El big bang de las civilizaciones: las claves del progreso humano

Oded Galor

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Resumen

El 19 de julio de 2022, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “El big bang de las civilizaciones: las claves del progreso humano”, pronunciada por Oded Galor, catedrático de Economía de la Universidad de Brown, con motivo de la publicación de su libro “El viaje de la Humanidad”.

Según Galor, hay dos misterios fundamentales que hay que desentrañar. El primero es el misterio del crecimiento. ¿Cuáles son las raíces de esta transformación dramática en el nivel de vida que se ha dado en los últimos siglos, después de cientos de miles de años de estancamiento? Luego está el misterio de la desigualdad, cuál es su origen.

A lo largo de la historia, la vida era desagradable, brutal y breve. Se parecía mucho a la de otras especies, se centraban en sobrevivir y reproducirse y las condiciones de vida en todo el planeta eran muy parecidas en todos los lugares a lo largo del tiempo. El 25% de los neonatos no llegaba a cumplir un año y la mitad de ellos no llegaba a reproducirse. Numerosas mujeres fallecían durante el parto. Y la esperanza de vida oscilaba entre los 25 y los 40 años. Una crisis económica daba lugar a hambrunas y a la extinción.

En los últimos doscientos años vemos una mejora fantástica en el nivel de vida en todo el planeta. Los ingresos per cápita en el mundo crecen por un factor de catorce. La esperanza de vida se ha duplicado. Pero hay una gran divergencia en las condiciones de vida en el tiempo y en el espacio.

Para comprender esta metamorfosis, pensemos en los habitantes de Jerusalén en tiempos de Jesucristo y vamos a llevarlos al siglo XIX. Estas personas podrán ajustarse de forma instantánea al siglo XIX porque los conocimientos del pasado siguen siendo viables. Las mejoras tecnológicas son solo incrementales y van a permitir una adaptación instantánea. Los trabajos van a exigir conocimientos muy parecidos. Y, sobre todo, la esperanza de vida no ha variado. No hace falta un replanteamiento de la mentalidad del ser humano.

Si llevamos a estas personas al Jerusalén del siglo XXI, van a estar sorprendidas porque el conocimiento pasado está desfasado. La tecnología moderna va a parecer magia. Los trabajos exigen unos conocimientos incomprensibles. Y la esperanza de vida se ha duplicado y nos obliga a pensar en el futuro, tomar decisiones acerca de la educación, el ahorro, las inversiones, en un ciclo de vida completamente distinto al del pasado. Así es que en doscientos años ha pasado algo que no se había dado en la evolución del ser humano.

Estos niveles no han crecido de forma incremental a lo largo de la presencia del hombre en la Tierra. A lo largo del 99% de la historia del ser humano en el planeta no hay cambios en el nivel de vida. Lo que sí vemos es una mejora tecnológica, que es paulatina. Pero este progreso tecnológico no afecta al bienestar de la población, solo a su tamaño. La multiplicación de los ingresos per cápita por catorce que se da en el mundo refleja una transformación brusca cuando se llega al punto de inflexión.

Para conceptualizar este cambio, vamos a pensar en la evolución del ingreso per cápita en los dos mil últimos años. No hay prácticamente cambio hasta la llegada de la revolución industrial, que es cuando se dispara en los dos últimos siglos.

La renta per cápita se mantiene por las fuerzas malthusianas a lo largo del tiempo y luego se dispara como una flecha en los doscientos últimos años. Este despegue no se da a la vez en todo el mundo. Unas sociedades viven el despegue en el siglo XVIII y otras tardan más, lo que resulta en una tremenda divergencia entre los distintos países. Las sociedades que despegan primero multiplican su renta per cápita, y otras se quedan rezagadas, produciéndose una divergencia tremenda. Esto implica que gran parte de las desigualdades en el mundo tienen su origen hace dos siglos. Por eso, si queremos entender la desigualdad hoy, tenemos que investigar esas fuerzas que estaban presentes en el pasado.

