Propuestas liberales para la economía española

Luis Garicano y Daniel Lacalle

Audio en Castellano Audio en Castellano

Resumen

El 23 de abril de 2019 tuvo lugar en la Fundación Rafel del Pino el diálogo sobre “Propuestas liberales para la economía española”, que protagonizaron Luis Garicano, catedrático de economía y estrategia, director del centro para la economía digital en el IE Business School y vicepresidente de la Alianza Liberales-Demócrata Europea, y Daniel Lacalle, Economista jefe, gestor en Tressis y candidato al Congreso de los Diputados por el Partido Popular.

Para Daniel Lacalle, el liberalismo es querer que en nuestro país haya esa prosperidad para todos que resulta de la suma de la libertad individual, el respeto a la propiedad privada, el imperio de la ley y la economía de mercado.

Luis Garicano, por su parte, consideró que la libertad individual y de mercado son elementos clave, pero que también se requieren instituciones muy fuertes, un estado capaz de resolver los problemas que el mercado no puede solucionar, una política de competencia, un banco central potente y un estado social capaz de asegurar a los individuos frente a los choques económicos.

España es un país para el que esas ideas son extremadamente útiles, ya que la ortodoxia monetaria y fiscal nos beneficia. Es la estructura que necesitan nuestras empresas para poder competir.
Lacalle añadió que el liberalismo es la situación más social que existe para resolver los problemas complejos de la economía. Para ello, hay que evitar el mayor peligro de todos, que es el socialismo. La tentación de intervenir es enorme y detrae potencial de crecimiento.

El liberalismo, sigue Lacalle, es importante para España porque nuestro país necesita históricamente que se busque ese máximo común que generan los individuos, ese potencial que aprecia cualquier persona que viene del extranjero, puesto que problemas como el paro no son endémicos. Para conseguir alcanzar ese máximo común se necesita una fiscalidad no tan elevada, una regulación sensata y sencilla que facilite y mejore las cosas para todos y unidad de mercado, en España y en la UE. En el caso europeo esa unidad implica superar el concepto de campeones nacionales.

Garicano continuó esa línea y agregó que la planificación y las subvenciones no son una forma de avanzar, porque la riqueza la crea el mercado. Para facilitar ese proceso, en España se necesitan tres reformas clave. La primera se refiere al capital humano y la formación para el empleo. Hay problemas en la formación profesional y en la formación a los parados, en la educación primaria, secundaria y universitaria. En este último caso, denunció que las universidades no faciliten información sobre la empleabilidad de sus graduados para que, con ella, una persona pueda tomar la decisión adecuada acerca de qué estudios elegir.

La segunda reforma afectaría al mercado de trabajo, donde es necesario acabar con el exceso de temporalidad, la precariedad y la dualidad, lo que se conseguiría, en opinión de Garicano, con el contrato único. La tercera reforma es la de las instituciones, para que funcionen, y que incluya a las empresas públicas, empezando por el proceso de selección de sus directivos, que debería realizarse mediante concurso público.

Lacalle denunció que la educación actual está orientada a un mercado de trabajo que existía antes, pero no ahora. En este campo se vuelve a buscar el mínimo común, no el máximo. No existe colaboración empresa-universidades, ni empresa-formación profesional. Por ello, los jóvenes entran en el mercado de trabajo sin formación, mientras el mundo se mueve en otra dirección. Por eso, hay que dejar de penalizar la colaboración de las empresas con el sistema educativo. También hay que dejar de deificar la titulación como garantía de empleo fijo y de un salario. Hay que invertir más en I+D y orientar la educación más hacia la realidad del mundo.

Respecto a los reguladores, Lacalle señaló que tienen que ser auténticamente independientes, pero también hay que pensar en cómo queremos que sean para que no resulten más normativistas y burocráticos. Y hay que evitar también que los gobiernos utilicen el balance de las empresas para sus fines o para lo que les interesa.

Tenemos muchas reglas que no se cumplen, añadió Garicano, y, además, son muchísimas y diferentes en cada comunidad autónoma. Por ello, los reguladores independientes tienen que abogar por menos reglas y porque se cumplan las que haya. Eso mismo vale para los ingresos y los gastos del estado, en particular para los impuestos. Para recaudar más no hace falta subir los tipos. Por el contrario, hay que bajarlos, pero también hay que tapar los agujeros normativos para que la fiscalidad sea más eficiente. Si no lo hacemos, nos vamos a quedar sin estado del bienestar.

El problema, siguió Lacalle, es que, en Europa, a la hora de hablar de fiscalidad, se piensa en recaudar, no en aumentar la capacidad de recaudación fomentando la actividad de las empresas, etc. Con la fiscalidad, además, no se pueden hacer discriminaciones xenófobas, ni se puede actuar con proteccionismos encubiertos, porque el problema no son las empresas que han tenido éxito, sino que Europa no crea esas empresas. No hay que olvidar, al respecto, que Europa ha salido de la crisis gracias a la exportación. Si a los gigantes del mundo les pone impuestos en razón de su nacionalidad, Estados Unidos o China pueden responder con medidas similares. Además, Europa no va a ser un líder tecnológico si parte con medidas proteccionistas.

Luis Garicano compartió la opinión de que Europa lo ha hecho mal respecto a las empresas tecnológicas. La realidad es que, en inteligencia artificial, el sector estratégico del futuro, no hay ninguna empresa europea. Esa es una situación muy preocupante a medio y largo plazo en la que va a haber que hacer algo porque, si no, Europa no va a poder coger ese tren y va a tener que enfrentarse a problemas de dependencia de empresas de otros países con todo lo que eso conlleva.

Respecto al riego de japonización de Europa, esto es, de las consecuencias del envejecimiento demográfico, Garicano explicó que el envejecimiento implica una productividad muy baja, tipos de interés reales muy bajos porque no hay necesidad de inversión, muy poco crecimiento económico y muy poca innovación. En este sentido, España tiene la ventaja de que la economía y la productividad pueden mejorar mucho si se hacen reformas estructurales y, además, cuenta con el potencial de la inmigración procedente de América Latina.

Daniel Lacalle agregó que el problema es que carecemos de dos cosas que sí tiene Japón: disciplina férrea y un enorme volumen de ahorro en moneda extranjera. El problema fundamental es que se abandonen las reformas y se fíe todo a la política monetaria.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

Compartir