La economía española en tiempos de pandemia

Roldán, de la Fuente, Jimeno, Domenech, Garicano, Galindo, Beltrán, Borra, Felgueroso, González, Sanz, García-Pascual y Díaz

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Resumen / Summary (Spanish)

La Fundación Rafael del Pino organizó, el 25 de junio de 2020, el diálogo titulado “La economía española en tiempos de pandemia” con motivo de la publicación de la obra de igual título, editada por la editorial Debate. En el acto participaron Ángel de la Fuente, Juan Francisco Jimeno, Rafael Domenech, Luis Garicano, Jorge Galindo, Francisco Beltrán, Cristina Borra, Florentino Felgueroso, Libertad González, Ismael Sanz, Antonio García-Pascual y Antonia Díaz.

Jorge Galindo, director de Economía Política en EsadeEcPol comentó que este virus es nuevo. De ahí se deriva la incertidumbre que rodea todo lo que implica conocer por qué nos está afectando tanto. El COVID es un equilibrio perfecto entre grado de letalidad y capacidad de contagio. Si fuera como el SARS le costaría más contagiar a otras personas porque la agresividad con su huésped resultaría excesiva. Si fuera como la gripe no tendría una consecuencia mayor. El 1% de los contagiados acaba muriendo y un porcentaje algo más alto acaba en la UCI. Con el SARS, la tasa de fatalidad era del 10%.

El COVID se contagia más fácilmente, lo que puede provocar el colapso del sistema hospitalario. Ese es el reto central sanitario que nos plantea el virus. Además, el 94% de la población sigue siendo susceptible de contraer el virus. El virus se contagia con rapidez. Una persona puede contagiar a otras tres de media, el doble que en una gripe normal. Con las medidas de confinamiento se consiguió reducir ese número a menos de uno. Lo que no sabemos es si al salir del confinamiento las nuevas precauciones van a ser suficientes.

Esta situación se puede abordar con herramientas que combatan la severidad del virus, pero eso no reduce la capacidad de contagio. Hay que impedir que el 94% de la población que queda por contagiar lo contraiga. Evitar la concentración de personas es muy importante para frenar la expansión del virus. Por tanto, tenemos que tomar medidas con este tipo de eventos y, si suceden, actuar lo más rápidamente posible, adelantándose al virus, sabiendo en que lugares, para que personas y perfiles laborales es más probable el contagio, rastrear los contactos de esas personas y aislarlas. Se trata de evitar un segundo pico de contagios.

¿Hasta cuándo? La vacuna es la respuesta a ese hasta cuando, si funciona, se produce y se distribuye de manera eficaz. Se precisa tiempo para tenerla, para montar las fábricas en las que producirla, etc. La vacuna ayuda a construir la inmunidad. Hasta entonces, tenemos que seguir en la tarea de medir, rastrear, aislar. Seguir con medidas de distancia social que tengan la menor disrupción en la vida de las personas. Y habrá que construir capacidad médica y hospitalaria para cuando se produzcan contagios.

Francisco Beltrán, profesor asociado en la Norwegian University of Science and Technology, indicó que la gripe española de 1918 es la mejor pandemia que se puede comparar con la situación actual. Fue un episodio brutal. Infectó a casi un tercio de la población mundial y murieron más de cincuenta millones de personas. A pesar de que han pasado más de cien años, los procesos de difusión del COVID están siguiendo patrones muy similares. Siguen las interacciones entre las personas, los movimientos de población y el virus va siguiendo esos caminos. El alcance fue global y muy desigual, entre otras cosas por las medidas para contener el alcance de la enfermedad, como las medidas de higiene pública como cierre de escuelas y cuarentenas, etc.

Lo más preocupante son las tres oleadas de la gripe de 1918. Empezó en primavera, el verano fue tranquilo y volvió con mucha fuera en el otoño, con mucha más mortalidad. Esto hace que nos cuestionemos las consecuencias de una reapertura de la economía antes de lo previsto.

El ritmo y la duración de estas olas vino marcado por los patrones de desplazamiento y el hecho de que hubiera o no medidas de distancia social. Es un tipo de medidas que, si las poblaciones son capaces de llevarlas a cabo durante un largo periodo de tiempo, el impacto sobre las vidas es menor, pero el impacto económico es mayor. El coste de las medidas de cerrar la economía es muy alto y nos preguntamos si justifica esos cierres. Hay pocos estudios que hayan analizado este tema de forma rigurosa. Los que hay apuntan a que no existe tal disyuntiva. Cerrar economía salva vidas y tiene un impacto económico positivo a largo plazo porque acelera la recuperación posterior.

Otra de las lecciones de la gripe española es el impacto a nivel interno de la propia sociedad, donde también hay impactos desiguales. La gripe de 1918 tuvo un mayor impacto en los grupos de renta baja. El impacto también fue desigual por género y raza. Esto se está repitiendo ahora, por lo que deberíamos prestarle atención y atajarlo.