La solución a estos misterios es muy importante. Exige identificar las fuerzas que permiten la transición del estancamiento al crecimiento, las que explican el origen de la divergencia y el papel que desempeñan algunas fuerzas históricas y prehistóricas en la evolución de distintas sociedades. La resolución de esos misterios es fundamental si queremos aliviar esas desigualdades. Tenemos que comprender mejor estas fuerzas que dan lugar a esta divergencia. Tenemos que comprender mejor el viaje de la humanidad, como avanza la humanidad a lo largo del tiempo.

Podemos dividir el proceso de desarrollo en tres etapas fundamentales. La primera es la que podemos llamar malthusiana, la segunda sería la post malthusiana y la tercera, la del crecimiento moderno. La primera se inicia hace trescientos mil años en África, cuando aparece un ser humano anatómicamente moderno. Se caracteriza por el estancamiento y el dinamismo. Ese dinamismo permite que el mundo avance y llegue a la etapa post malthusiana. En esta etapa, las fuerzas malthusianas impiden que la renta per cápita avance sin que haya un contra equilibrio poblacional. La transición demográfica que se da en Europa Occidental en 1870 libera este proceso del contra equilibrio de la población y permite al mundo avanzar y llegar a este régimen.

Si queremos entender la desigualdad en el mundo, tenemos que entender cuáles eran estas fuerzas de la época malthusiana. Hay un dualismo muy interesante, el estancamiento de niveles de vida y de la esperanza de vida, que va de la mano del dinamismo en el contexto de la tecnología, del crecimiento de la población y de la adaptación del ser humano. El progreso tecnológico, el crecimiento de la población y la adaptación son lentísimos. Pero en un periodo de trescientos mil años desde que surge el ser humano esto representa una variación tremenda. Es este dinamismo malthusiano el que, en última instancia, alumbra la transición del estancamiento al crecimiento.

Es crítico el comprender cómo son estas ruedas del cambio. Hay tres, el progreso tecnológico, la escala de la población y la adaptación humana. Cuando evoluciona la tecnología durante la época malthusiana, da lugar a un incremento temporal de renta per cápita, pero dura mucho porque la población crece, ya que nacen y sobreviven más niños. En consecuencia, la renta per cápita se reduce. Es decir, se produce un incremento temporal, pero al crecer la población, la renta per cápita vuelve a su nivel anterior.

Esto da lugar a predicciones potentes que pueden comprobarse. Esto implica que las sociedades tecnológicamente avanzadas, o las ricas en tierras, no eran más ricas. Sencillamente, contaban con una población más densa. Si estudiamos la relación entre productividad, o feracidad, la población y la densidad de la misma en la Edad Media, las sociedades más productivas tienen más población. Pero no hay relación entre la productividad y la renta per cápita. Esas sociedades tendrán más densidad de población, pero no serán más ricas. Lo mismo cabe decir del progreso tecnológico. El progreso tecnológico se transforma en más población, no en personas más ricas. Esto es crítico si queremos comprender la transición del estancamiento al crecimiento y, en segundo lugar, el misterio de la desigualdad.

El segundo elemento que también es muy importante es el impacto del progreso tecnológico sobre la adaptación humana, básicamente sobre la adaptación cultural. Esta presión malthusiana afecta al tamaño de la población, pero también a su composición, es decir, al tipo de rasgo que se está seleccionando, sea cultural o de individuos complementarios con el progreso tecnológico. Estos individuos generan mayores niveles de renta, pero en la época malthusiana esto se convierte en mayor éxito reproductivo. Esto, a su vez, da lugar a que estos rasgos prevalezcan cada vez más en la población. En la época malthusiana, se da la adaptación, incrementando la prevalencia de estos rasgos y dando lugar a la transición del estancamiento al crecimiento.

