Conferencia Magistral Jonathan Haidt

Conferencias magistrales

La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata

Inicio: 30-09-2019

Fin: 30-09-2019

Hora: 19:00

La Fundación Rafael del Pino, organizó el 30 de septiembre de 2019, la Conferencia Magistral «La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata» que impartió Jonathan Haidt.

Jonathan Haidt es Catedrático Thomas Cooley de Liderazgo Ético en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. Lincenciado por la Universidad de Yale en 1985 y Doctorado por la universidad de Pennsylvania en 1992. Haidt es un psicólogo social cuya investigación se centra en la moralidad – sus fundamentos emocionales, las variaciones culturales, y curso de desarrollo. Comenzó su carrera estudiando las emociones morales negativas, como el disgusto, la vergüenza y la venganza, pero luego pasó a las emociones morales positivas poco estudiadas, como la admiración, el temor y la elevación moral. Él es el co-desarrollador de Moral Foundations Theory, y del centro de investigación YourMorals.org . Utiliza su investigación para ayudar a las personas a entender y respetar los motivos morales de las personas con las que no están de acuerdo. En 2012 Fue nombrado como “uno de los 100 mejores pensadores globales” por la revista Foreign Policy y uno de los 65 “World Thinkers of 2013” de la revista Prospect. Es autor de más de 90 artículos académicos y de dos libros: The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom, y The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion. En NYU-Stern, está centrando su investigación sobre la psicología moral a la ética empresarial, preguntando cómo las empresas pueden estructurarse y funcionar de manera que sean resistentes a los fracasos éticos. Haidt también está trabajando en aumentar la diversidad de puntos de vista en la academia a través de Heterodox Academy, su nuevo proyecto colaborativo.

