Metrópolis. El futuro es ya presente

Ana Ariño, Diego Puga, Diego Soroa y Elena Herrero-Beaumont

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Resumen

El 4 de octubre de 2021, la Fundación Rafael del Pino organizó el diálogo “Metrópolis. El futuro ya es presente”, en el que participaron Ana Ariño, directora de estrategia corporativa de Acciona y exvicepresidenta de estrategia en la New York City Economic Development Corporation; Diego Puga, catedrático de Economía en CEMFI y miembro del Consejo Asesor de Asuntos Económicos del Gobierno de España; y Diego Soroa, cofundador y CEO de rise.works y cuantics.com.

Ana Ariño: En el contexto actual, las ciudades asumen cada vez más liderazgo cuando los retos son cada vez más complejos. Por ejemplo, el reto de la desigualdad, donde las ciudades son claros motores de crecimiento, o el de la sostenibilidad, en el que las ciudades son las responsables del 75% de las emisiones de CO2, fundamentalmente edificios y transportes. Las ciudades tienen que gestionar día a día y anticipar el futuro, moldeándolo. Las oportunidades son grandes, los retos muy complejos. Las ciudades asumen más liderazgo, pero no siempre con más presupuesto y flexibilidad de acción.

Diego Puga: El mundo es cada vez más urbano. Las ciudades son cada vez más importantes como motor de innovación y producción. Pero van cambiando a lo largo del tiempo y las exitosas son las que se reinventan una y otra vez. Entender este proceso de cambio, tanto a nivel individual como colectivo, es importante.

Diego Soroa: En este contexto es necesario incorporar perspectivas diversas, aprender de experiencias exitosas y asumir riesgos en estos tiempos de incertidumbre. En esto momentos de cambio exponencial, esta capacidad de crear imágenes de futuro es especialmente relevante para evitar futuros no deseables y aprovechas experiencias relevantes. Nos exige capacidad de prospección que no tenemos. Son especialmente relevantes a la luz de las tecnologías que afectan a nuestras realidades. Los vectores principales que determinaron el diseño de las ciudades están cambiando. Ahora tenemos coches que vuelan y ascensores horizontales, con lo que la combinación de posibles escenarios es enorme (coches autónomos, autonomía energética, …). Si no hacemos ese tipo de apuestas, nos vamos a quedar en la cola de las ciudades con las que estamos compitiendo.

Ana Ariño: Ed Koch, ex alcalde de Nueva York, dijo que Nueva York es donde viene el futuro a ensayar. Fuerza a reflexionar cómo va a ser el futuro y cómo queremos anticiparlo. Hay que tener esa visión para anticipar, no solo para reaccionar a lo que viene. Las ciudades pueden ser muy distintas, grandes, pequeñas, ricas, pobres, pero, en realidad, solo hay las que tienen proyecto de futuro y las que no lo tienen. Si no hay esa visión y esos proyectos, no se puede poner a funcionar de forma efectiva el motor de los ayuntamientos y de las ciudades.

Diego Puga: Las ciudades son entornos con gran variedad de individuos que conviven e interaccionan en espacios compactos. Esto tiene efectos positivos y negativos. Los efectos positivos serían, por ejemplo, la frecuencia y variedad de las interacciones cara a cara, facilitan la transmisión de información y la generación de nuevas ideas. También hay efectos negativos, desde la congestión del tráfico a la contaminación. La ciudad que queremos imaginar es la que promueve los beneficios de la densidad tratando de mitigar los inconvenientes. Hay características de las ciudades, a las que nos hemos acostumbrado, que nos pueden parecer inevitables y que, quizá, no lo son. En el pasado, hubo un tiempo en que las ciudades eran lugares de podredumbre y suciedad. A mediados del siglo XIX, la juventud en las ciudades tenía una esperanza de vida entre diez y doce años más baja que en las zonas rurales. De hecho, la esperanza de vida en las ciudades, tanto en Europa como en Estados Unidos, solo superó a la de las zonas rurales a partir de 1930. Hoy las ciudades ya no son sinónimo de enfermedad y, de cara al futuro, tampoco tienen por que ser sinónimo de atascos y de contaminación. La pandemia nos ha obligado a experimentar con medidas que nos hubiera costado más atrevernos a jugar con ellas. Por ejemplo, hemos permitido que las aceras le ganen espacio al asfalto, que los peatones le ganen espacio a los coches. Con esto, hemos visto que las ciudades se vuelven más agradables. Para que esto sea sostenible a medio y largo plazo hay que tener imaginación acerca de las características que queremos de las ciudades, pero también de cómo conseguirlo. Soy escéptico con la idea de la ciudad de los quince minutos, en los que se hace todo en el barrio y la ciudad se vuelve como un pueblo. Pero si esto sucede, la ciudad pierde su atractivo. Lo que permitió que surgieran las grandes metrópolis son tecnologías de transporte que permitían que el lugar donde residimos no sea necesariamente el lugar en el que trabajamos y consumimos.

