La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global

Lourdes Casanova

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Resumen

El 22 de enero de 2020 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia magistral de Lourdes Casanova, profesora de Management y directora del Emerging Markets Institute de la Johnson School of Business de la Universidad de Cornell, titulada “La era de las multinacionales chinas. Compitiendo por el dominio global”. La profesora Casanova inicio su intervención señalado que hay dos grandes hitos en la expansión internacional de las empresas chinas. El primero es la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, en 2001. El segundo, y menos conocido, es la gran crisis financiera de 2008. Estos hitos son piedras angulares en el proceso de crecimiento de las empresas chinas y de su expansión por el mundo. Un hecho que resulta sorprendente en este proceso es la rapidez con la que las empresas chinas han crecido. Las empresas siempre aumentan de tamaño en un contexto de crecimiento económico. Y como China ha crecido a tasas anuales del 6%, el 8% y hasta el 10%, sus empresas también han incrementado su tamaño a mucha más velocidad de lo que lo hacen las de los países desarrollados que, con suerte, consiguen superar niveles de aumento del PIB del 3% anual. Lo que llama la atención, además, es lo anómalo de las tasas de crecimiento de China, ya que se trata de una economía enorme, que tiene un tamaño igual al del PIB nominal de Estados Unidos en 2004. En este contexto es en el que han crecido las empresas chinas, de las cuales hay un gran desconocimiento porque muchas compañías son estatales. Para un país es importante tener empresas grandes porque son las que generan empleo, las que innovan, las que cuentan con recursos suficientes para tirar de las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, China tuvo la gran ocasión de hacer crecer sus empresas con la crisis financiera de 2008, en la que aparecieron grandes oportunidades de compra de empresas y de expansión debido a que las compañías estadounidenses se hallaban inmersas en una grave crisis. Durante esos dos o tres años se produjeron muchas ventas a capital chino y aparecieron huecos en países e industrias que ocuparon claramente las empresas chinas. De ahí que la crisis de 2008 sea un hito tan importante. Las empresas chinas, además, crecen y se expanden gracias a que el país tiene unas reservas de divisas gigantescas, de más de un billón de dólares. Con esas divisas compraron bonos estadounidenses y de otros gobiernos, pero en cierto momento consideraron que empezaban a concentrar demasiados riesgos con ese tipo de activos y empezaron a diversificar sus inversiones, entre otras formas mediante la compra de empresas en otros países. Gracias a todo ello, China ha podido converger rápidamente con las naciones desarrolladas, cuando a ellas les cuesta mucho más hacer crecer a sus empresas, por ejemplo, a Japón o a Corea del Sur. Debido a ello, China se ha unido al selecto y poco numeroso club de países que cuentan con grandes empresas dentro de la lista de Fortune 500. Los bancos chinos también se están internacionalizando a través de compras, para ir convirtiéndose con ello en los mayores del mundo. Eso mismo hacen otras empresas, como las aseguradoras, las empresas de construcción e ingeniería o las de telecomunicaciones. Lo hacen porque las empresas chinas son las que tienen los recursos financieros para continuar su expansión global. Las empresas chinas también son diferentes de las demás. Lo son porque, hasta ahora, no participan en los mercados de valores. El 79% de las empresas del Fortune 500 están en bolsa. En China, en cambio, el 67% de las compañías son públicas o de capital mixto. Esto no parece que vaya a cambiar por ahora, debido al hecho de que el gobierno quiere seguir controlando las grandes empresas. Esas empresas dominan mercados globales, como los de teléfonos móviles, ordenadores, aire acondicionado, televisores y otros muchos productos. Además, se da la paradoja de que, estando sometidas al control del gobierno, participan y ganan concursos de privatización de empresas públicas en otros países. De forma general y sistemática, las grandes empresas chinas compiten en precios porque pueden, gracias a que los costes laborales siguen siendo bajos y a que tienen que producir para un mercado local cuyo poder adquisitivo es mucho menor que el de los países occidentales. Por tanto, tienen productos tecnológicos de las mismas características que los de los occidentales, pero son más baratos. A ello hay que unir el hecho de que las empresas chinas están menos interesadas que las americanas en los beneficios a corto plazo. Esto es así porque piensan más en el largo plazo, por lo cual prefieren sacrificar los márgenes empresariales para, de esta forma, poder seguir creciendo. Los chinos también han resultado ser unos competidores increíbles. Inventan formatos diferentes, los hacen más pequeños, pueden vender sus productos más baratos a pesar de que los costes de producción siguen subiendo. El secreto consiste en haber creado una cadena de valor muy eficiente e invertir en puertos como el de Barcelona, o el del Pireo en Grecia. Con ello, han devuelto al Mediterráneo su carácter de mar comercial, ya que para conseguir esa cadena de valor tan eficiente lo que hacen los barcos chinos es ir por el canal de Suez y entrar a Europa por el Pireo para el este y por Barcelona para el oeste. Con ello, lo que han conseguido es ofrecer un producto terminado que lo llevan a tu casa. China, por último, es un gran innovador. Es el primer o el segundo país del mundo por inversión en I+D, en patentes, en número de investigadores, en publicaciones científicas. Lo es porque percibe la necesidad de convertirse en autosuficiente en materia de tecnología, ante las barreas que le están poniendo, en especial en Estados Unidos. Lo que todavía no ha conseguido China es dotar a sus marcas del nivel de poder que tienen las estadounidenses. Las empresas chinas están aventurándose al exterior, a pesar de ser más jóvenes que las coreanas, japonesas o estadounidenses, por ejemplo. Se expanden abriendo fuera sucursales o filiales, o mediante fusiones y adquisiciones. En apertura de empresas ya invierte tanto como Estados Unidos, en un momento en que el gigante americano está replegándose y volviendo a casa. Aún así, Estados Unidos sigue invirtiendo mucho en el exterior, en especial en China, India y Australia. China, en cambio, invierte más cerca de casa, en países como Indonesia, aunque también en India, pero también se dirige a Latinoamérica y África. En términos regionales, el área que más inversiones chinas recibe es Europa, en especial a través de fusiones y adquisiciones. Lo que le motiva es que, aunque tiene recursos naturales, no cuenta con los suficientes para lo que necesita su gran expansión. Por ello, lo que está haciendo es asegurarse de que no le va a faltar recursos naturales. Es lo que busca su inversión en Latinoamérica, África y Australia. Pero, cuando salen al exterior, sus empresas también buscan aprender y, cada vez más, diversificar los riesgos relacionados con la inversión de su enorme reserva de divisas. ¿Qué puede hacer Occidente ante esto? Lo primero de todo es reconocer que China está haciendo crecer el pastel económico global, que está contribuyendo al crecimiento mundial y a la reducción de la pobreza. También hay que conocer a las empresas chinas y entender que la combinación de capitalismo y comunismo de China es disruptiva. La cuestión es cómo lo hacemos para competir con esas empresas.

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