. En las últimas décadas solo se han centrado en los accionistas. Una de las razones que explican por qué estamos en las sociedades tan polarizadas es el aumento de las desigualdades. Muchas empresas están realizando el impacto de esas decisiones y dándose cuenta de que es insostenible.

Ángel Cabrera: Hay un mundo antes del COVID y otro después. En Estados Unidos hay mucha gente que está desapareciendo del mercado laboral. No quieren trabajar, están yéndose a casa, y está bajando el porcentaje de personas que se consideran activas. Ahora las empresas están dándole vueltas a cómo convencen a la gente para que siga trabajando. Todo el mundo tiene ese problema. Con lo cual, aquellos deseos que teníamos antes del COVID de hacer la fuerza laboral mucho más incluyente e inclusiva, que las empresas se tomen en serio el dar una oportunidad, se están convirtiendo en una necesidad. Si no se crean entornos que sean enriquecedores para las personas, abiertos a personas de distintos perfiles culturales y económicos, de distintos orígenes, incluso de edad, no vas a conseguir tener los recursos humanos que necesitas. Por tanto, a pesar del daño que ha causado la pandemia, en algunos ámbitos va a producir cambios para mejorar.

Sebastián Royo: Uno de los elementos clave en el proceso de aprendizaje de los estudiantes es el cómo aprenden. Esta es una generación que aprende haciendo. Es fundamental que los estudiantes tengan la oportunidad de hacer prácticas. El desarrollo de acuerdo con las empresas que les permita hacer esas prácticas es clave tanto para su educación como para sus perspectivas profesionales. En el caso español, uno de los grandes lastres es la temporalidad. Con una de las tasas de temporalidad más altas del mundo, ¿cómo se puede pretender que las empresas inviertan en los trabajadores? Esta es una de las grandes lacras de la productividad, de la innovación y de la competitividad de las empresas españolas.

Mercedes Delgado: Es fundamental que haya un apoyo de la empresa y del gobierno porque el trabajador tiene poco tiempo, está ocupado con el día a día de la empresa. Si va a dedicar cierto tiempo a la formación, necesita tener libre parte del tiempo que dedica día a día a las actividades profesionales. Por eso es fundamental que la empresa que reconoce que le va a beneficiar tener un trabajador con cualificaciones renovadas le apoye. Una manera de apoyar puede ser pagarle educación ejecutiva. En la demanda de cursos de ejecutivos se demanda cada vez más cursos de habilidades de emprendimiento. El ejecutivo quiere saber cómo poder invertir y gestionar nuevas empresas, cómo colaborar nuevas empresas. Un programa que he desarrollado, diseñado y en el que enseño es un laboratorio de emprendimiento en el que el ejecutivo colabora y hace equipo con startups del ecosistema regional. Hay mucho aprendizaje, colaboración, se ayudan y se crea una red. Pero eso requiere el apoyo de la empresa y el gobierno.

Ángel Cabrera: Hay un ejemplo interesante que es Starbucks, que llegó a un acuerdo con una universidad en Arizona para ofrecer de forma gratuita a los empleados hacer la carrera online en esta universidad. Pero, a diferencia de la formación típica en la que la empresa paga el aprendizaje que le interesa, en este caso paga la carrera que el empleado quiera, aunque no le ayude para nada en su puesto. Lo hace como mecanismo de atracción y retención de talento. Con este mecanismo, Starbucks se garantiza que esta persona va a seguir en los próximos cuatro o cinco años. Esta inversión en educación en esta persona va a ser positiva si la persona al final se queda.

Sebastián Royo: Para muchas de las personas, el tema de continuar formándose viene por el temor a perder el empleo, pero ese es un planteamiento completamente equivocado. Las personas que van a tener más éxito son las que tengan pasión por el aprendizaje. Lo que hace que la persona tenga pasión por aprender es la curiosidad, la imaginación, la creatividad, la capacidad y el deseo de asumir riesgos. El problema es que no estamos primando eso en el sistema educativo. Tenemos que revertir esa tendencia a tratar que las personas encuadren en las instituciones para fomentar esas actitudes que van a fomentar esa pasión por el aprendizaje. En eso no estamos haciendo un buen trabajo.

Mercedes Delgado: Una manera de promover la creatividad, la curiosidad, la pasión, es la movilidad. Cuando uno se mueve, va a otra región y entra en otro contexto, desarrolla estas habilidades de liderazgo, creatividad, asunción de riesgos. La universidad tiene que mover a los jóvenes, que vayan a otras universidades, que aprendan de otros contextos.

Sebastián Royo: No podemos olvidar a todo este segmento de la población que no tiene acceso a la formación, que se sienten marginados y los estamos dejando atrás. El tema de la desigualdad es uno de los grandes retos para el futuro. Tenemos que hacer un análisis muy profundo de lo que vamos a hacer con este sector de la población para asegurarnos de que no solo se integran en el mercado de trabajo y que tienen perspectivas profesionales porque va a ser clave para el éxito de nuestras empresas y de nuestras economías. El enfoque de la educación superior está un poco equivocado. Es una de las soluciones, pero no la única.

