Europa y la libertad, el estado de la Unión

Joaquín Almunia, Luis Garicano, Antonio López-Istúriz y Mira Milosevich

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Resumen

El 3 de febrero de 2022 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el díalogo “España y la libertad. El estado de la unión”, que contó con la participación de Joaquín Almunia, ex ministro, ex vicepresidente de la Comisión Europea y ex comisario de Competencia; Luis Garicano, eurodiputado y vicepresidente de Renew Europe, y Antonio López-Istúriz, secretario general del Partido Popular Europeo y diputado en el Parlamento Europeo.

Joaquín Almunia: En el 94 todavía había quien le daba la razón al teórico del fin de la historia, que luego él se la quitó a sí mismo, sobre un futuro de paz, libertad y democracia. Por desgracia, esto no ha sido así. Es verdad que hay autócratas que ya lo eran en el 89, en la caída del muro de Berlín. Los chinos estaban ahí, aunque todavía no habían emergido tanto como ahora. Rusia podía evolucionar hacia la democracia, pero desde que Putin llegó al poder esa ilusión desapareció. Putin es un autócrata que nos supone riesgos ahora, en este momento, en particular en zonas de Europa que se acuerdan muy bien no solo de los riegos que suponen la Rusia de Putin o la Unión Soviética, sino también el imperio ruso durante siglos. Tenemos Turquía, un país que todavía sigue siendo formalmente candidato a entrar en la UE, pero que es una autocracia bajo Erdogan. En América Latina tenemos a Bolsonaro. Estamos rodeados por fuera de muchas versiones de las autocracias.

En Europa tenemos dos países, que entraron en la UE en 2004 cumpliendo todas las condiciones, los llamados Criterios de Copenhague, tanto económicas como políticas, de respeto a la democracia, a los derechos humanos, que hoy, por desgracia, no cumplen ni Polonia, ni Hungría. Hemos tenido, en nuestro socio principal en Occidente, a Trump, que ha sido un ejemplo de autócrata. Ha intentado quebrar el proceso electoral en Estados Unidos y puede volver.

Las democracias liberales europeas están en crisis, en parte por los populismos, por la moda del lenguaje de la no argumentación en el debate que introducen, de la polarización en el debate político, la mala calidad del debate político que fuerza a los demás líderes a seguir por esa zona del debate poco racional. Europa tiene recursos, voluntad y creencias en unos valores sólidos para superar esta crisis, pero la superaremos si nos ocupamos de ella. La crisis en la democracia de los países centrales de Europa tiene que ver con lo que siente la opinión pública, vote lo que vote, respecto de sus dirigentes. No sienten que su voz, que sus preocupaciones, que las soluciones a sus problemas se les van a dar y pierden confianza, bajan las cifras de participación electoral. Hay zonas de exclusión social importantes en Europa que, si no resolvemos los problemas derivados de la débil demografía europea, metiendo dentro de la cohesión social a los inmigrantes, vamos a tener problemas en los próximos años y, quizás en las próximas décadas.

También hay preocupación por la debilidad de la respuesta europea ante líderes a nivel global que niegan los valores básicos de la democracia, el liberalismo político, los derechos humanos y todo lo que hemos entendido que es nuestro modelo, que queremos exportarlo al resto del mundo. Pero, desgraciadamente, estamos en riesgo de importar, en algunos sectores, en algunos países, los valores negativos que creíamos que iban a desaparecer.

Luis Garicano: ¿Cuándo ha estado mejor Europa? En los 40 estábamos en guerra. En los 50 teníamos dictaduras. En los 60 también. En los 70, aparte de dictaduras en el este y en el sur, teníamos crisis económicas. En los 80, todavía dictaduras en el este. ¿Estamos en crisis? Mi gran descubrimiento en el Parlamento Europeo es la gran máquina de negociación que hay ahí, con 27 países. La realidad es que todos los días hay reuniones de grupo en las que se saca algo adelante, que se vota, por ejemplo, la ley de mercados digitales, la ley de servicios digitales, que van a cambiar completamente la regulación de las plataformas; el Fondo de Recuperación, que ha permitido que Europa se endeude para dar dinero a las regiones. Europa no se enfrenta con el tema interno a una amenaza existencial. Hungría y Polonia siempre están ahí, dando guerra, pero Polonia tiene frontera con Ucrania y tampoco se pueden andar siendo muy valientes sacando mucho pecho. Es decir, tienen que estar juntos con Europa. El año pasado, ante los desafíos de Hungría y Polonia, se aprobó un mecanismo de defensa del Estado de Derecho, que puede impedir que se pongan en marcha los desembolsos de fondos a países que no cumplan las normas básicas de la democracia. Europa tiene mecanismos para luchar contra estos dos problemas.