Cristina Borra, profesora de Microeconomía y Economía del Trabajo en la Universidad de Sevilla, destacó que todos los países han impuesto medidas de aislamiento social, antes o después, aunque en momentos diferentes de la expansión del virus. Hay una correlación muy fuerte entre cómo estaban las regiones respecto a la expansión del virus cuando se decreta el estado de alarma y la mortalidad. Cuanto más se había expandido en una región, más alta ha sido la mortalidad.

Haber actuado un día antes podía haber evitado el 10% de las muertes por COVID en España. Ese resultado implica que, si Madrid hubiera actuado seis días antes, podrían haberse evitado 77 muertes diarias en la comunidad. Esto es una reducción del 40% de la mortalidad en ese periodo álgido del confinamiento.

La mayoría de los gobiernos regionales hablaban de intentar aplanar la curva de contagios para evitar el colapso del sistema sanitario. El mecanismo fundamental ha sido la reducción del número de contagios, más que haber permitido que los sistemas sanitarios funcionaran. El confinamiento ha sido lo que ha reducido los contagios.
Si hay una receta, es que cuando se trata de una pandemia es crucial actuar rápido. Muchas
veces implica actuar un día antes porque ante una pandemia el tiempo es oro.

Rafael Domenech, responsable de Análisis Económico de España de BBVA y catedrático de Economía de la Universidad de Valencia, indicó que la epidemia genera cinco tipos de perturbaciones: las que afectan a la utilización de los factores productivos, las que afectan a la confianza de los hogares, que reducen la demanda, y a la confianza de las empresas, que deprimen las inversiones; las que afectan a la compra de viviendas; las que afectan al comercio internacional, porque caen las exportaciones a nivel mundial, y, por último, las que afectan a potenciales impagos en el sector bancario.

Suponemos que antes de 2021 no va a haber una vacuna, lo que implica que la normalidad hace que las perturbaciones no desaparezcan antes de fin de año.

El efecto conjunto de las medidas que se han tomado es muy importante. Con ellas en marcha, la caída del PIB se reduce en 3,6 puntos porcentuales, con lo que caería un 10,5. También moderan la caída del consumo privado y de la inversión privada. La otra cara de la moneda es el aumento del déficit público de más de 3,5 puntos. Esto hace que el déficit supere los 12 puntos del PIB y que la ratio de deuda sobre PIB se acerque a 120%.

En una crisis extraordinaria hay que hacer uso de todas las herramientas disponibles de política económica para mantener la actividad económica. Nos enfrentamos a una guerra contra el coronavirus y debemos movilizarnos en consecuencia, lo que requiere hacer uso de todas las herramientas. Los efectos son mayores cuanto mejor se diseñen y cuanto más rápida y eficazmente se lleven a cabo.

Florentino Felgueroso, investigador asociado de FEDEA, se refirió a la necesidad de tener indicadores y datos adaptados a las circunstancias de esta crisis, porque no es como las demás. En la primera fase hubo un cierre de sectores; en la segunda se produce el desconfinamiento, con restricciones de espacios que implican una limitación de oferta desconocida.

Es muy importante seguir la crisis en términos de creación y destrucción de empleo para poder saber en qué medida hay que actuar. El estado de alarma coincide con el mejor momento de la economía española. En estos dos meses del año pasado hubo 1,7 millones de personas que encontraron empleo y un millón que no tenía derecho a prestaciones. Eso ahora no se ha producido. También era el momento de establecer un ingreso mínimo vital.

El impacto de la crisis se ha reflejado en el récord de demanda de empleo que se alcanzó en mayo, con 8,5 millones demandantes de empleo. En la primera fase se despidió a mucha gente o no se le renovó el contrato. El segundo impacto han sido los ERTEs, porque hemos llegado a finales de abril con 3,4 millones de asalariados cubiertos por ellos. Desde entonces se han ido reincorporando algunos trabajadores, pero queda la parte más importante por reincorporarse. El tercer fenómeno es la caída de las contrataciones. Se ha producido un 40% de contrataciones menos que el año pasado y el mismo volumen que en 2007.

Lo que viene ahora es ver qué va a pasar con la demanda, con los cambios en la renta, el comportamiento de los consumidores, el temor al virus.

Libertad González, profesora de Economía en la Universidad Pompeu Fabra, dijo que la crisis actual es muy diferente de las anteriores en primer lugar por cómo ha afectado a diferentes sectores de la economía. La anterior afectó a sectores muy masculinizados, como industria y construcción, y ésta ha afectado a sectores más feminizados como hostelería y comercio. Nos hace temer un impacto mayor sobre el empleo femenino.