Resumen

El 30 de septiembre tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de Jonathan Haidt, Thomas Cooley Professor of Ethical Leadership en la New York University Stern School of Business, titulada “La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”. El profesor Haidt inició su intervención señalando que está pasando algo muy raro en el mundo, porque muchos países tienen problemas con sus sistemas políticos, con sus democracias. Es una época extraña, que da bastante miedo, pero también es fascinante, porque vivir en democracia es un desafío que todos tenemos que afrontar juntos. Nadie sabe realmente lo que está sucediendo, pero, para poder solucionarlo, debemos aprender unos de los otros. Los seres humanos hemos evolucionado para no ser seres tribales, pero no estamos diseñados para vivir en grandes sociedades. Estamos preparados para vivir en pequeñas sociedades, pero no para hacerlo en una de gran tamaño, a menos que se produzcan algunos ajustes que hagan posible la convivencia. Esa convivencia no siempre es fácil, sobre todo en las democracias. Los padres de la Constitución de Estados Unidos lo sabían. Conocían perfectamente que los intentos previos de democracia en distintos lugares del mundo habían sido verdaderos espectáculos de turbulencia y, por ello, su vida había sido muy breve. En consecuencia, entendían que la democracia era algo muy inestable y por ello querían que sus parámetros estuvieran bien definidos, por ejemplo, la separación de poderes. Si esos parámetros funcionan perfectamente, pensaban, la democracia estadounidense podría funcionar también durante muchos siglos. Los acontecimientos extraños se iniciaron en 2016 y sorprendieron a mucha gente a causa de su reflejo en las expresiones de la voluntad popular. Se ha producido un incremento de las divisiones políticas, no solo en Occidente. También se observa el advenimiento del populismo en Asia y en Latinoamérica. No sería extraño que, como consecuencia de ello, en los próximos veinte años asistamos a la desaparición de las democracias, al menos de algunas de ellas. ¿Quién ha podido cambiar esos parámetros fundamentales para que las democracias se hayan vuelto tan inestables? Solo un hombre: Mark Zuckerberg. No ha sido algo premeditado ni deliberado, pero es lo que ha sucedido. Las redes sociales han cambiado los parámetros fundamentales de la sociedad de una forma bastante perjudicial para la democracia. La política es diferente porque las redes sociales la han cambiado. La sociedad humana ahora es muy diferente de lo que lo era en 2007. Las redes sociales reúnen y concentran a las personas, pero eso solo significa que la gente tiene más conversaciones privadas. El problema es que la comunicación es una calle de dos sentidos. En este sentido, lo que sucede en los grupos de las redes sociales condiciona a las personas y provoca que les preocupe lo que piensen los demás de ellas. Esto afecta a la naturaleza de la comunicación y altera el ratio público/privado porque gana importancia lo primero. Las conversaciones, por tanto, ya no son honestas, ni auténticas. Por el contrario, ahora todo el mundo participa de actitudes de superioridad moral. Quien se comporta así considera que lo que dice es siempre la verdad y que, por eso, nadie puede estar en desacuerdo con esa persona. Las cosas, sin embargo, no han sido siempre así. Antes de 2009, las redes sociales eran de otra forma. Eran como agendas que permitían a la gente compartir cosas con sus amigos. Eso no alteraba ninguno de los parámetros de la sociedad. Pero, en 2009, Facebook inventó el botón de Like, con lo que ahora se puede cuantificar todo y optimizar lo que una persona ha hecho. Además, también se puede compartir todo en las redes. Los periódicos, que antaño eran fuente importante de información, han tenido que adaptarse al mundo de las redes sociales porque la gente ya no los lee. Pero eso implica que tienen que atraer lectores y, para conseguirlo, cargan bastante las tintas en sus titulares. Esto no es profesional, porque ya no se trata de informar, de contar la verdad tal cual es. Ahora de lo que se trata es de enganchar a la gente. Por ello, en 2013 los periodistas rompieron con internet. Todo esto explica por qué los parámetros han cambiado. Las redes sociales encajan perfectamente en las ranuras para sacar todo de nuestra vida privada. Quienes quieren destrozar la democracia, como Putin, lo aprovechan para sus fines. Y como, al final, todo gira en torno a las redes sociales, esto nos une. Las redes, por eso, son muy efectivas a la hora manipular a los grupos, de conseguir que se enfaden. La gente en Estados Unidos es muy vulnerable a la manipulación a través de las redes, como demuestran los estudios. Por eso los norteamericanos seguían la propaganda rusa y actuaban de acuerdo con los fines que perseguía. Esto provoca la polarización de la política, en la que republicanos y demócratas son incapaces de entenderse. Esta polarización llegó, incluso, a la universidad. De pronto, surgido de la nada, la gente empezó a hablar de advertencias. Si un profesor pedía a los alumnos que leyeran un libro tenía que advertirles de que su contenido podría herir su sensibilidad. Al mismo tiempo, se empezó a vetar la presencia en la universidad de cualquier persona que no les pareciera bien a los alumnos. Incluso, empezaron a pedir espacios seguros para que quienes defienden visiones radicales sobre, por ejemplo, la identidad de género, pudieran hablar sin verse sometidos a la presión del rechazo de quienes no comparten su forma de pensar. ¿Por qué ocurre esto? Porque la generación Z tiene menos experiencias vitales que las generaciones anteriores. Tardan más en cubrir los hitos propios del desarrollo personal, por ejemplo, conseguir el carné de conducir, tener su primea relación de pareja, o trabajar para ir a la universidad. Luego llegan a la universidad y el profesor les dice que lean un libro donde hay una violación. Eso les choca y les provoca depresión y ansiedad porque no están preparados para afrontarlo. Este problema afecta a las chicas mucho más que a los chicos. Las mujeres de generaciones anteriores que no tenían redes sociales, sin embargo, tenían menos problemas. ¿Por qué está ocurriendo todo esto al mismo tiempo en muchos países? Las redes sociales explican el momento en que está ocurriendo todo esto. Los niños antes se juntaban después del colegio y se iban a jugar. Ahora no es así. Ahora se conectan electrónicamente desde su casa y eso no es lo mismo. A las chicas, además, les afecta más la comparación social constante que suponen las redes sociales, les da miedo perderse algo y piensan que, si todo el mundo se lo pasa bien y ellas no, es que les pasa algo. Y si tienen un conflicto, tienden a desprestigiar a sus compañeras a través de las redes sociales, con lo que ello conlleva. Las redes sociales, por tanto, son perniciosas para los niños. Otra causa del problema es la sobreprotección a los hijos. Los niños necesitan experimentar el fracaso, ser criticados, verse aislados, que se metan con ellos, aunque no con demasiada frecuencia, y aprender de ello. La sobreprotección les impide que se desarrollen para poder afrontar los problemas de la vida. Los niños, en consecuencia, no aprenden a protegerse a sí mismos, a defenderse. Aunque, al final, lo va a aprender de la forma más dura, pero es mejor que sea así a que no lo aprendan nunca. Con la sobreprotección los estamos confundiendo. Cuando juegan, en cambio, aprenden y practican las destrezas que necesitarán en la vida. Por eso es importante que jueguen entre ellos. Pero ahora no pueden hacerlo porque los padres piensan que es muy peligroso dejarles salir solos a la calle, ir solos a casa de un amigo, etc. La información también forma parte del problema. Ahora, todos tenemos mucha información, pero el porcentaje de información, en el sentido clásico, se reduce cada vez más. Antes, ver la televisión era una experiencia compartida con toda la familia. Ahora, cuando la gente joven se hiperconecta entre sí no hay sitio para una generación de más edad. Los jóvenes crean y comparten sus propios contenidos y no ven el resto. Pero eso es un conocimiento muy pequeño y a la gente le va mucho mejor si puede aprovechar la sabiduría colectiva de la humanidad, lo que implica salir de ese encierro. Y es que la generación Z se ha aislado de la transmisión de historias de las generaciones anteriores porque no les escuchan. Al hacerlo, se han aislado de la sabiduría. ¿Qué podemos hacer entonces? La democracia y la generación Z van a tener dificultades hasta que las redes sociales sean menos contagiosas y perniciosas. Hay que introducir cambios en la democracia para que la gente la apoye más. También en la educación que proporcionan los padres a los hijos, así como darles más independencia. Además, hay que retrasar el acceso a las redes sociales a los 16 años. Y tenemos que introducir cambios en nosotros mismos. El odio siempre da lugar a más odio. Por eso hay que ser más humilde, dar a la gente el beneficio de la duda, no enfadarnos tan rápidamente. Ahora que estamos todos conectados, debemos tener más cuidado con lo que decimos. No obstante, eso no va a servir de mucho si no somos menos ‘sensibles’, si seguimos transmitiendo mensajes de ira, y si no tratamos de ofender menos a los demás.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el presente resumen, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

Expertos:

Compartir