Voces liberales: Ideologías

Antonella Marty y David Mejía

La Fundación Rafael del Pino organizó, el día 4 de junio de 2024, el diálogo «Voces liberales: Ideologías. Las ideas políticas que mueven el mundo» en el que participarán Antonella Marty y David Mejía.

Antonella Marty, Politóloga argentina y autora de varios libros, entre ellos El manual liberal (2021), Todo lo que necesitas saber (2022) e Ideologías (2024). Es graduada en Relaciones Internacionales y Ciencia Política por la Universidad Abierta Interamericana y conductora del podcast “Hablemos Libertad”.

David Mejía es profesor de Filosofía y Humanidades en IE University. Es Doctor por la Universidad de Columbia (Nueva York). Antes se licenció en Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y en Teoría de Literatura en la Universidad Complutense.
Ha sido colaborador del diario El Español y de The Objective, donde condujo el podcast de entrevistas Vidas cruzadas. Asimismo, colabora con publicaciones como Claves de la Razón PrácticaRevista de LibrosLetras Libres o Cuadernos Hispanoamericanos.

Resumen:

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 4 de junio de 2024, el diálogo “Voces liberales: Ideologías. Las ideas políticas que mueven el mundo”, en el que participaron Antonella Marty, politóloga argentina y conductora del podcast “Hablemos Libertad”, y David Mejía, profesor de Filosofía y Humanidades en IE University.

Hay un desorden de ideas, donde muchas se identifican con cosas que no son, por ejemplo, el liberalismo, identificado de forma errónea con nacionalismos. No nos gobierna solamente la ley, lo hace también la ideología que interpreta la ley, la forma de gobierno, la política pública. Estamos ante una crisis de ideas.

No considero a Milei liberal, tampoco a sus hechos. Cuando se va a las políticas de gobierno que se están tomando, como las subidas de impuestos, 300% de inflación, 55% pobreza. Más allá de eso, la especie de atentado contra la libertad política, porque en Javier Milei hay una figura mesiánica, es un adolescente que gobierna para satisfacer una serie de caprichos personales que busca la aprobación de otros líderes políticos. Esto lo podemos ver con la serie de viajes internacionales que está realizando. Es un populista de derechas y los populismos de derechas vienen a generar mucha confusión dentro de la comunicación política. Y hay como una especie de pelea entre líderes políticos para ver quién obtiene más likes, quién ofende más o el que divide a la sociedad cada vez más. Hay una especie de competencia para ver quien utiliza mejor esa estrategia de comunicación política, cuyas consecuencias después las paga la gente en una sociedad polarizada. El populismo es hoy uno de los grandes políticos, como mecanismo de movilización de las emociones, de presentare como mesías, asociando el liberalismo a la religión, cuando el liberalismo nació para separar a la religión del poder. Se ha creado una especie de liberalismo sin libertad.

Donald Trump estaría en esa misma línea. Además, Estados Unidos ha tomado una deriva muy peligrosa. El propio partido republicano hoy es prácticamente irreconocible, incluso las visiones que han surgido dentro del partido, como el nacionalismo cristiano, cuando Estados Unidos fue el primer país en tener una religión laica. Incluso, los padres fundadores hablaban de libertad religiosa e, incluso, que la libertad religiosa implica que uno pueda no tener una religión. El 6 de enero, en la toma del capitolio, se vio otra vez. Hay una destrucción de la democracia y una necesidad de parte de estos caudillos de crear fantasmas todo el tiempo, como la idea de un comunismo global. Fidel o Maduro no hablan de dictadura del proletariado; hablan de patria o muerte, que es bastante similar al mensaje de partidos como Vox o el partido republicano en Estados Unidos, donde vemos ese resurgir de un nacionalismo populista del que deberíamos haber aprendido mucho en el siglo pasado. Eso nos explica que no estamos a salvo de las ideas del pasado y por qué hay que defender la democracia. Donald Trump, evidentemente, es uno de los que ataca la democracia, Víctor Orban también, manipulando la idea de democracia.

Lo que es inesperado dentro de todo esto es lo que ha pasado con el liberalismo, porque hoy se asocia con conceptos que están totalmente en las antípodas del concepto. Ahí entramos en esta idea de Occidente, que forma parte de la narrativa de muchos populistas de derechas. El liberalismo nace en Occidente como un anticuerpo, intentando resolver el problema del Occidente de la Edad Media, las Cruzadas, la Inquisición, el Occidente antes de la Ilustración que es al que muchos políticos hoy pretenden regresar. Apuntan a la visión del pasado nostálgico. Eso también conecta con la idea del poder. Esa vinculación extraña que se ha hecho hoy, con visión religiosa, del liberalismo, se debe en gran parte a una infiltración del conservadurismo, del anarcocapitalismo, todas estas calificaciones, y eso ha infiltrado lo que se entendía como liberalismo y hoy hay liberalismo sin libertad. Milei, la persona que habla de libertad y liberalismo, que lo haga en nombre de esas fuerzas del cielo de las que habla, como su perro Conan, tiene que preocupar porque está gobernando un país en crisis. Hay una desconexión de Milei con la realidad. Él está viviendo su momento.