El tercer elemento tiene que ver con el origen del progreso tecnológico. Este progreso no es maná que cae del cielo, sino que se ve afectado por el tamaño de la población y su adaptación. Si el tamaño es mayor, habrá mayor número de innovadores con lo que la tecnología avanzará más rápidamente, habrá más demanda de innovación, los incentivos serán superiores, habrá una mayor diseminación del conocimiento, dará lugar a la división del trabajo que incrementará las actividades comerciales y, por tanto, se darán mayores desarrollos tecnológicos. El tamaño y la composición de la población humana inciden sobre el progreso tecnológico. El progreso tecnológico, a su vez, afectará al tamaño y a la composición de la población.

Esto es importante porque es un bucle positivo, que se retroalimenta de forma positiva. La población soporta mayor progreso tecnológico, que soporta mayor población que, a su vez, soporta mayor progreso tecnológico. Esto es una iteración que se refuerza y da lugar a la aceleración tecnológica a la escala que apreciamos en la revolución industrial.

Es tan importante porque cuando se da el progreso tecnológico, el capital humano se convierte en esencial para que el ser humano pueda hacer frente a este entorno tecnológico cambiante. Pero la gente es pobre, no puede hacer frente a la educación de sus hijos si no ahorran en otros gastos. El consumo es de subsistencia. Por tanto, tienen que ahorrar en número de hijos, lo que da lugar a una reducción de la fertilidad, la llamada transición demográfica. Este declive libera a la población del desequilibrio malthusiano, que desaparece, porque para invertir en capital humano hay que ahorrar en el número de hijos. Por tanto, el progreso tecnológico, la mejora del capital humano y el declive de la población dan lugar a un crecimiento económico sostenido.

La humanidad empieza en África hace trescientos mil años. El tamaño de la población es muy modesto. Pese a ello, hay una ventaja muy importante de los humanos, que es el cerebro, lo que permite que la tecnología avance. La frontera tecnológica se desplaza lenta pero continuamente. Estas ruedas del cambio se refuerzan la una a la otra. El tamaño de la población humana aumenta de forma drástica en estos trescientos mil años, con la revolución agrícola y la revolución industrial. El progreso tecnológico se acelera y pasamos de las herramientas de piedra a la máquina de vapor. De repente, el paisaje tecnológico cambia muy rápidamente y la gente empieza a invertir en la educación de sus hijos para que puedan adaptarse. Una vez que se produce este cambio, tiene lugar la transición demográfica y el mundo avanza hacia el crecimiento sostenible.

Hay que pensar en esta transición como la transición de líquido a gas al calentar el agua. Al encender el fuego, no se ve mucho cambio en la naturaleza del agua. Pero cuando alcanza los cien grados centígrados, vemos el proceso de evaporación y el cambio de fase líquida a la gaseosa. Lo mismo sucede en el transcurso de la historia humana. Las sociedades de la revolución neolítica son sociedades agrícolas. En este periodo, vemos que el progreso tecnológico avanza cada vez más rápidamente, pero no vemos ningún cambio en el bienestar de la población porque su crecimiento contrarresta el impacto del cambio tecnológico. Pero llega un momento en que el progreso tecnológico induce la inversión en capital humano, da lugar a la disminución de la fertilidad y la trampa malthusiana se rompe. El cambio de fase que vemos en este contexto se basa en la idea de que se produce un cambio cualitativo en la naturaleza del sistema y pasamos a la economía del mundo moderno.

Si pensamos en el agua y el proceso de evaporación, habremos notado que algunas moléculas se evaporan antes que otras. Como resultado de ello, hay una desigualdad entre las moléculas de agua: algunas están en fase gaseosa y otras en fase líquida. Lo mismo podemos decir de la economía mundial: algunas sociedades despegan antes y otras siguen en el equilibrio malthusiano y surge una brecha enorme que va creciendo. Esas moléculas que están pasando de líquido a gas antes tiene que ver con elementos aleatorios, pero, sobre todo, con la ubicación de las moléculas en la tetera. Lo mismo se puede decir de la historia humana. La evolución geográfica afecta cuando despegan las sociedades y la desigualdad que vemos en el mundo.