El impacto también varía en función de en qué medida un puesto de trabajo se puede realizar a distancia o no. Un tercer aspecto es que, desde la declaración del estado de alarma, el cierre de los centros educativos ha hecho que los niños se queden en casa y que las tareas del hogar aumentaran de volumen. Este trabajo remunerado no adicional nos hacía temer que iba a recaer de manera desproporcionada sobre la mujer.

Durante abril, el 23% de 7.000 encuestados por la profesora y su equipo había perdido su trabajo. La pérdida estaba bastante equilibrada entre hombres y mujeres, mientras que era del 15% entre universitarios y del 30% entre trabajadores sin formación universitaria. Los hombres han aumentado su participación en las tareas del hogar, pero ha sido pequeña excepto en lo referente a salir a la compra, que era la única salida que se podía realizar durante el confinamiento. La mayor parte del volumen de trabajo en el hogar ha recaído sobre la mujer. En el caso de las madres solteras esto puede dificultar la vuelta al trabajo.
Hay sectores que se están reactivando muy rápidamente y otros van a tardar más, entre ellos el turismo y el comercio, que son más feminizados. Si se suman las dificultades para conciliar mientras estén cerradas las escuelas, a medio plazo habrá efectos desiguales en términos de género.

Ismael Sanz, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos, señaló que el efecto del cierre de los centros educativo sobre el aprendizaje de los alumnos no va a ser muy elevado por el esfuerzo que han hecho los profesores de pasar de enseñanza presencial a online. El efecto va a estar concentrado en los alumnos de entornos más desfavorecidos. La conclusión es que se van a incrementar las desigualdades.

El cierre va a tener un impacto negativo del 6% en la educación estándar, que es la diferencia entre España y la OCDE. El impacto será, sobre todo, en alumnos con dificultad de acceso a recursos digitales y ordenadores, con dificultades de conectividad. Los padres no pueden ayudar de la misma forma que en los casos de hijos en mejor situación socioeconómica por falta de tiempo y por las propias habilidades cognitivas de los padres, que no son suficientes para prestar a los hijos el apoyo educativo necesario.
Se puede intentar amortiguar el impacto del cierre de los centros como programas como el PROA, de refuerzo a los alumnos rezagados, y ofrecer esas cuatro horas adicionales a la semana de apoyo docente. Mientras el programa estuvo vigente, mejoró los resultados de los alumnos. También podría recuperarse el programa de reducción del abandono escolar, que funcionó hasta 2012, porque al alumno que abandona el sistema educativo le cuesta más volver.

Hay un efecto muy concentrado en alumnos muy desfavorecidos y rezagados. Esa pérdida se va a acentuar con la llegada del verano. Por eso hay que retomar esos programas, centrados en tutorías a pequeños grupos de alumnos rezagados.

Antonia Díaz, profesora de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid, advirtió de que el COVID es un evento de muy baja probabilidad, lo que dificulta entender lo que va a pasar más adelante. Lo que hay que hacer para impedir el contagio es lo que nos lleva a una crisis económica. Es un shock de oferta y demanda espectacular, especialmente en España por el tipo de especialización que tenemos.

Es una crisis súbita por la coordinación en el paro de la actividad real. La actividad financiera, sin embargo, sigue su marcha con los pagos de letras, hipotecas, préstamos. Esta conjunción es lo que ha hecho que estemos en el problema en el que estamos y es lo que determina el tipo de políticas que se han aprobado. Su naturaleza ha sido determinante para aplazar pagos. Ahora viene el cómo pagar esas políticas.

Es importante pensar en cuánto va a durar esta crisis y en cómo hacemos una transición hacia tecnologías seguras hasta que tengamos una vacuna.

Luis Garicano, eurodiputado, vicepresidente de Renew Europe y miembro del Center for Economic Policy Research, alabó a la Unión Europea al destacar que, en estos meses, hemos visto como la UE se convertía de un pigmeo económico en un gigante con las medidas tomadas. Habías dos líneas de respuesta. Por un lado, estaba el BCE con su programa de compra de activos, permitiendo que los estados mantengan el acceso a los mercados para que puedan endeudarse sin temor al círculo vicioso de los tipos y la deuda. Una segunda intervención ha sido con tres programas de liquidez de apoyo a desempleos nacionales, con la eliminación de las condiciones para acceder a los préstamos del Mede y con un programa del Banco Europeo de Inversiones para ayudar a las empresas.
La tercera pata de la estrategia pasa por una emisión de deuda conjunta por parte de las instituciones europeas, algo que antes era impensable. Ahora Francia y Alemania dicen que lo quieren hacer, usando esta deuda para financiar un fondo de inversión para resolver problemas reales. Esto responde a que Europa es capaz de emitir deuda más barata, a que los estados miembros están muy endeudados y es una forma simbólica de decir que Europa cuenta y ayuda.

