Retos futuros de la economía española

Juan Ramón Rallo, Rubén Manso y Carlos Cuesta

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Resumen / Summary (Spanish)

El 7 de mayo de 2018 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el Free Market Road Show 2019, cuyo tema central fue “Europa en la encrucijada”. En el acto, tuvo lugar la mesa redonda sobre el tema “Retos futuros de la economía española”, en la que intervinieron Juan Ramón Rallo, economista y socio fundador del Instituto Juan de Mariana, y Rubén Manso, fundador de Mansolivar y responsable del programa económico de Vox. Rallo explicó que el Partido Socialista tiene un modelo muy claro de hacia dónde quiere llevar a España, que es acercarla fiscalmente a Europa mediante la equiparación de los ingresos fiscales sobre PIB a la media europea. En estos momentos, la brecha recaudatoria es de siete puntos porcentuales de PIB, lo que equivale a 80.000 millones de euros. Esta cifra se repite mucho desde el PSOE y desde Podemos porque defienden un estado mucho más grande y redistributivo en el peor sentido de la palabra, esto es, de quitar a unos para dar a otros y, entre medias, crear redes clientelares y de dependencia hacia el poder estatal. La idea de fondo es que ese dinero salga de los ricos. Pero significa también que las clases medias tendría que pagar muchísimos más impuestos, entre 4.000 y 8.000 euros anuales adicionales por familia. No hay forma de recaudar lo que pretende el PSOE si no es mediante el saqueo a las clases medias. De hecho, la clase media española tributa menos que las europeas. Frente a ese modelo, hay que ir a otro diametralmente opuesto, en el que hay que bajar impuestos y desmantelar el estado. Se trata de devolver ámbitos de responsabilidad sobre sus vidas a los ciudadanos para que puedan gestionar su propio dinero, escoger que hacer con él en servicios que hoy monopoliza el estado. Además, cuando se piensa en equipararse a Europa, se piensa en países como Dinamarca, Suecia o Finlandia, que son países con renta per cápita más alta y sistemas de bienestar que, en muchos ámbitos, funcionan mejor que el nuestro, lo que puede resultar atractivo. Si en España aumentáramos la presión fiscal de manera sustancial, nuestro espejo no serían esos países, sino Italia, Grecia o Francia. Manso, por su parte, indicó que las ideas de los socialistas son la antítesis de lo que necesita España. En lo que estamos es en un juego en el que las clases medias deben creer que reciben más de lo que pagan. Un estado del bienestar del tamaño del que hemos alcanzado no se puede sostener sobre los ricos porque los ricos tienen una capacidad de movilidad tremenda. Por eso, los países socialdemócratas se han caracterizado por unos impuestos sobre el capital muy bajos y unos impuestos sobre el trabajo muy altos. Nuestro modelo fiscal es así. No hay socialdemócrata que no sepa que si hace tributar al capital se le irá, por lo que carga la tributación sobre el trabajo. Necesitamos reducir gastos e impuestos, necesitamos reducir el estado y traspasar esas responsabilidades a los individuos. No podemos creer que para dar a casi todo el mundo servicios sociales solo van a pagar unos pocos. ¿Qué mayor control hay que que no me cobren impuestos para un montón de servicios, incluyendo la educación y la sanidad, que podría sufragar yo y que como consumidor podría ejercer el control? La Constitución no dice que el estado deba ser el provisor de la educación y la sanidad, solo de asegurar que se provea. Educación y sanidad puede ser provista por empresas privadas. Los colegios privados son más baratos que los públicos. Y los sistemas de consorcio, como el seguro agrario, pueden servir de modelo para la sanidad. Rallo añadió que la pérdida de dinamismo de esos sectores deriva de que se priva de libertad de elección al usuario. Por tanto, los proveedores privados que deberían estar compitiendo y economizando sus recursos para ofrecer su servicio al menor coste posible, no lo hacen. No lo hacen ni siquiera los centros concertados porque no tienen margen, debido a la regulación existente, y porque como no es el consumidor el que tiene el cheque que lo da o lo retira, esa competencia, que reduciría costes y mejora calidades, no se da. Además, el hecho de que sea el estado el que provea esos servicios nos vuelve tremendamente dependientes del poder político. El estado le puede arruinar a uno la sanidad, la educación y la pensión y el individuo no puede hacer nada ante ello. Asimismo, el aseguramiento del estado debería ser subsidiario al que consiga el sector privado. La principal responsabilidad social que deberíamos tener todos es evitar que los demás se tengan que hacer cargo de uno mismo. Manso advirtió, en ese sentido, que ese principio de subsidiariedad se está aplicando a la inversa. El principio es que donde no llega la iniciativa privada, que entre la pública, pero se ha convertido en la inversa, esto es, en que la iniciativa privada haga lo que no cubre el estado. Es fundamental crear patrimonio, hay que poner en marcha reformas que permitan a las familias crear patrimonio y riqueza porque eso es lo que da independencia frente al poder político. Sin embargo, vemos que las tasas de ahorro son muy bajas, con lo que estamos despatrimonializando a las familias. Rallo añadió que a la pérdida de bienestar que generan los impuestos se añade una pérdida de eficiencia irrecuperable, que consiste en que, si a uno le quitan