Las edades de la globalización

Jeffrey D. Sachs

Cerrar / Close

Transcripción / Transcription

Espere un momento por favor. La aplicación tardará en torno a 30-60 segundos en cargar la transcripción automática.

Please wait a moment. The application will take about 30-60 seconds to load the automatic transcription.

Resumen

El 16 de febrero de 2021, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia online con Jeffrey Sachs, catedrático de la Universidad de Columbia y director de su Centro para el Desarrollo Sostenible, titulada “Las edades de la globalización”, con motivo de la publicación de su libro del mismo título.

Sachs comentó que el ser humano siempre ha estado interactuando a escala global, desde que salió de África hace setenta mil años, durante el paleolítico y se dispersó por todo el mundo. El proceso culminó con el nacimiento de asentamientos permanentes en aldeas dispersas y con la revolución neolítica, gracias al descubrimiento de la agricultura hace, aproximadamente, once mil años. Al principio, solo una proporción muy pequeña de la humanidad se dedicó al cultivo permanente de los campos. Con el tiempo, más y más personas se asentaron para dedicarse a la agricultura, dejando atrás sus vidas como nómadas cazadores y recolectores. De esa forma, el Neolítico se convirtió en la era de la globalización por la agricultura.

La siguiente etapa de la globalización se inició en el 3000 antes de Cristo, con la domesticación del caballo. Este hecho permitió la realización de grandes viajes, mejoró el transporte, aportó la energía de origen animal a las labores agrarias, fortaleció la capacidad militar y permitió las comunicaciones rápidas, lo que a su vez generó la capacidad de gobernar grandes áreas bajo un solo poder unificado. Gracias a ello, nacieron los primeros imperios asiáticos y europeos. En América, en cambio, los caballos se extinguieron por lo que no tuvieron grandes animales para el transporte, para viajar grandes distancias y que permitieran el gobierno de grandes territorios. Solo tenían la llama, pero no se podía equiparar con el caballo. En este hecho se inició la divergencia entre el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo, que no empezó a cerrarse hasta la llegada de Colón a América, con los conquistadores que montaban caballos.

A la etapa ecuestre le siguió la era clásica, a partir del año 1000 antes de Cristo, que se extendió hasta el 1500 de nuestra era. Este periodo vio el nacimiento de civilizaciones tan dinámicas que sentaron las bases de nuestro mundo. La mayor parte de las religiones más importantes del mundo surgieron en esta época, lo mismo que la escritura o las grandes escuelas filosóficas de la antigüedad. Todo ello permitió la generación de nuevos conocimientos y la aparición y desarrollo de la ciencia. También facilitó la aparición de grandes imperios, como el de Alejandro Magno o el Imperio Romano.

A mediados del siglo XV el mundo entra en la era oceánica, la era de los grandes imperios globales. La invención de la brújula y el desarrollo de mejores técnicas de navegación permitió reunir de nuevo los dos mundos, Europa y América, gracias a los viajes de Colón, al mismo tiempo que los navegantes portugueses cruzaban por primera vez el cabo de Buena Esperanza para llegar a Asia circunvalando África. España se convirtió en un imperio global. Este periodo también vio el nacimiento del capitalismo global. Los ingleses crearon empresas globales, financiadas por acciones, aunque también fueron muy violentas porque se basaban en la trata de esclavos.

Con la invención de la máquina de vapor, a finales del siglo XVIII, se inicia la siguiente era, la de la revolución industrial. Es el invento que ha tenido más consecuencias, porque liberó a la sociedad de sus límites orgánicos. La revolución industrial multiplicó la energía, el trabajo y el poder militar. Con ella vino la sociedad industrial. Al mismo tiempo, Gran Bretaña se convirtió en el imperio del siglo XIX, conquistando, creando imperios por todas partes que los británicos gobernaron porque se habían convertido en la primera potencia industrial. Este hecho produjo la primera divergencia económica en la historia, ya que la diferencia entre los países ricos y los pobres pasó de uno a cinco a uno a cien a causa del poder industrial, marítimo, militar y armamentístico. Este hecho permitió la aparición, a finales del siglo XIX, de potencias imperiales similares en Europa y Japón. Estados Unidos también se convirtió en una potencia industrial después de la Guerra de Secesión, gracias al desarrollo del ferrocarril, la siderurgia y otras ramas industriales y de la invención del motor de combustión interna.