La idea es que Europa no debería financiarlo con los recursos de los estados miembros habituales. Esta es una manera mala de financiarse porque suscita discusiones sobre de dónde va a salir el dinero. Hay tres posibilidades: cuando llegue el momento de devolver el dinero se recorta el presupuesto comunitario, se obliga a los estados a pagar más a la UE o, finalmente, que la UE se financie con recursos propios, con impuestos propios. Esto permite que áreas en las que Europa tiene ventajas comparativas para levantar recursos pueda hacerlo, por ejemplo, una tasa digital. También a través del sistema de comercio de emisiones, que es europeo. O con una aportación basada en el plástico.

Antonio García-Pascual, visiting scholar en la Universidad Johns Hopkins, dijo que la incertidumbre sobre el escenario inmunológico es elevada. El impacto sobre la actividad agregada sobre un escenario base sería del 15%. En sectores de alto contacto como turismo y hostelería el impacto es mayor, también en sectores colaterales como el transporte o el sistema financiero.

Con grado de actividad cercano al 60%, la caída económica sería del 3% mensual. En un escenario optimista el crecimiento es parecido a lo que estima el gobierno y en el más pesimista la caída se aproximaría al 19%.
El impacto fiscal sobre déficit y deuda, incluyendo ayudas a trabajadores y empresas y los estabilizadores automáticos, llevaría a un desequilibrio presupuestario del 13% y a la deuda por encima del 120% y seguiría subiendo en los próximos años. La necesidad de financiación del Tesoro este año estará por encima del 30% del PIB.

Para estabilizar la deuda deberíamos tener un superávit fiscal del 0,4% del PIB. Esto es un gran desafío para España.
Es clave la ayuda del BCE porque ha reducido los costes de financiación del sector público y del sector privado. También Europa está ayudando mediante otros instrumentos como el MEDE, que se puede financiar barato y con el que se reduce el coste de financiación de los países. Son pieza clave para la ayuda a España, lo mismo que el fondo de recuperación europeo.
Ángel de la Fuente, director ejecutivo de FEDEA, habló de tres grupos de políticas frente a la crisis: mecanismos de flexibilidad laboral y sustitución de renta salarial, mecanismos de ayuda a empresas y autónomos y ayudas a colectivos vulnerables. Había que hacer lo mejor que se pudiera para proteger a personas y empresas, para preservar el tejido productivo y para evitar daños que pudieran poner problemas a la recuperación.

Ahora el objetivo es más complicado porque debemos tener estímulos para la recuperación de la actividad y para que los trabajadores se trasladen a las actividades de futuro, manteniendo el mayor número posible de empresas viables.
Las primeas medias iban en la línea correcta, aunque con retrasos e insuficientes en los ingresos, por ejemplo, los retrasos en los pagos de los ERTEs, o en la puesta en marcha de otras ayudas. También se ha hecho despacio la renta mínima y, a la vez, demasiado deprisa por querer una medida permanente y no ha quedado muy bien.

Falta adaptar esas medidas para el proceso de reactivación, adaptar los ERTEs, revisar los esquemas de exoneración de cuotas sociales, la adaptación plantilla a la nueva situación, tener políticas activas de empleo para los parados, adaptar esquemas de ayudas a las empresas a las condiciones del sector.

Juan Francisco Jimeno, profesor asociado de la Universidad de Alcalá, señaló que hay muchos frentes abiertos. En el ámbito sanitario, el control de la pandemia y la solución del problema es la prioridad. En el terreno económico, el mercado de trabajo, las compras públicas, la sanidad, la educación son prioridades. La política económica no debería incrementar la incertidumbre; a ser posible, debería reducirla. En segundo lugar, hay que buscar nuevas soluciones, nuevos instrumentos, pero no es el momento de grandes cambios. Se trata de evitar que el barco se hunda, no de hacer grandes cambios.

Deberíamos anticipar a dónde queremos ir y tener en cuenta que venimos de una situación complicada con situaciones preocupantes que ya estaban ahí antes de la crisis. Una es el mercado de trabajo, con tendencias estructurales como la automatización y las nuevas formas de empleo y no estamos siendo eficaces a la hora de tratar con esas tendencias. El mercado de trabajo no ha sido muy eficiente a la hora de reasignar el empleo a los sectores con elevado crecimiento de la productividad. Una prioridad es abordar la adaptación del contexto institucional del mercado de trabajo pensando en las tendencias a largo plazo.

La segunda preocupación es las finanzas públicas, la deuda. A corto plazo no va a haber dificultades. Tenemos que preocuparnos por un programa de estabilidad macro que garantice la solidez a medio y largo plazo. Requiere una reforma fiscal en profundidad, y una visión a medio y largo plazo de qué tipo de país queremos ser. Cuanto mayor sea esa deuda y más tardemos en afrontarla, mayor es el riesgo de que entremos en una nueva crisis.

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