Los primeros aspectos de la relación tóxica poder-religión está conectado por la idea de la batalla cultural. Es una contradicción en términos porque una batalla es un concepto bélico y la cultura es un orden espontáneo. Las culturas no batallan. Lo que se intenta hacer es hablar de un supuesto debate de ideas cuando, en realidad, no hay ningún interés ni por el debate, ni por la cultura. Hay un interés específico en establecer un modelo de vida específico, puntual, de las revistas de los años 50, sin tener en cuenta todos los movimientos de liberación de los años 60 y 70. Es una moral que hoy vuelve a tratar de recuperar este terreno en nombre de los populismos de derechas. Términos como la mayoría moral vuelven a presentar ese miedo y a movilizar la mentalidad de la tribu y el miedo al otro, a lo diferente, a que algo ponga en jaque las cosas tal y como se entienden. Se convierte en movimientos, como sectas. Pasa con las ideologías, incluso pasa con el liberalismo, donde se expulsa a todo lo que no es liberal, al que ejerce la tarea que debería hacer un liberal, que es cuestionar las cosas, que es proponer pensamiento crítico, no caer en el canto de sirenas de estos caudillos mesiánicos. Esto es otro aspecto, porque los populismos se hermanan permanentemente, el de izquierda y derecha. La respuesta a lo que está pasando ahora va a surgir en algún momento. Estamos en una crisis de ideas muy importante. Hay que humanizarlas, traer cuestiones como la empatía, los vínculos con los demás, entender el aspecto de la humildad y bajar a la realidad. Cuando nos damos cuenta de que estamos en un pequeño punto de la galaxia, se cae el nacionalismo, el racismo, todas estas cosas que utilizan estos mesías que buscan un momento de gloria en un lugar tan efímero, en una existencia tan breve como la humana. ¿Por qué vamos a estar diciéndole al otro cómo tiene que vivir su vida? ¿Por qué vamos a estar dividiendo a la sociedad? Hay entra el aspecto de la pureza, la relación de los populismos de derechas con la idea de pureza, como la supremacía alcanza. Trae otra vez la idea de lo puro y lo puro se alcanza mediante la batalla cultural. Entramos en un círculo que, cuando lo identificamos, podemos tener las ideas más claras.

Hacerse preguntas es una respuesta a esto, salir del entorno en el que se está cómodo, que te baja una línea de cuáles son las preguntas que hay que hacerse y cuáles no. Hay en el ser humano una tendencia a la tribu y una tendencia en los políticos a llevarnos a eso porque hoy les sirve para sus fines, para hacer política, el recurrir al populismo. Pasa mucho por la educación, por lo que se aprende en casa. Ahí están los derechos de los niños, por ejemplo, el acoso escolar. Uno se forma desde niño en entornos. El acosador de niño después crece y puede convertirse en político y tomar decisiones por los demás. La persona que lo sufrió lleva marcada una cicatriz. Otro caso son las terapias de conversión, otro tema que hay que traer al debate, porque siguen existiendo. Otro tema a la hora de hablar de los derechos del niño es hasta qué punto la educación religiosa, la imposición de un modelo religioso desde chico, no viola tu desarrollo a la libre personalidad como ser humano. Ahí hay un grave problema, porque cómo cuidas a los niños de entornos que pueden limitar su conciencia, la voz que toda persona tiene dentro.

En distintos momentos de la historia, distintos pensadores comparten determinadas luchas sociales, o cuestiones que tienen que ver, por ejemplo, con los derechos de la mujer, la liberación de los años 60 y 70. En un mundo en el que se iban conformando las ideas, a lo largo del siglo pasado también, naciendo en distintos momentos, tocan algunas aristas, aunque luego son ideologías diferentes, con propuestas muy distintas.

La idea de anarcocapitalismo hoy representa una lucha contra el Estado de Derecho, una lucha contra los derechos de las minorías, contra el que se quiere defender de otros grupos que históricamente lo han atacado.

Otra cuestión es del derecho a ofender, del que se habla tanto. No hay un derecho a ofender al otro. Lo peor es que se hace en nombre del derecho a la libertad de expresión. Ahí hay una confusión muy grande, porque libertad de expresión no es hacer bulín, no es destilar discursos de odio, que terminan en suicidios, genocidios, persecuciones a distintos grupos de personas. Muchos políticos, con influencers y académicos, llevan a cabo estos discursos de odio, en nombre de la libertad de expresión, y después se sorprenden cuando los cancelan y terminan presentándose como víctimas, cuando no estamos viendo quién es la víctima real de todo esto.

Si hubiera más empatía en la sociedad, estas cosas no estarían pasando. Hay muchos debates que todavía están pendientes. Siempre que alguien exponga un problema puede haber alguien que diga que eso no es un problema porque le conviene que las cosas sigan como estaban. Uno cancela todo el tiempo. Hay que ver desde que postura vemos la idea de la cancelación, por ejemplo, con quien invitamos a nuestra casa. Es una especia de justicia personal. Hay personas que desde la política intentan reivindicar esos mecanismos de división de la sociedad y luego se quejan de que los cancelan. Pero hay que ver más allá y pensar en las víctimas. Hay que plantearse una forma de pensar, de ver al otro, y poder terminar con esas segregaciones, violencias, mecanismos, y no minimizarlos. Hay que escuchar al otro y alimentarse de ese diálogo. Tenemos debates civilizados y, por otro lado, personas que te quieren imponer una determinada forma de vivir, y lo hacen mediante una batalla cultural.

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