¿Qué está pasando en la economía mundial?

Manuel Balmaseda, Alicia García Herrero y Pedro Antonio Merino

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Resumen / Summary (Spanish)

El 8 de abril de 2020, la Fundación Rafael del Pino organizó el diálogo online sobre “¿Qué está pasando en la economía mundial?”, en el que participaron Manuel Balmaseda, economista jefe de CEMEX; Alicia García Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico de NATIXIS, y Pedro Antonio Merino, director de estudios y economista jefe de REPSOL. Alicia García Herrero llamó la atención sobre el hecho de que la reacción de Asia en primera instancia a la crisis del coronavirus fue bastante diferente a la de Europa. Esos países ahora están en una segunda fase de contagio, que llaman de importación de casos de Europa y de Estados Unidos. En esa primera fase solo hubo 60 millones de personas confinadas, todas ellas en la provincia de Hubei. En el resto del país, en cambio, no se produjeron confinamientos. Por tanto, la movilidad ha sido muy superior. Aun así, el impacto económico en toda Asia está siendo dramático. La excepción, hasta el momento, es Taiwan. Los demás países, sin embargo, es muy probable que entren en recesión. El impacto será importante cuanto mayor sea la falta de movilidad y cuanto más se prolongue en el tiempo. Asia ha reaccionado un poco tarde en materia de políticas monetarias y fiscales. Esto es una lección que tenemos que aprender. Allí los paquetes fiscales todavía están preparándose o anunciándose. Lo ideal hubiera sido que los gobiernos hubiesen tomado medidas económicas preventivas para evitar ese shock tan fuerte sobre la economía. Manuel Balmaseda añadió que las medias que se han tomado en Estados Unidos y Europa son muy diferentes porque en ellas ponderan distintas cosas de forma diferente. No obstante, los europeos y los americanos deberían haber aprendido de Asia y haber tomado medidas sanitarias, monetarias y fiscales. Las medidas económicas han sido mucho más rápidas, pero las sanitarias, sin embargo, han llegado algo tarde. Fue un poco iluso, especialmente por parte de los americanos, el pensar que el contagio no iba a salir de Asia. Pese a ello, la respuesta monetaria y fiscal en Estados Unidos fue mucho más rápida. En esta crisis ha habido tres shocks simultáneos: el de salud del coronavirus; el financiero, en forma de ajuste espectacular de los mercados, y el del petróleo, por la subida de su precio, que afectó incluso más que los otros dos. Como Europa y Estados Unidos ya estaban actuando frente al shock financiero, pudieron responder más rápido al del coronavirus. Eso les ha ayudado. Gracias a ello, los mercados financieros ya están relativamente estabilizados. Por lo que se refiere a la política fiscal, Estados Unidos ha sido muy agresivo. Alemania también, con un paquete de gasto de más del 20% del PIB. Pero, más que la magnitud, lo importante tiene que ser la rapidez y flexibilidad con que estos estímulos lleguen a los ciudadanos y a la economía. Estos estímulos se han puesto en marcha para mantener el dinamismo de la economía mientras se producía el parón productivo, para mantener a la economía en la UCI. Pero solo sirven para eso. Todavía queda una parte, que es la respuesta a una crisis de confianza y las medidas que hay que tomar para superarla. En estos momentos hay dos prioridades, salvar vidas y salvar el modo de vida, que la economía pueda volver a crecer después de la crisis. Ahí tenemos que empezar a centrarnos. Por lo que se refiere a la salida de la crisis, Manuel Balmaseda indicó que cada economía se ve afectada de forma diferente. En este aspecto hay tres factores a tener en cuenta: la profundidad del choque, su duración y la recuperación o salida de la crisis. Cuanto más profundo y duradero sea, más difícil y costosa será esa salida. Hay países que han tomado medidas contra la movilidad, en especial en América Latina, porque sus sistemas sanitarios no tienen la capacidad de aguantar lo que han aguantado los sistemas europeos. Pero eso ha sido un coste económico muy alto debido al bajo nivel de renta de esas naciones. Hay una serie de sectores que se van a ver mucho más perjudicados, porque las pérdidas que se produzcan ahora no van a poder recuperarse, por ejemplo, en servicios como turismo y hostelería que les va a resultar difícil recuperarse una vez que termine la crisis. Ya lo está siendo y en la salida también lo será. Algo parecido sucede también con el comercio minorista, también en menor medida la construcción y las manufacturas. Por tanto, hay que salvar las empresas porque la vida sigue después Según Alicia García Herrero, esta crisis es especialmente dura porque implica una pérdida de nivel que no se recupera. Además, la falta de movilidad hace que el shock sea especialmente fuerte para el factor trabajo. Entonces, cualquier país que dependa de servicios intensivos en empleo van a sufrir más, máxime si son servicios que no son fácilmente sustituibles por trabajo online. Este tipo de shock es especialmente negativo para los sectores importantes de la economía española. Pedro Antonio Merino añadió que hay un elemento fundamental. Se trata de los precios de las materias primas, que están muy ligados a la evolución de la industria manufacturera, razón por la cual han caído. En