Diego Soroa: La pandemia ha sido una oportunidad de experimentación simultánea a nivel mundial sobre nuevas formas, tecnologías y realidades. Una de las conclusiones claras es que se puede trabajar de forma remota. Este contexto de la pandemia nos ha obligado a crear imágenes nuevas de lo que podría ser nuestra rutina. Ahora estamos al principio de la curva de las tecnologías de la no movilidad, como la de las videoconferencias, que realmente hemos empezado a utilizar no hace más de dos años. Ahora las tenemos como la normalidad del día a día y todavía estamos al principio. Aun partimos de la percepción de que no hay nada que pueda sustituir al contacto físico, pero eso es una hipótesis que quizá haya que revisar dentro de unos años. Ahora nuestra experiencia física está limitada por nuestra experiencia sensorial, pero estamos viendo que todos los sentidos están siendo amplificados por la tecnología y podría ser que el estar juntos a distancia, a través de la tecnología, sea una experiencia más completa que el estar físicamente juntos. Si eso es así, las ventajas que le vemos a la proximidad habría que distribuirlas entre lo físico y lo tecnológico. La pandemia nos ha abierto la puerta a esa duda, a esa posibilidad.

Ana Ariño: Algunas de las tendencias y factores que atraían el talento y las personas a Nueva York no han desaparecido, siguen estando ahí. Ahora lo que estamos viendo es que los hoteles han cerrado temporalmente porque no hay tanta demanda, muchas personas siguen trabajando desde casa. La pregunta es si esas tendencias se van a mantener o van a revertirse. El porcentaje de trabajos en remoto que se anuncian en Estados Unidos se ha multiplicado por tres, ha pasado del 2% al 6%. Es un incremento muy grande, pero sigue siendo un porcentaje muy pequeño del total de puestos de trabajo que pueden hacerse cien por cien en remoto. Google y otras empresas están diciendo ahora que dos o tres días a la semana en la oficina. Esto es un cambio importante de lo que se venía haciendo, que puede tener un impacto importante en la distribución de donde deciden vivir las personas a nivel metropolitano, pero no tanto como para decidir irse a vivir a otro sitio. Esto abre las oportunidades a las ciudades de tamaño medio. La competencia a los Londres, Nueva York les ha aumentado.

Diego Puga: De momento, el teletrabajo va a estar presente en modo híbrido y, por tanto, no va a afectar tanto al equilibrio entre las grandes metrópolis y otros territorios. Quedarse teletrabajando en casa puede dar lugar a que parezca que cunde más el día. Pero, a medio plazo, el no ir al trabajo, el no interaccionar con los compañeros, colegas, clientes, proveedores hace que se pierdan todas esas interacciones no planeadas que son de las que surgen las mejores ideas, la innovación. Aunque a corto plazo puede que no caiga la productividad, o incluso que aumente, a medio plazo se resiente. Esto es así tanto a nivel individual como de empresa. Lo más habitual va a ser un modo híbrido, en el que se va dos o tres días a la oficina y dos o tres se trabaja en casa. Si esto es así, no cambia la decisión de si se quiere estar en una gran ciudad o en un sitio pequeño. Va a cambiar, más bien, el peso que se le da a estar cerca del trabajo. Para algunas personas será vivir en las afueras y estar en un sitio con más espacio, más cerca de la naturaleza, pero, para otra gente, a lo mejor será estar en lugares de ocio, en barrios muy céntricos con mucha vida. Esto va a cambiar más el equilibrio entre ciudades, donde las ciudades con más características atractivas van a ganar, y el equilibrio entre barrios de la misma ciudad, porque las personas van a decir que ya no necesitan estar tan cerca de la oficina. Posiblemente veamos un aumento de la demanda en barrios más de ocio.