Cuando se mira al futuro lo que se ve es que Draghi acaba de ganar un año de tiempo y se ha visto que los partidos no se sienten fuertes para convocar elecciones. Macron, con un poquito de suerte, gana cuatro o cinco años. En Alemania tenemos la coalición de Scholz con los verdes y los liberales. Tenemos las tres potencias centrales con capacidad reformista, con gobiernos fuertes, que pueden hacer en la segunda mitad de este año cosas muy serias.

Monet decía que Europa se construye en las crisis, que tienes que estar siempre pedaleando para que no se caiga la bicicleta. Europa siempre está que parece que nos caemos, pero eso es lo que se necesita para dar un impulso hacia adelante, porque ningún país está dispuesto a hacerlo si puede evitarlo. Desde el punto de vista interno, es que hay más resiliencia de la que podemos pensar cuando leemos la prensa porque, al final, todos enfatizamos lo que no salen, pero la maquinaria sigue funcionando. Polonia y Hungría no son una amenaza fundamental.

Antonio López-Istúriz: La Unión Europea es una construcción increíble, sin parangón, que pone de acuerdo a países que, durante siglos, se estuvieron matando. Nos especializamos tanto en ello que, al final, exportamos la guerra al mundo entero. Después de la revolución industrial aparecieron en Europa los ismos, comunismos, nacionalismos, fascismos, respuestas a problemas que se habían creado tras la revolución industrial. La historia se repite, pero, en esta ocasión, lo podemos frenar, podemos evitar volver a tropezar con la misma piedra. Esta construcción europea, este Estado de Bienestar, no lo tienen en Estados Unidos. Tenemos que mantener un sistema complicado. Parece que vivimos en una burbuja y no valoramos lo que tenemos. Aquí hay gente a la que no le gusta la democracia, a la que no le gusta la libertad, tenemos aspiraciones autoritarias. Fuera tenemos una serie de regímenes totalitarios que nos rodean, aparte de Latinoamérica. Nos están rodeando y quieren acabar con nuestro sistema porque no quieren que sus poblaciones tengan un sistema democrático para su país. La mayoría de los rusos lo quieren, pero tienen a un dictador como Vladimir Putin, que ahora tiene sus cuotas de popularidad bajas y, como cualquier dictarorzuelo, decide empezar la aventura. Ha visto la oportunidad porque hay una falta de liderazgo en la Unión Europea. Pero ya saldrá, lo hemos hecho siempre. Es una labor de consenso, aburrida, lenta.

Estamos luchando por la supervivencia de nuestro sistema de valores y de libertad, seamos conscientes. En España no éramos conscientes. Lo de Ucrania viene desde 2008, lo de Georgia, lo de Moldavia. No éramos conscientes. Ahora, de repente, se introduce en el debate. Pues sepamos que formamos parte de un sistema que tenemos que salvar.