La desigualdad de hoy se originó, sobre todo, en el despegue diferencial, que se origina en fuerzas que empezaron a operar hace miles de años. Así es que, cuando pensamos en las desigualdades, es muy tentador pensar en diferencias entre países en capital humano, en educación, en uso del capital, en niveles tecnológicos. Pero esto no nos lleva a ninguna parte, sino a la pregunta de si esto es así, porqué algunas sociedades no han invertido en capital físico y humano y no adaptaron tecnologías avanzadas. Esto nos lleva a la cuestión importante de cuáles son esas barreras que impiden a algunas sociedades participar en ese proceso de acumulación tecnológica.

Esto nos lleva a factores enraizados muy atrás en el tiempo. Son características culturales, institucionales. Pero esas características distintas se basan en el desarrollo económico, en las fuerzas definitivas: las fuerzas geográficas y las características de las sociedades. Para tratar de entender esas desigualdades hoy voy hacia atrás y veo el colonialismo, las instituciones, la geografía, hasta llegar a la salida del ser humano de África y su impacto sobre la desigualdad humana.

Muchos proponen que las instituciones son fuerzas críticas en la desigualdad que vemos en diferentes lugares del mundo, donde surgen instituciones distintas en las diferentes sociedades. Algunas sociedades adoptan instituciones inclusivas que generan crecimiento; otras adoptan instituciones extractivas que lo frenan, lo que explicaría la desigualdad que hay hoy en el mundo. Ahora bien, de vez en cuando, las instituciones surgen de la nada, de forma aleatoria en alguna coyuntura crítica, pero las diferencias son muy pequeñas. La Peste Negra generó una escasez de mano de obra que dio lugar a un aumento de la demanda de trabajo. En consecuencia, el feudalismo va desapareciendo en Inglaterra, lo que hace que surjan los derechos de propiedad. Algunos autores sostienen que fue lo que dio lugar al surgimiento de la revolución industrial en Inglaterra. Otro ejemplo importante es la Revolución Gloriosa, o revolución de 1688, que da lugar al nacimiento de una monarquía constitucional en Inglaterra y al establecimiento de los derechos de propiedad y, una vez más, a los inicios de la revolución industrial. Podemos pensar en una historia contrafactual donde Guillermo de Orange fuese derrotado por Jacobo II. La revolución industrial no se produciría, hubiera habido una monarquía absoluta y la industrialización se hubiera producido en otra parte del mundo. La final, y más curiosa, es la división de la península de Corea a lo largo del paralelo 38, que nos lleva a una brecha enorme de renta per cápita entre Corea del Norte y del Sur. En Corea del Sur, la renta per cápita es 24 veces mayor que en el norte y la esperanza de vida es de once años más. Si consideramos una historia contrafactual, en el que el sur no sería el lugar de influencia del capitalismo, sino el norte. Entonces veríamos una inversión en este patrón. Pero, en general, el número de casos en que las instituciones surgen de forma aleatoria en coyunturas críticas es muy pequeño.

Las instituciones evolucionan gradualmente con el proceso de desarrollo y se adaptan al entorno tecnológico y geográfico. La revolución agrícola da lugar a una mayor densidad de población y a la formación de ciudades y estados. En consecuencia, genera una demanda de instituciones que pueda permitir la cooperación entre individuos, establecer los derechos de propiedad y permitir la implantación de bienes públicos.