parte de lo que gana, esa persona va a esforzarse menos, va a trabajar menos. Entonces, se deja de generar valor, y eso se da en rentas del trabajo y en rentas empresariales. Uno podría tener impuestos altos si el resto del entorno regulatorio fuera favorable, pero España no se caracteriza por un entorno regulatorio favorable en nada y tiene uno de los Impuestos de Sociedades más altos de Europa. Si no corregimos eso, no atraeremos ni retendremos inversión y talento profesional. Manso agregó que una cosa contra la que más se ha luchado en España es contra la discriminación salarial, cuando es lo que más beneficia a los pobres. Cuando se critica que alguien gane tres o cuatro mil euros, no se pregunta cuánto ha costado llegar a esa posición, de tal manera que en España estamos en unas diferencias salariales tan pequeñas que eso ha generado el movimiento hacia el autónomo. Mucha gente se hace autónoma porque se ha creado una cultura en la que está mal visto que haya gente que gane 70.000 euros, en la que Hacienda lo castiga. Con las comunicaciones que tenemos, vamos a terminar echando a esa gente de España. Lo que estamos creando es mucho trabajo de escasa productividad. Por tanto, las medidas fiscales que está preparando el gobierno nos harán perder capital humano. Los flujos migratorios que se dan en España lo demuestran. En España entra muchísima población de muy escasa cualificación porque no hay incentivos para los que tienen alta cualificación. En vez de impuestos bajos, preferimos echar a esa gente cualificada. Rallo siguió por esa línea diciendo que el que deja de generar valor internamente, no solo lo deja de generar para sí o para el consumidor. Para montar muchas industrias necesitamos de complementariedades, así es que, si no viene talento, no se podrá complementar con otro talento interno, que también se tendrá que ir fuera. No se generarán esos hubs interconectados con gente interna. También se necesita personal no cualificado, que permite que el cualificado pueda rendir todos sus frutos. El problema es que estamos eximiendo de pagar impuestos a las rentas muy bajas, mientras cargamos cada vez más los impuestos en las rentas altas. Eso genera un conjunto de incentivos muy perversos de cara a las elecciones, lo que va a descapitalizar económicamente el país. Pero hay que olvidar que hay una parte de esos perceptores de grandes rentas que esas rentas son fruto del expolio y del parasitismo a los demás. Ese expolio y ese parasitismo no hay que combatirlo con impuestos altos, sino quitando privilegios que permiten ese parasitismo. En el tema de la Seguridad Social, siguió Rallo, estamos yendo cada vez más a un modelo asistencialista. El modelo que tenemos hoy es de tipo contributivo, esto es, tanto se cotiza, tanto se cobra como pensión para que haya una correspondencia entre lo que se cotiza y lo que se cobra. ¿Qué han hecho los gobiernos de la democracia, y qué van a seguir haciendo? Estrechar la diferencia entre la pensión mínima y la máxima y, por otro lado, avanzar en el destope de las cotizaciones sociales sin cargarse el tope de la pensión máxima. De esta forma, las cotizaciones sociales se convierten en un impuesto general más: se paga en función de la renta y se recibe lo que el estado quiera dar. Lo cual, en el caso de la Seguridad Social es trágico porque es un mecanismo previsional. Vamos a ese modelo asistencial. Lo hay en otros países europeos, pero no es negativo porque las pensiones mínimas son bajas y las cotizaciones sociales también. La diferencia va al ahorro personal como complemento de la pensión mínima. En España no se tienen esa parte del sistema y lo que se va a hacer es extender el sistema asistencialista a todo el mundo de manera indiscriminada. Según Manso, vamos a un sistema asistencialista, pero caro. Nos tratan como a niños, como adolescentes, asegurando la pensión, la educación, etc. mientras te quitan a través de impuestos. Lo que hay que cambiar es la pasión por la igualdad, que es muy equivocada. La desigualdad viene creciendo desde que el ser humano abandonó África, pero la desigualdad crea riqueza y la igualdad crea pobreza. Lo que nos tiene que empezar a preocupar no son los índices de desigualdad, sino cómo vive el que vive peor. Una desigualdad excesiva puede provocar algunos problemas de cohesión social, pero eso depende de cómo se eduque. Para Rallo, la desigualdad puede tener efectos positivos y negativos. Puede canalizar el talento hacia aquellas actividades que generan más valor. Pero también puede ser un síntoma de ciertas oligarquías establecidas y extractivas porque generan mucho resentimiento social justificado. Más importante incluso que la desigualdad es la movilidad social. Francia es más igualitario que España, pero también es más conflictivo porque la movilidad social ha caído mucho. En nuestra sociedad, por desgracia, hay muchas barreras gremialistas que privilegian a oligopolios, cárteles, profesionales protegidos frente a la competencia, etc., que lo que generan es falta de movilidad social y un resentimiento lógico. Manso explicó que ese tipo de élites extractivas lo genera la intervención pública y la regulación porque crea un tipo de capitalista o de empresario, cuyo negocio no depende de satisfacer al consumidor sino de satisfacer al estado. También es por una reserva del poder político en favor de una casta. Eso es con lo que hay que acabar.

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