Luis Garicano: La respuesta europea a la crisis ha sido espectacular. No ha habido desempleo. Ha hecho tres cosas de importancia enorme. La primera fue el Banco Central Europeo, a pesar del titubeo inicial de Lagardere, que reconoció que los diferenciales europeos de deuda sí eran su problema y ofreció liquidez sin limites a todos los países para darles la capacidad de endeudarse sin que los tipos se muevan. El BCE ha comprado toda la deuda que ha emitido España. Ese es el gran rescate. Lo segundo es que, además, los estados van a pedir prestado y financiar los ERTEs y las ayudas directas a las empresas. Todos los ERTEs en toda Europa los ha pagado Europa. Los ERTEs es lo que ha impedido esa gran subida del desempleo. La tercera gran medida que tomó Europa es los fondos de recuperación para que los países endeudados pudieran invertir y salir de los agujeros. Para ello vamos a tener un paquete de eurobonos, con el que vamos a dar dinero a los países. Eso es un cambio gigantesco porque Europa dice que todos vamos a ayudarnos para recuperarnos de la crisis económica. En esto, Europa merece un diez porque ha tomado medidas espectaculares. Todos los países han tenido la misma política económica, todos han tenido ERTEs, todos han tenido ayudas directas, todos han financiado la recuperación con fondos europeos. Ahora se trata de que ese dinero de recuperación se gaste y se gaste bien.

Respecto a gastarlo bien, en el Gobierno de España hay una serie de discapacidades, una discontinuidad muy grande entre lo que se hace en Bruselas, que se hace muy bien a la hora de negociar cosas allí y sacarlas adelante, y la plasmación de ese dinero a la hora de sacarlo a la calle, de gastarlo. No se ha gastado nada, no hay convocatorias, no se ha contado con las autonomías. Ese dinero nos lo dan para hacer reformas, pero no tengo el convencimiento de que eso pueda pasar. Europa ha hecho su trabajo muy bien, ahora tienen que hacerlo los países.

Antonio López-Istúriz: Antes, los alemanes no querían saber nada de los eurobonos. Ahora, todo esto es fenomenal. ¿Qué es lo que ha hecho falta para todo esto? Una crisis. Ya tenía razón Jean Monet cuando dijo que la Unión Europea solo avanzará a golpe de crisis. De repente, nos volvemos todos muy solidarios. Cuando va bien, aquí nadie se acuerda. Cuando tengo el problema, espero solidaridad. La solidaridad vino con la pandemia. Michel Barnier, que ha sido comisario europeo, propuso hace unos años la creación de una agencia para el control de pandemias en Europa. Se presentó y en el Consejo hubo un voto en contra, el del Reino Unido, con lo que no hubo agencia de control de pandemias. Pero ahora, el palo que teníamos en las ruedas de Europa ya no está, así es que a ver si tomamos decisiones más rápido en esta cuestión. No obstante, la salida del Reino Unido es una mala noticia para todos, pero nos permite proceder de esa manera. Cuando empezó la pandemia, todos los gobiernos cerraron las fronteras y cada uno a lo suyo. Pero, de repente, se dan cuenta de que los supermercados están vacíos porque no tienen los camiones del sur con las verduras, la fruta. Entonces todos fueron corriendo a Bruselas a quejarse de lo que estaba ocurriendo y de que podía haber un desabastecimiento en la UE. Entonces Bruselas pone los pasillos verdes y los camiones empezaron a circular, llegando, incluso, hasta el Reino Unido, que se benefició de esta medida. Son ejemplos del día a día de que, el trabajo en común, al final, nos hace salir adelante. Fuera de esto, España duraría cinco minutos en este complejo mundo; Alemania, doce. Unidos, tenemos una oportunidad. La Unión Europea es uno de los socios estratégicos fundamentales. Estamos de lado porque todavía tenemos que decidir una mayor coordinación en política exterior, de defensa. En la mentalidad española, la solidaridad solo se refleja en el tema de fondos. Lo que tenemos que hacer es una reflexión y pasar a un plano en el cual España asuma realmente su concepto de liderazgo dentro de la Unión Europea. Hay que aspirar a estar en la toma de decisiones, de la cual estamos sistemáticamente apartados.

Joaquín Almunia: Europa tiene problemas, como todo el mundo, y no debemos solo mirar a nuestras virtudes. Hay que ver como los resolvemos para tener un futuro mejor. Alrededor de Europa tenemos problemas que no podemos ignorar. ¿Cómo ha reaccionado la Unión
Europea a la crisis? Estoy de acuerdo con Luis, pero se ha olvidado de las vacunas. Si la Unión Europea no llega a coordinar la compra de vacunas y a ponernos a todos de acuerdo, seguiríamos todavía en lo más duro de la pandemia. Los fondos son estupendos y los eurobonos para financiarlos son fantásticos. Quiero que se repitan de cara al presupuesto de 2026 para los años siguientes, financiándolo todos en común y atendiendo a necesidades que están ahí, como el cambio climático, la digitalización, la cohesión social, etc.