La diversidad ecológica está asociada con más comercio y, al mismo tiempo, con la formación temprana del Estado y en consecuencia, con la demanda y oferta de institucione. Otro factor crítico es la idoneidad del suelo para grandes plantaciones. En algunas regiones, se pueden cultivar cosechas que son buenas para grandes propiedades. Esto genera una concentración del suelo, aumenta el poder de sus propietarios y permite la implantación de instituciones extractivas y la terrible institución de la esclavitud. Si pensamos en un entorno de enfermedades, con baja densidad de población, se retraso la creación de instituciones políticas centralizadas. Hasta cierto punto, una vez más la geografía está detrás de instituciones diferentes en el mundo. Si queremos entender las instituciones en el mundo, tendremos que comprender estas coyunturas críticas que dan lugar al desarrollo diferencial de las instituciones, pero también tendremos que buscar fuerzas más profundas y las características de la sociedad.

Esto nos lleva al factor cultural. Si pensamos en características culturales, vemos que surgen diferentes tipos. Algunas sociedades adoptan características que generan crecimiento, como el capital social, y otras adoptan aquellas que retrasan el crecimiento, como los vínculos culturales, como el caso del sur de Italia. Allí vemos la adopción de los círculos familiares, que son muy fuertes y evitan las transacciones fuera de la familia, lo que es perjudicial. En el norte de Italia, en cambio, vemos que emerge el capital social en forma de confianza generalizada y participación ciudadana.

Hay algunos ejemplos de mutaciones culturales aleatorias en la historia. Por ejemplo, la imposición de la alfabetización obligatoria en el judaísmo en el siglo I. Esto dio lugar a la persistencia de la predisposición hacia la educación. El decreto, inicialmente, no estaba relacionado con el bienestar económico, sino que estaba vinculado con la religión. Esta predisposición a la educación se mantuvo a lo largo del tiempo. Un segundo ejemplo es el énfasis en el ahorro y el espíritu empresarial en el mundo protestante. Para muchos, esto está asociado con el espíritu del capitalismo. Así que hay algunos casos que dan lugar a características culturales, pero son muy raras. En la mayoría de los casos, la cultura se adapta al entorno geográfico.

Si pensamos en este proceso, la cultura evolucionó y se adaptó al entorno. Cuando hubo un aumento en la educación, hubo un cambio gradual en la predisposición de la sociedad hacia ella. Los padres están más predispuestos a invertir en la calidad de sus hijos. Más que en la cantidad, prefieren más calidad, hijos más educados. La idoneidad del suelo para el arado llevó a la implantación del arado, pero como requiere fortaleza del cuerpo, dio lugar a la división de la mano de obra por género. O si pensamos en la volatilidad climática, afectó al grado de aversión a las pérdidas y, por tanto, al nivel de espíritu empresarial. Finalmente, si pensamos en el rendimiento de las cosechas, algunas sociedades las tienen muy productivas y otras no. Si tienes buenas cosechas, puedes participar en el proceso de plantar y cosechar. Esto da lugar a una conducta que se centra en el futuro. La gente lo planifica. Esto está asociado con una orientación más hacia el futuro.

¿Cuánta cosecha podemos extraer del suelo? En el sureste asiático, el suelo es de más calidad. En Europa también. Esto contribuyó bastante a una conducta que se centre en el futuro, a pensar en él, a planificar para el futuro, que es una característica muy importante del proceso de crecimiento porque de ello depende la adopción de la tecnología y las decisiones de educación y de inversión.

Las fuerzas culturales son importantes, pero están asociadas con estas fuerzas más profundas, que son geográficas y societales. Esto nos lleva a lo que llamamos la sombra de la geografía. Características geográficas como la calidad del suelo, el entorno de enfermedades y aislamiento y el impacto sobre el surgimiento de características culturales e institucionales que son importantes para el crecimiento económico. Las características geográficas tienen un impacto directo sobre el desarrollo económico. Un entorno de enfermedades afecta a la productividad de la mano de obra y a la acumulación de capital, y si estamos es un entorno de aislamiento, esto va a afectar al progreso tecnológico y al aislamiento. La larga sombra de la historia funciona a través del efecto de la geografía en las características institucionales y culturales.