el caso del petróleo, esa caída se ha visto incrementada por la guerra de precios. Esta situación tiene un componente fundamental y es que los países productores de petróleo son el 17% del PIB global, y con materias primas suponen el 25%. Estas naciones tienen emitida deuda por valor de 25 billones de dólares. Esto ha producido casi el colapso del mercado de fondos americano. Este es el primer efecto adicional de la crisis del petróleo y de las materias primas. La movilidad, que supone un 60% de la demanda de petróleo, ha caído un 70%, salvo la de mercancías. Por tanto, si no hay un recorte de producción por parte de la OPEP, tendremos muchísimos problemas y veremos muchísimos aumentos del balance de la FED porque estos países están tratando de obtener liquidez vendiendo sus activos directamente o a través de repos. Alicia García Herrero llamó la atención sobre una cuestión: qué tipo de realidad económica vamos a vivir en la salida de la crisis. Una realidad que no tiene por qué ser la misma que cuando entramos en ella. De hecho, ya no era la misma antes de que llegara Trump, o Xi Jiping en 2013. Desde 2008, la realidad ha ido cambiando hacia una desglobalización de las cadenas globales de valor, del comercio, incluso de las finanzas. Ahora, con el coronavirus, se desploma la globalización de personas. La pregunta, por tanto, es a qué nivel de globalización vamos a volver, si vamos a regresar al nivel inicial. Mi impresión es que no. Vamos a una realidad de un mundo dividido en dos grandes poderes hegemónicos, separados por quién tuvo la culpa del coronavirus. Va a ser más difícil defender esa globalización. Esto nos va a afectar directamente. Manuel Balmaseda también reconoció que estamos en un proceso de reducción de la globalización que no es nuevo. El coronavirus vuelve a ponerlo encima de la mesa con razones más importantes, como la sanidad. Vamos a tener un proceso de desglobalización, o más bien un cambio importante en las cadenas de valor, porque va a haber que diversificarlas. Seguramente encontraremos un proceso más regional de cadenas de valor. Un país como México se puede beneficiar de ello. Lo mismo puede decirse de los países periféricos de Europa respecto a Alemania. El problema es que Alemania depende de China. La parte que sí va a volver es la de turismo, pero le va a llevar más tiempo porque depende de la renta, que tardará más en recuperarse. Es el sector que más se va a ver golpeado por esta crisis. Por eso tenemos que vender medidas, como calidad de la sanidad y protección, para garantizar a los turistas que están cubiertos. Ya deberíamos estar pensando en ello. La pregunta es cómo te posicionas. Para eso hay que pensar en el más allá de la crisis. Pedro Antonio Merino indicó que esta crisis es fundamentalmente del sector servicios. Esto no es una crisis de cadenas de valor industriales. En ese ámbito ya había un proceso de regionalización y la situación actual va a acelerarlo en algunos sectores. Tampoco sabemos de qué manera vamos a salir de ella porque el shock de oferta está amplificando el shock de demanda. Es pronto para decir que las cadenas de valor van a deshacerse. Además, la gente piensa que el sudeste asiático sigue siendo más barato, pero allí el PIB está muy concentrado en megaciudades y va a ser muy difícil que el confinamiento no sea muy prolongado. Si se agotan los inventarios hay un problema con esas cadenas. De hecho, todavía no estamos en esa situación, pero sí al borde de ella. Manuel Balmaseda matizó que no es que se vayan a romper las cadenas globales de valor, sino que existe la necesidad de generar nuevas cadenas porque ahora salen todas del mismo lugar: China. Va a haber una diversificación de cadenas de valor, lo cual va a beneficiar a algunos sitios donde ahora no están instaladas. Ahí es donde países que no participamos mucho en ellas tenemos un papel que jugar. Alicia García Herrero tampoco ve una ruptura de las cadenas de valor porque están muy centradas en China. En productos intermedios, por ejemplo, representa el 32% de la producción mundial. Pero sí que va a haber una diversificación, por los problemas que hemos experimentado con el material médico y con otros bienes, lo que supone depender de un solo origen el 70% o el 80% de la producción. No vamos a volver a esta realidad. Se va a reducir y se utilizará a otro tipo de países para cubrir la demanda asiática. Y, para Europa se prefiera tener otro centro de producción en ella que no la haga depender de un solo centro neurálgico. Eso puede favorecer mucho a España, pero hay que prepararse para competir con países como Portugal, Grecia y otros países de salarios más bajos. Podemos competir con ellos con ventajas como la capacidad de la red de internet. También mediante una fiscalidad favorable para atraer inversión directa productiva, porque el empleo en el sector servicios después de la crisis se va a ver limitado, pero para eso hay que atraer inversión. Los países están buscando desesperadamente centros de producción. Lo fiscal es fundamental para estas empresas. A la hora de analizar la salida de la crisis por parte de la economía española, Pedro Antonio Merino destacó que hay que tener en cuenta dos elementos: a qué velocidad vamos a salir y si, diferencialmente, nos veremos más influidos. Si se piensa en el 2021, en si