El sector exterior de la economía española frente al nuevo escenario internacional

Encuentros

José Luis Feito, Fernando Fernández Méndez de Andés, Jaime García-Legaz, Coriseo González-Izquierdo, Esther Gordo, Silvia Iranzo, Javier Serra Guevara y Jaime Requeijo (moderador)

Inicio: 24-02-2020

Fin: 24-02-2020

Hora: 19:00

La Fundación Rafael del Pino y el Colegio de Economista de Madrid organizó, el 24 de febrero a las 19 horas el diálogo «El sector exterior de la economía española frente al nuevo escenario internacional» con motivo de la publicación de un nuevo monográfico editado por el Colegio de Economistas de Madrid sobre el sector exterior de la economía española, coordinado por Jaime García-Legaz.

El acto se desarrolló de acuerdo con el siguiente programa:

Bienvenida
Vicente J. Montes Gan, Director, Fundación Rafael del Pino
Pascual Fernández, Decano, Colegio de Economistas de Madrid

Diálogo
José Luis Feito, CEOE. «Reformas estructurales y competitividad»
Fernando Fernández Méndez de Andés, IE Business School. «Posición financiera internacional»
Jaime García-Legaz, DIA, S.A. y AENA Internacional. «La reforma de los instrumentos financieros de apoyo a la internacionalización»
Coriseo González-Izquierdo, OMIE. «Vigencia de las políticas comercial y de internacionalización»
Esther Gordo, Banco de España. «Implicaciones del auge del proteccionismo»
Silvia Iranzo, ICO. «La balanza de pagos»
Javier Serra Guevara, ICEX. «Oportunidades de negocio internacional para las empresas españolas»
Jaime Requeijo, UNED e IEB (moderador)