Ana Ariño: Si ves lo que han hecho las grandes tecnológicas de Nueva York durante la pandemia confirma que la inversión en la oficina y en el trabajo presencial sigue siendo una parte central de su estrategia. La experiencia de Nueva York sugiere que si pones intencionalidad, dedicación y coordinación de los distintos agentes y recursos que conforman un ecosistema, en un ciclo de diez años o un poco más se puede pasar de ser una ciudad como era Nueva York en 2008-2009, donde una start-up tenía muy difícil conseguir financiación, mientras que ahora es el segundo mayor ecosistema de empresa tecnológicas del mundo. Nueva York apostó muy fuerte por la atracción de talento, por hacer de la ciudad un sitio con mucha calidad de vida y más amable para vivir. Hizo una serie de intervenciones urbanísticas para diferenciarse de otras ciudades, intentar reducir los costes de la vivienda, provisionar parques para los ciudadanos. Se apoyó mucho en sus fortalezas, en el tejido industrial que ya tenía, en los sectores en los que Nueva York era fuerte, para crear un sistema de innovación en torno a ello. Se apoyó en su carácter internacional, en que es una ciudad muy abierta a la inmigración, que es una ventaja que tiene sobre Silicon Valley. En España se podría hacer lo mismo. Madrid ya aparece en el top 6 de los ecosistemas de innovación emergentes. También aparecen Barcelona, Málaga, la zona de Bilbao. Ahora hay una oportunidad con los fondos europeos, con políticas públicas que parecen favorables, como la ley de startups. España tiene que apalancarse en sus fortalezas e intentar ser muy creativo en la atracción de talento, que es por lo que las ciudades compiten.

Diego Soroa: En España tenemos una oportunidad excepcional de atraer talento precisamente por la oportunidad de poder trabajar en remoto. La gente prefiere estar en un contexto que cultural y climatológico que es más amable. Ahí tenemos una baza muy fuerte por esa posibilidad de atraer trabajadores en remoto. Luego está la posibilidad de atraer inversiones atractivas o proyectos audaces. Ahí tenemos una oportunidad si podemos marcar la diferencia a nivel regulatorio y legislativo. Pero hay que ser pesimista cuando se busca la réplica de fórmulas de éxito en otros contextos, por ejemplo, el efecto Guggenheim que han querido replicar tantas ciudades. Ese éxito responde a una coyuntura y a una audacia, que es lo que habría que intentar copiar, esas apuestas de transformación. Las ciudades pueden posicionarse como marcas para competir en el panorama internacional y hay algunas que lo están haciendo sin complejos, con planteamientos audaces y radicales.

Diego Puga: España está en una situación muy buena en algunos elementos en los que se ha apoyado Nueva York, por ejemplo, un entorno muy agradable en donde vivir. Aquí tenemos un punto de partida muy bueno. Pero hay otros aspectos, como la atracción del talento, internacional, nacional y local, donde la situación es más complicada porque esto forma parte de un sistema de universidades excelentes, que Nueva York tiene, y también de la apertura a la inmigración. En España venimos de un contexto histórico en el que teníamos un déficit de formación universitaria que hemos cubierto, pero hemos diseñado un sistema para cubrir el déficit de cantidad, pero no para el de calidad que tenemos ahora mismo. Hay, incluso, una cierta reticencia a hablar de excelencia o de diferenciación entre universidades que hay en otros países. Hemos querido garantizar la igualdad de oportunidades promocionando la uniformidad, pero esto no permite promover la excelencia de las universidades. Es más efectivo un sistema en el que las universidades se diferencien, dando más recursos a quien alcance esa excelencia, y teniendo un sistema público de becas generoso que permita a los estudiantes estudiar en las mejores universidades con independencia de donde vengan. Hay cada vez más departamentos universitarios españoles que son excelentes a nivel internacional, pero lo son a pesar del sistema.

La pandemia ha afectado de forma desigual a distintos grupos de población. La condición socioeconómica afecta a la probabilidad de coger el virus, a la probabilidad de contagio, a la gravedad de la enfermedad si hay contagio. Más allá de estas desigualdades en salud, hay tres desigualdades que están ligadas a la parte económica de la crisis. Es una crisis distinta a las anteriores, provocada por la imposibilidad de producir y consumir por las restricciones de movilidad y de contacto. Estas restricciones afectan de manera muy distinta según el sector y la ocupación. Los trabajadores con menor nivel económico se concentran más en sectores y ocupaciones que se han visto más afectados por la pandemia. Para remediar esto, ha funcionado bien mantener los colegios abiertos en condiciones muy seguras. Esto ha sido muy importante porque tiene efectos muy desiguales. A aquellos estudiantes con padres con nivel económico mayor, con padres con más nivel de estudios, les ha ido mejor porque estaban los padres para echarles una mano con los deberes. Los que no han visto caer de manera dramática los resultados. En España, esto se ha mitigado manteniendo los colegios abiertos. Un segundo elemento muy importante han sido los ERTEs por fuerza mayor, que han permitido mantener las relaciones laborales activas para el momento en que la empresa saliera adelante. Esto ha funcionado muy bien, pero para trabajadores que tenían un contrato permanente. Los trabajadores que tenían contratos temporales, mayoritariamente jóvenes y mujeres, han visto como esos contratos no se renovaban. Al final, esta crisis acaba impactando más a los jóvenes y a aquellos que tienen unas condiciones laborales más precarias que a las generaciones más mayores o a quienes tienen un trabajo más estable.