La preocupación por las características culturales nos lleva a 12.000 años atrás, a la revolución agrícola, donde vemos la transición de las sociedades de tribus recolectoras y cazadoras a unas sociedades agrícolas más sedentarias. Esto está asociado al aumento de la producción de comida y al surgimiento de una clase que no produce alimentos. O sea, individuos que pueden dedicar su tiempo a crear conocimientos en forma de ciencia, tecnología y escritura. En el momento en que participamos ellas generamos nuevas tecnologías que dan lugar a un avance tecnológico que proporciona ventajas sobre otras sociedades. Jared Diamond indica que gran parte de la desigualdad actual se remonta a estas variaciones en las sociedades que pasan antes a la era neolítica, que tuvieron una ventaja tecnológica que todavía persiste. Las evidencias, sin embargo, son conflictivas, porque el paso a la revolución neolítica es muy importante para entender el desarrollo comparativo en la Edad Media, pero es totalmente irrelevante para entender el desarrollo comparativo hoy en día. La desigualdad hoy no se puede explicar con el inicio de la revolución neolítica.

Las sociedades que empezaron antes la revolución neolítica no son necesariamente las sociedades que hoy dominan el mundo. La revolución neolítica en Europa se produjo antes en el sur que en el norte, pero el norte domina al sur desde el punto de vista económico. Lo mismo sucede con China y las sociedades de Oriente Medio, que tampoco están dominando el mundo. Lo que sucedió es que, en el transcurso de la globalización, las sociedades que tenían una ventaja comparativa en la agricultura se quedaron bloqueadas en la agricultura. Y como esta actividad no tiene efectos secundarios o indirectos en otras cuestiones, las sociedades que no tenían que crear alimentos pudieron dedicarse a otras cosas y avanzar.

Esto nos lleva a África. Los seres humanos salen de allí hace entre sesenta y noventa mil años y empiezan a poblar el mundo. Esto afecta a la distribución de la población y de la diversidad en el mundo y tiene efecto en el desarrollo comparativo. Durante este éxodo, las poblaciones que emigraban llevaban consigo un subconjunto de la diversidad cultural que había en África, que puede ser cultural, fenotípica, lingüística y cultural.

La migración es secuencial. En consecuencia, cuanto más lejos se vayan de África, más bajo es el nivel de diversidad que van a tener estas poblaciones. Pensemos en la población en el este de África, que era más diversa. Esta población empieza a emigrar, pero no llevaban la enorme diversidad que existía entre la población africana porque era modesta de tamaño y la población que emigraba era pequeña, con lo que no era representativa de la población que había en África. La nueva población que surge en Oriente Medio, por tanto, es menos diversa que la que había en África. La gente vive allí durante muchos años y en un momento determinado vuelven a emigrar porque el territorio no puede aguantar tanta población. Emigran a Europa hace cuarenta y cinco mil años y, una vez más, llevan un subconjunto de la diversidad que existía en Oriente Medio. Algunos van al este y cruzan el estrecho de Bering hacia América hace cuarenta y cinco mil años y llegan a Sudamérica hace cuarenta mil años. Cuanto más lejos emigra, menos diversa es esa población.

La evidencia empírica muestra que, cuanto más nos alejamos de África, menos diversa es la población. Esto es así consideremos como consideremos la diversidad. ¿Por qué es importante? Es crítico para entender las desigualdades actuales. Estos eventos que se produjeron hace sesenta o noventa mil años siguen persistiendo. Esto es importante porque la diversidad tiene beneficios sobre la creatividad y las innovaciones, ya que está asociado con una fertilización cruzada de ideas y de complementariedades en el proceso de producción. Cuanto más diversa es una sociedad, más innovadora es.