España fue el primer país, junto con Portugal, en presentar el plan a la Comisión Europea. Y cuando uno va a la Comisión Europea y habla con gente de diversos países e ideas, no había nadie que dijera que el plan español fuera malo o mediocre. Dijeron que era fantástico. La presidenta de la Comisión Europea lo va diciendo. España fue el primero en recibir dinero porque fue el primero en cumplir las cincuenta y dos condiciones que había que cumplir. El dinero ha llegado ahora, en enero, aunque se aprobó en diciembre. Los planes tractores, que tienen que arrastrar a muchas partes del tejido productivo español, están todos aprobados y se están empezando a ejecutar. La mitad de los recursos del plan de recuperación van a ir directamente a las comunidades autónomas y una parte a los municipios.

Luis Garicano: El dinero llegó en agosto, no en enero. Nuestro trabajo es exigir que las cosas se hagan bien.

Antonio López-Istúriz: Los desafíos existenciales para Europa no son Rusia y China. Son el Partido Comunista de China y Vladimir Putin, que es muy distinto. Se puede entender que los países europeos quieran tener un comercio con China, pero luego están los empresarios que vienen a contar cómo les han robado el know-how, porque el Partido Comunista Chino les daba tres años y luego fuera y les robaban el know-how. Qué China cumpla las mismas reglas. Hay un factor fundamental este verano que ha pasado desapercibido, la caída de Kabul en manos de los talibanes. ¿Qué tiene que ver esto? Los chinos y los rusos consideran este asunto como la segunda caída del muro de Berlín porque ven claramente el retroceso de Occidente y la oportunidad. Además, en el juego de ajedrez, Putin ve ese liderazgo claramente ausente en Francia, en Alemania, en Estados Unidos ha pasado todo lo que ha pasado. Lo han estudiado y ahora aprovechan la oportunidad. La Guerra Fría no ha acabado, estamos en otro episodio. En la caída del muro de Berlín vivimos la gran ilusión de que todo el mundo iba a ser demócrata y tras la caída de las Torres Gemelas hemos ido retrocediendo. Rusia es el régimen de Putin apoyado por oligarcas y en China hay lo que hay. Mi aspiración es que no sea el Partido Comunista de China el que dicte el futuro con su plan de tener todo dominado.

Joaquín Almunia: Rusia y China son dos tipos de autocracias y de amenazas para los europeos diferentes. Rusia lo tenemos al borde de nuestras fronteras exteriores, con países de la Unión Europea que eran parte de la Unión Soviética y otros de aquel mercado común que había organizado la Unión Soviética, el Comecom. Una idea fija de Putin desde hace años es que él tiene que recomponer las zonas de influencia del imperio de los zares. Él se remonta a la Edad Media para decir que Ucrania es el corazón de Rusia y, por tanto, qué tenemos que decir los europeos occidentales de que el quiera no solo asociarse con Ucrania, sino mandar porque ahí siempre ha mandado Rusia. Eso, en un país que es la segunda potencia nuclear del mundo, es una relación complicada. Putin tiene una habilidad que es que le encanta dividir a los europeos. ¿Cómo evitar eso los europeos? Integrándonos más en nuestra política exterior y de seguridad. Esa es una resistencia extraordinariamente fuerte para la defensa de la idea de soberanía nacional en la que han crecido los estado-nación, que todavía cuenta. ¿Cómo nos unimos para evitar que Putin nos divida y amenace a los países que estaban en su zona de influencia? China es otra dimensión. Es la segunda superpotencia económica mundial, quiere serlo también desde el punto de vista militar en las zonas de influencia suyas. Para nosotros, la amenaza china es económico, no solo porque se hayan quedado con la propiedad intelectual de las patentes europeas. Pero si miramos hoy las inversiones europeas en China y las chinas en Europa, todavía les ganamos por una diferencia muy grande. Por lo tanto, tenemos tiempo de no dejarnos avasallar. Tenemos unas relaciones importantes, con tensiones, pero no podemos ser solo un interlocutor económico. Tenemos que serlo también político, estratégico, en cuestiones de seguridad. Cada vez que alguien en la Unión Europea se atreva, como hizo el primer ministro de Lituania hace poco, a cuestionar algo que los chinos consideran altamente sensible para su seguridad, como es el caso de Taiwán, a Lituania la están crujiendo a sanciones y a bloqueos. Se acaba de aprobar un instrumento anti coerción que los europeos tenemos que utilizar como propio, independientemente de si el país o la empresa que está sufriendo la coerción está en el norte, en el sur, en el este o en el oeste. Esa dimensión va más retrasada que otras muchas. Ahí tenemos que dar un paso adelante muy serio los europeos y darnos cuenta que, en el siglo XXI, compartir soberanía es una obligación porque es el interés de todos.