Ángel Cabrera: Uno de los secretos del éxito de la universidad norteamericana, a pesar de los problemas como el del acceso, es la diversidad institucional. Hay grandes instituciones públicas de investigación de élite, hay universidades públicas de formación, hay universidades privadas de todo tipo. Las reglas de juego han sido más abiertas, más dinámicas, con mucha más libertad para que las universidades encuentren sus propias soluciones, lo que las ha hecho mucho más competitivas, tanto a las públicas como a las privadas. En Europa continental, el énfasis ha sido la universidad pública, con muchas normas e hiper regulada, con lo cual es mucho más difícil hacer cosas diferentes. Intentar abrir las reglas del juego, con un panorama mucho más rico de distintos modelos, sería beneficioso.

Mercedes Delgado: No hay conflicto entre universidad privada y pública. Ambas son una parte fundamental de los ecosistemas regionales. Cada universidad tiene su identidad, su especialización, porque no todas son buenas en todo. Eso da oportunidades para colaborar, porque no todo tiene que ser competencia. Eso da una idea de especialización, de complementariedad.

Sebastián Royo: La riqueza viene de la diversidad. En Estados Unidos, el éxito del país va a venir de unas instituciones a las que no se presta atención, que son los community college, que son instituciones clave para dar acceso a los sectores marginados. Pueden ser la puerta de acceso a una educación que les puede abrir las perspectivas profesionales, e incluso ser una puerta de acceso a las universidades con titulaciones de cuatro años. Diversidad, colaboración y competencia van a ser los tres temas claves que pueden determinar el éxito.

Ángel Cabrera: En Atlanta, donde está el Georgia Tech, hay un ecosistema muy interesante. Hay dos universidades de investigación. Una es privada, Emory University, que tiene una gran especialización en medicina, y Georgia Tech, que tiene una especialización mucho mayor en ingeniería. Colaboran mucho entre las dos e, incluso, tienen una biblioteca compartida, a pesar de que una es privada y la otra es pública. Otra cosa que han hecho es crear un departamento conjunto en ingeniería biomédica, que trae a los ingenieros de Georgia Tech y a la parte clínica y médica de Emory. Este programa ahora mismo es el número dos del país en los rankings. Pero en muchas otras cosas compiten a degüello. Al final, la ciudad se enriquece porque tiene instituciones diferentes. A dos kilómetros de Atlanta está la Georgia University, que es una universidad enorme, más dedicada a dar acceso a la gente. Esa combinación de universidades es la que hace que quieran ir a Atlanta Google, Microsoft, Cisco, etc. Esa es la magia de la combinación de entidades diferentes.

Mercedes Delgado: En el caso de España, la población envejece, lo que significa que la población joven es más reducida. Hay tenemos una oportunidad de educarla bien porque se pueden destinar más recursos. Eso va a tener efecto a largo plazo. Eso no es algo contra las familias, sino como una realidad que está pasando. Esa es la generación que va a afrontar problemas nuevos, como el cambio climático o las nuevas tecnologías. Dedicar recursos a esta generación puede tener un impacto muy positivo a largo plazo.

Adrián Cabrera: A las empresas no les importa si el talento viene de familias georgianas, si es un español que vino a hacer un doctorado o es un libanés. La razón por la que Microsoft invierte en Atlanta es porque cree que ahí hay una mina de talento. La clave es cómo consigues crear una alta concentración de talento en una ciudad. Cómo se hace es un tema político, moral. Si la natalidad es fuerte, hay un buen sistema de educación y se consigue ese talento, pues felicidades. Si no, ya puedes empezar a abrir las puertas a la inmigración, o buscar ofrecer más educación a los que ahora mismo no la están consiguiendo, o reeducar a los que se han quedado obsoletos. Los caminos son múltiples, pero el objetivo es uno: si no tienes una alta concentración de talento, olvídate de competir en la economía global.

Sebastián Royo: Totalmente de acuerdo. El otro aspecto al que no estamos prestando suficiente atención es que luego haya oportunidades, porque lo que nos estamos encontrando en nuestras sociedades es estudiantes que se gradúan en las universidades y que luego encuentran empleos para los que están sobre cualificados. Hay que generar los empleos para ese talento que estamos generando. En España muchas veces el problema no es de falta de cualificación, sino de falta de empleos para esas cualificaciones.

Ángel Cabrera: ¿Quién genera esas oportunidades? O grandes empresas, o nuevas empresas. ¿Cómo haces que una empresa abra el próximo centro de investigación en Madrid, en Barcelona, o en Valencia, en lugar de hacerlo en Zurich? La empresa lo va a hacer solo si tiene la convicción de que va a encontrar más talento en Valencia que en Zurich. ¿Cómo vas a crear una empresa de alto crecimiento, que, por definición, tiene que ser una empresa de innovación, si no tienes talento que esté a esa altura para dar el salto y crear la nueva tecnología? Tiene que haber factores de entorno que favorezca esto, pero si no hay talento, olvídate.

Recomendación al gobierno: más inversión, menos regulación.

Sebastián Royo: Encontrar un equilibrio mejor entre el acceso y la calidad. El tema de la inversión es clave, pero, sobre todo, inversión bien pensada. En España no es un problema de no gastar lo suficiente, sino de que no se están consiguiendo los resultados adecuados con las inversiones que hacemos en educación. El mercado laboral es un tema estructural clave para dar salida a las personas a las que usa.

Mercedes Delgado: Yo añadiría más inversión, pero también más utilización del capital humano que estamos formando, y una utilización inclusiva donde todos los grupos demográficos, sin importar la edad, el género y demás, tengan estas oportunidades si tienen el talento.

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