Por otra parte, la diversidad está asociada a una falta de cohesión. Cuanto más diversa es una sociedad, menos cohesionada está. Esto da lugar a una falta de confianza, un desacuerdo sobre los bienes públicos deseables y, por tanto, más conflicto. Si hay unos efectos positivos y decrecientes, entonces esperaríamos una relación en forma de U invertida entre diversidad y prosperidad, que está asociado con la prosperidad. La evidencia, de hecho, es llamativa. En el 1500, las sociedades que eran óptimas en términos diversos eran China, Corea y Japón. Estas son sociedades que, normalmente, no asociamos con un nivel óptimo de diversidad. Pero este es un momento en el que el progreso tecnológico no es muy importante, de forma tal que los efectos de la cohesión son mucho más importantes que los afectos adversos posibles sobre la capacidad innovadora. A medida que avanzamos hacia el mundo moderno y el desarrollo tecnológico, la diversidad óptima se asocia con el nivel de diversidad en Estados Unidos. Pasa el tiempo y parece que las sociedades diversas tienen las de ganar, pero si pensamos en las sociedades que, en el futuro, van a ser cada vez más avanzadas en términos tecnológicos, esta fluidez cultural va a ser cada vez más importante y la diversidad va a ser esencial para hacer frente a estas tecnologías tan rápidamente cambiantes. En todos los países se observa esta relación.

Lo importante es que las ruedas del cambio van girando, pero no en el vacío. Se ven afectadas por las instituciones, la cultura y la geografía, pero también por la diversidad humana. Así es que las sociedades más diversas producen más progreso tecnológico que las otras. Este engranaje, estas ruedas, también avanzan más rápidamente. Las sociedades con mejores instituciones tienen más progreso tecnológico porque se protegen los derechos de propiedad intelectual. Son sociedades con más propensión a la educación, con menores índices de fertilidad y, por tanto, los cambios en la composición de la población dan lugar al progreso tecnológico. Esta maquinaria del cambio avanza a distinta velocidad en distintas partes del mundo. Así que, cuando llegamos a principios del siglo XIX, algunas sociedades están superando estos grandes cambios, este progreso tecnológico que permite el despegue de este estancamiento del crecimiento. Pero otras sociedades avanzan más lentamente. Por tanto, su transición se ve retrasada.

Si pensamos en cuáles son los orígenes del desarrollo comparativo, el 86% de las variaciones en las desigualdades de hoy se remontan a raíces históricas. Entre el 17% y el 26% tiene que ver con la dispersión del humano anatómicamente moderno de África. El tiempo desde las sociedades sedentarias y la revolución neolítica explica aproximadamente un 3%. Los factores geo climáticos, aproximadamente un 30%. El entorno de enfermedades, un 10%. Los factores culturales, aproximadamente un 20%. Y las instituciones, entre el 3% y el 9%.

Si ahora queremos mitigar la desigualdad en el mundo, tendremos que comprender mejor cuáles son estas fuerzas. El viaje de la humanidad nos permite comprender que la historia no es nuestro sino, y que, si comprendemos la historia, estaremos en mejor situación para diseñar un futuro mejor. Las políticas de instituciones inclusivas generadoras de crecimiento son importantísimas porque van a tener que ser específicas para un país, una historia, una geografía. Una política no vale para todos los países a la vez. Si queremos mitigar el coste de la diversidad y potenciar los beneficios, las ventajas de la diversidad, en las sociedades diversificadas la educación debe centrarse en promover la cohesión social y la tolerancia. Pero si hablamos de sociedades homogéneas, debe promover la capacidad de pensar de forma distinta, de generar pluralismo. En las sociedades agrícolas debemos dedicar más recursos a promover planteamientos de futuro. Cuando pensamos en políticas progresivas, tendemos a implementarlas porque pensamos que son valores buenos. Debemos asumir estas políticas por la eficiencia. Debemos hablar de la igualdad de género, que es crítico para el declive de la fertilidad; podemos hablar de tolerancia, que puede reducir los efectos de la diversidad, y puede ser el pluralismo, que va a dar lugar a un intercambio de ideas para que las sociedades aprovechen estas diversidades.

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