Ana Ariño: La lucha contra la desigualdad es algo que Nueva York se puede permitir, sobre todo en una época de crecimiento sostenido sin precedentes durante más de diez años como el que ha tenido antes de la crisis. Se ha intentado hacer mucho al respecto porque las oportunidades están muy polarizadas y la desigualdad ha aumentado mucho. Se han hecho inversiones en educación, por ejemplo, guarderías gratis para niños de tres o cuatro años, se ha invertido mucho en vivienda asequible de propiedad privada en las que el gobierno subvenciona su construcción a cambio de que los promotores dediquen un porcentaje de viviendas asequibles a familias con ciertas dificultades de ingresos, no solo familias de rentas bajas sino también de rentas moderadas, como profesores, policías, etc. para que no tengan que dedicar el 30% o el 50% de sus ingresos a pagar el alquiler. En este sentido, hay un programa de vivienda asequible para crear o preservar trescientas mil unidades de viviendas. También se ha visto que los más afectados por el coronavirus son gente que vive en el Bronx y los menos son gente que vive en Manhattan, donde los contagios y los fallecimientos han sido menores que en el resto de Nueva York, a pesar de que es el condado más denso. ¿Por qué? Porque en el Bronx son trabajadores esenciales que cogían el transporte público, que no podían trabajar desde casa, que, a lo mejor, estaban más hacinados. En este sentido, la infraestructura pública también democratiza el espacio de la ciudad. Los nuevos parques que se han hecho se han vinculado al desarrollo de viviendas asequibles en las zonas colindantes. Los ayuntamientos tienen algunas herramientas para atacar la desigualdad, pero es muy importante hacerlo porque uno de los grandes retos y barreras para volver a los niveles de crecimiento que tenía Nueva York es la desigualdad. La apertura de una segunda sede de Amazon en Nueva York suscitó protestas, que paralizaron el proyecto, porque provocaría subidas de precios y que la gente tuviera que irse a vivir a otra parte. Por otro lado, si queremos escalar fórmulas y programas de educación que realmente generen alternativas a la universidad, o complementarias, que sean un camino para los menos privilegiados y para que tengan oportunidades necesitas trabajar con una empresa como Amazon, que vaya a contratar 40.000 personas, que permita planificar esas inversiones en educación, y con esa escala, que permita crear modelos que funcionen. Ha habido otro gran proyecto en Brooklyn que no ha conseguido la recalificación que buscaba y también se ha parado en este mismo contexto. Que grandes proyectos de este tipo se vean detenidos puede ser una gran barrera al crecimiento.

Diego Soroa: Hay nuevas desigualdades que se están generando por los nuevos modelos de negocio basados en las nuevas tecnologías, por ejemplo, las plataformas tecnológicas. En el pasado, las ciudades se enfrentaban al problema de la gentrificación, que es la sustitución de las personas que ya estaban ahí por otras de más poder adquisitivo. Ahora las plataformas ya no están trayendo solo gentrificación, sino también turistificación. Hay barrios en Barcelona o Madrid en los que los vecinos habituales han sido desplazados por turistas porque las plataformas han sacado estos espacios domésticos al alquiler para turistas. Los restaurantes también se están viendo afectados por este nuevo concepto de ‘tart kitchen’. La cuestión es en qué medida vamos a ser capaces de contrarrestar a tiempo esos desequilibrios y esas desigualdades crecientes. También son relevantes los esfuerzos que se están realizando en otros contextos en Estados Unidos de renta básica universal. Fuera de la politización de estos temas, se está estudiando la posibilidad de aplicar tasa a las fuerzas robotizadas, a la inteligencia artificial, a la economía del algoritmo, para intentar cubrir esas desigualdades.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

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