El lado oscuro de este fenómeno es la devastación de las guerras industriales, la Primera y la
Segunda Guerra Mundial, que acabaron con la dominación europea del resto del mundo. Esto abrió la posibilidad de una convergencia por parte de los países atrasados, como China, India o Latinoamérica, unos con más éxito que otros, porque ahora podían atraer inversiones y fomentar su desarrollo económico. Gracias a ello, China se ha convertido en el tercer hub económico del mundo, junto a Estados Unidos y Europa, los cuales no acaban de ver bien la emergencia de estos nuevos poderes económicos que desafían su hegemonía global.

Desde el año 2000 estamos en la era digital, la era de los ceros y unos, que está transformando todos los aspectos de nuestra vida, de la economía, porque las máquinas pueden transmitir, almacenar y manipular datos con una capacidad y una velocidad inimaginables para la mente humana. Esas capacidades, además, se desarrollan a una velocidad inusitada, se duplican cada dieciocho meses, de acuerdo con la ley de Moore. De hecho, un smartphone tiene más potencia de procesamiento que el conjunto de ordenadores que utilizó la Nasa en su primera misión a la luna.

El mundo se enfrenta ahora a tres grandes desafíos. El primero es la revolución tecnológica, que se acelera. El segundo es que este crecimiento está poniendo al límite las capacidades medioambientales del planeta, como muestra el cambio climático. Tenemos, de hecho, una catástrofe medioambiental. La parte positiva de todo ello es que el conocimiento ahora ya no tiene por qué en manos de una pequeña parte privilegiada del mundo, sino que se difunde ampliamente a lo largo y ancho del planeta, de forma que todo el mundo puede compartir la prosperidad que genera. Poder lograrlo es el tercer desafío.

La era digital puede ser una época de gran esperanza para acometer estos desafíos. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que las tecnologías pueden crear conflictos, adiciones, permitir el control de la sociedad, etc. Pero la globalización es una elección, puede ir a lo bueno o a lo malo. Por ello, es preciso compartir la responsabilidad y la prosperidad global, así como la solución a los problemas y políticas medioambientales. Podemos escapar de nuestra trampa habitual de autodestrucción.

Nuestros grandes problemas son globales y no podemos resolverlos de forma individual, sino que necesitan una solución a escala global. La única oportunidad es que Estados Unidos, la Unión Europea, China, India, Rusia, etc., se pongan de acuerdo porque necesitamos dirección global. También necesitamos procesos e instituciones multilaterales para hacer esto, como Naciones Unidas. Con ella inventamos algo bueno. Estas instituciones necesitan apoyo. No podemos resolver los problemas con ideas como America first.

Como seres humanos, entramos en el siglo XXI con emociones de la Edad de Piedra, instituciones de la Edad Media y tecnología del siglo XXI. ¿Cómo puede funcionar esto? Estamos en rumbo de colisión entre el avance tecnológico y la sociedad porque el cambio tecnológico está disrumpiendo la sociedad. Necesitamos ayudar a la sociedad a que entienda el papel de la tecnología, cómo funciona. Necesitamos tecnología y experiencia, pero también democracia, democratizar y humanizar las discusiones sobre tecnología. Necesitamos también entender que necesitamos cambios para, por ejemplo, descarbonizar la energía, lo que implica disrupciones y que haya gente que pueda perder su empleo. Por eso, tenemos que amortiguar el efecto de esas fuerzas, de las fuerzas de mercado para poder hacerlo. Necesitamos que la sociedad sea más segura en términos sociales, evitar ese sufrimiento que genera angustia, con las consecuencias que ello tiene. No debemos tolerar altos niveles de desigualdad, hay que hacer que los ricos paguen impuestos, tenemos que ser capaces de entender cuánta disrupción puede producirse y cómo afecta a la vida de la gente.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

The Rafael del Pino Foundation is not responsible for any comments, opinions or statements made by third parties. In this respect, the FRP is not obliged to monitor the views expressed by such third parties who participate in its activities and which are expressed as a result of their inalienable right to freedom of expression and under their own responsibility. The contents included in the summary of this conference, written for the Rafael del Pino Foundation by Professor Emilio J. González, are the result of the discussions that took place during the conference organised for this purpose at the Foundation and are the sole responsibility of its authors.

Expertos:

Compartir