Luis Garicano: Está esta idea macroniana de autonomía estrategia y lo que vemos con el tema de Rusia es que, de autonomía estratégica, nada. Alemania está aterrorizada con la posibilidad de que le corten el gas y tenga un problema energético grave. Con esos titubeos, está casi invitando. ¿Qué falta? Uno, esa política común de defensa que no tenemos. Dos, energía. Es evidente que Europa tiene una dependencia energética brutal. España no tiene autonomía estratégica mientras Marruecos o Argelia nos puedan cortar el flujo de gas de un día para otro. Con Alemania dependiendo del gas ruso sucede tres cuartos de lo mismo. Hay que ir hacia una transición renovable y verde lo más rápidamente posible que nos va a eliminar la dependencia de los combustibles fósiles, pero también tenemos que preservar la energía nuclear. Por último, la tecnología de la información. Si se cogen las cien empresas más grandes del mundo, quince o veinte son plataformas. Es más, de las treinta primeras, quince o veinte son plataformas. Facebook, Apple, Microsoft, Baidu, Tensent. De todas esas, no hay ninguna europea. En el mundo de los datos no hay empresas europeas ahora mismo. No tenemos capacidad tecnológica para avanzar en inteligencia artificial. Si China mañana invadiera Taiwán, el 80% de los semiconductores mundiales estaría en manos de China y eso podría parar la industria mundial. Ahí hay un esfuerzo que hay que hacer. No tenemos ni empresas tecnológicas ni universidades de primera línea. Las universidades europeas potentes eran Oxford, Cambridge, London School of Economics, Imperial College of London. Se salió el Reino Unido y la primera universidad de la Unión Europea en el ranking en el top 50 es la Universidad de Delft. No tenemos universidad de primera línea, y no podemos ser líderes en energía, en tecnología, en innovación si no estamos ahí. Para plantear cara a Rusia y China tenemos que tener esa capacidad.

Joaquín Almunia: La democracia necesita que la cuidemos todos los días, en el siglo XXI con especiales razones. Pero no podemos hacerlo cada país por separado. Somos demasiado pequeños, incluso Alemania. Necesitamos más integración, pero no viene por sí sola. Hay que explicar a los ciudadanos por qué para que no rechacen esos pasos adelante. Esa tarea la tenemos todos fuera de Bruselas.

Luis Garicano: La causa del populismo en gran parte es económica. El gobierno tiene que resolver los problemas de la gente para que el gobierno tenga credibilidad. El gobierno europeo también tiene que resolver problemas. Hay un problema del que no estamos conscientes de lo que va a ser, que es la transición energética y, en particular, la transición industrial. Es un shock gigante que nos viene a la economía y no nos puede pasar como con China, que dejemos tirados a miles de trabajadores europeos.

Antonio López-Istúriz: Tenemos dos frentes: interno y externo. Hay que luchar por nuestra democracia dentro de nuestro sistema. Hay tentaciones autoritarias. Hay gente que parece ser que les gusta. Los demócratas tenemos que trabajar mucho y explicarlo. Hay que hacer que la gente entienda de dónde venimos, el momento espectacular que estamos viviendo y dónde podemos acabar. Eso se defiende internamente y externamente.

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