hay algún sector capaz de aprovecharse de las dudas sobre las cadenas de valor, hay que preguntarse cómo conseguir que las empresas que hay en la actualidad no desaparezcan. Lo que preocupa es conseguir que las empresas no cierren y que el golpe de demanda no nos lleve a que la crisis sea tan fuerte, porque las empresas tardaran en reconstruir su balance y contratar a gente, lo cual retrasará decisiones de consumo o de adquisición de vivienda. Con ello está en riesgo casi el 40% de la economía española. Por eso tiene que estar en las mejores condiciones posibles para cuando llegue la recuperación. Manuel Balmaseda distinguió entre medidas de contención y medidas de reacción. Hasta ahora hemos tenido medidas de mantenimiento de la estructura productiva, como ayudas a empresas y familias, pero en algún momento tendremos que ponernos delante de la situación y empezar a pensar ya en las decisiones de política económica. La gente tiene miedo y una de las cosas que hay que hacer es pedagogía. El PIB en todos los países va a estar en recesión bastante profundas, las mayores desde la Gran Depresión o incluso peores. La caída del PIB en Estados Unidos es del 9%, en Alemania del 4%, en Francia del 6%, en España del 8%. Lo que igual tenemos es una recesión muy dura pero breve, porque esta no es una recesión normal; esto ha sido un parón de actividad y eso tiene un impacto radical sobre la economía. En ese sentido, España tiene que empezar a hacer los deberes bien. Las medidas de los bancos centrales son impensables hace unos años, pero han hecho su labor. Quien no está haciendo su labor es Europa, y eso nos puede generar una crisis dentro de un par de años, como ya lo hizo la crisis financiera, pero igual con consecuencias peores. En España, parte de los problemas que vamos a tener son de deuda. La pregunta no es qué déficit tienes, sino para qué lo utilizas. No puedes generar los incentivos inapropiados de cara a la reactivación. Los problemas de deuda vienen, fundamentalmente, por la percepción de la voluntad de pago. Hay que hacer política fiscal expansiva, pero también hay que dar confianza a los mercados. La salida del confinamiento tiene que ser escalonada, por zonas y por sectores. Alicia García Herrero advirtió de que en España deberíamos pensar en la salida escalonada. Hay que hacer planes que han de conocerse, hay que saber qué tipos de actividades se van a abrir y en qué plazos para irlas preparando. Deberíamos saber el orden en que se abren. Una vez que sepamos eso hay que entender que no todo se puede salvar, por eso hay que saber qué sectores son más estratégicos o relevantes. Pedro Antonio Merino dijo que, si uno mira lo ocurrido en Hubei y que hay un decalaje muy importante en notificaciones de diagnósticos, lo que uno ve es que en España eso está reduciéndose, pero la salida es una decisión del gobierno. Una vez que consigues manejar la parte más dura de la crisis, el gobierno tendrá que elegir si recuperamos la actividad más o menos rápidamente, pero para eso también hay una incertidumbre, porque si se siguen los contagiados asintomáticos, estos son más y tienen carga viral para contagio. Habría que abrir los sectores poco a poco y medir las personas que están contagiadas. Esa es la dinámica que va a permitir recuperarnos. El miedo es que España es un país en términos de PIB que tiene la posición internacional neta más alta después de Estados Unidos. Eso es malo si no hay una solución europea a la financiación de la economía, o si esas medidas de acompañamiento europeo se vean limitadas. Manuel Balmaseda expresó su preocupación respecto a la ayuda de Europa. La respuesta que dé ahora es muy importante, incluso si no es óptima. Es necesario que se envíe una señal a los ciudadanos de que Europa importa. Si no, tendremos una crisis en dos años ante la incapacidad de Europa de dar una respuesta a la crisis. Europa es la solución para España, pero también para Alemania. Alicia García Herrero añadió, al respecto que lo que realmente deberíamos estar pidiendo toda Europa es que la idea por la que estamos todos en la UE se cumpla. No queremos otra cosa. El mercado único, en vez de reafirmarse con el tiempo, se está resquebrajando. No se trata de solidaridad, sino de respeto a la integración europea, sin la cual no podemos tener una integración monetaria de la que no es tan fácil salir. Esto tiene que llevar a un reparto mayor de responsabilidades fiscales. Pedro Antonio Merino afirmó que esto es un shock que debería dar lugar a una mutualización. No la va a haber porque no está en las obligaciones de los países hacerlo, pero se necesita una financiación que no ponga en peligro la sostenibilidad a largo plazo. Habría que dar dinero del Mecanismo Europeo de Estabilidad, con una condicionalidad más reducida. Debería haber algo más que un fondo interestatal. El BCE ha tomado medidas que suponen una vuelta de tuerca muy importante, como descontar préstamos con garantías del Estado, las quitas sobre esos descuentos o esos bonos. Eso va en la línea de que no nos vamos a ir del euro. Si no se avanza en la mutualización, deberíamos tener un second best. España es el segundo país que dice que no confía en el liderazgo de su gobierno, con lo que tenemos un problema fiscal y financiero.

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