Resumen

El 24 de febrero de 2020 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino el encuentro “El sector exterior de la economía española frente al nuevo escenario internacional”, con motivo de la publicación del monográfico sobre el sector exterior publicado por el Colegio de Economistas de Madrid. El primero en intervenir fue José Luis Feito, miembro de la Junta Directiva de CEOE, quien señaló que por competitividad exterior de un país no solo se tiene que entender la capacidad de competir de las empresas en el exterior, sino también su capacidad para competir con las empresas de su país que producen bienes no comercializables. Esto es importante porque las empresas de un país pueden ser muy competitivas en el exterior, pero ese es un sector pequeño porque en ese país son mucho más rentables las actividades que producen bienes y servicios no comercializables internacionalmente. Feito considera que para saber cuáles son los indicadores más fiables para medir la competitividad de España nuestro país tiene un test que debería ser infalible para filtrar los indicadores. La economía española tuvo una gran pérdida de competitividad entre 2001 y 2010 y tuvo una recuperación intensa de competitividad entre 2012 y 2017. Un buen indicador de competitividad debe ser capaz de recoger estas señales. El déficit comercial, o el indicador de competitividad del World Economic Forum, no recogen esta realidad. Los indicadores de precios relativos de la industria tampoco sirven, porque la importancia del sector servicios es enorme y, además, el comercio internacional de servicios en los últimos años ha crecido mucho más rápidamente que el de bienes. Las cuotas de exportación de bienes tampoco sirven, por las mismas razones. El mejor indicador para medir la competitividad en España es el tipo de cambio real deflactado por los costes laborales unitarios. Dicho de otra forma, el coste laboral unitario en España, partido por el coste laboral unitario en el resto del mundo y multiplicado por el tipo de cambio efectivo. De esta forma, si el ritmo de crecimiento de nuestros costes laborales es superior al de otros países, por ejemplo, los de la zona euro, estamos perdiendo competitividad. El ritmo de crecimiento de los costes laborales unitarios viene dado por el aumento de los costes laborales (salarios, cotizaciones sociales, etc.) menos el crecimiento de la productividad. La función macroeconómica de la competitividad exterior es preservar los equilibrios macroeconómicos, conciliar el equilibrio interno y el equilibrio externo de la economía. Cuando los niveles de competitividad son adecuados y cuando el país tiene capacidad para limitar las pérdidas de competitividad y recuperarla rápidamente, los desequilibrios económicos son menos aparatosos. En última instancia, la estabilidad macroeconómica afecta al crecimiento a medio y largo plazo. Para preservar la competitividad es necesario abordar la reforma del mercado de trabajo. Esto se debe a que, a causa de la estructura del mercado de trabajo, la desviación entre el crecimiento de los costes laborales y el de la productividad en España es mucho más amplia y persiste durante mucho más tiempo que en cualquier otro país porque en España los costes laborales son mucho más rígidos al paro. El otro problema es la fiscalidad. En España, el porcentaje de los costes laborales que representan las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social es mucho más elevado que en cualquier otro país. Esta es una de las fuentes de la rigidez laboral. La otra parte del problema es la estructura de la fiscalidad, porque tiene un peso excesivo de los impuestos directos por las cotizaciones sociales y por la tributación del ahorro, mientras que tiene una de las imposiciones indirectas más bajas de Europa. Jaime García-Legaz, ex secretario de Estado de Comercio y consejero de Día y Aena Internacional, se refirió a la mejora de la instrumentación de las políticas públicas de apoyo a la internacionalización de la empresa española. A partir de 2012 se acometió una reforma en profundidad de las políticas de promoción exterior, concentrándolas en un solo organismo, el Icex, para facilitar las sinergias y la eficacia. Eso permitió importantes ganancias de eficacia y de eficiencia. El Icex se convirtió en un instrumento de producción de información valiosa y personalizada. Es decir, no tratar a todas las empresas por igual, sino dar un tratamiento personalizado en el requerimiento de servicios por parte de las empresas. También se convirtió al Icex en un mecanismo de generación de servicios de alto valor añadido para las empresas no demandados por ellas. En ese proceso de reforma hay que dar un paso más y llevarla a los instrumentos financieros de apoyo a la internacionalización, porque carecen de potencia y del adecuado nivel de eficacia y eficiencia que se requiere. Existen instrumentos de préstamo directo, gestionados por el Ministerio, tenemos también un conjunto de instrumentos administrados por el Icex, un tercer conjunto administrados por Cofides y, finalmente, Cesce, a través del seguro de crédito a la exportación. Lo que se propone es dotar de mucha más potencia a estos instrumentos. Hay muchas operaciones de exportación que no salen adelante porque no cuentan con la financiación garantizada del Estado. Muchas veces, los frenos a la exportación proceden del Ministerio de Economía, debido a los techos de riesgo y al carácter restringido que se aplica a las coberturas de riesgo. Habría que fijarse más en la ambición con que otros países europeos aplican estos instrumentos de apoyo a la exportación. Se trata de entender la potencia del seguro de crédito a la exportación y que solo es un seguro, es decir, que, si no existen siniestros, no existe el seguro. También habría que concentrar todos esos instrumentos en una sola institución. Coriseo González-Izquierdo, ex consejera delegada de Icex y consejera de la Oficina Comercial de España en Tokio, destacó que uno de los grandes valores de Icex es que cuenta con la flexibilidad suficiente para adaptarse a las necesidades de las empresas en entornos diversos por esa atención personalizada. La transformación del sector exterior de nuestra economía ha sido realmente espectacular. Sin embargo, cuando analizamos nuestras debilidades potenciales, vemos que algunas de las cuestiones que se detectan son cuestiones de las que venimos hablando desde hace muchos años, que hemos superado en gran medida, pero que nos queda un paso más desde el punto de vista de la promoción y el refuerzo de los instrumentos. Desde esta perspectiva, hay tres problemas fundamentales: el aumento de la base exportadora, la diversificación de mercados de exportación y el aumento del valor añadido de nuestras exportaciones. La evolución de la base exportadora ha sido muy favorable desde 2009. Desde esa fecha, el número de exportadores regulares ha aumentado el 30%. Ahora bien, el 0,3% de los exportadores totales, que son los 510 mayores exportadores regulares, continúan siendo responsables del 56% del total de nuestras exportaciones. Respecto a la diversificación de los mercados de exportación, la diversificación geográfica es una cuestión a la que hay que prestar atención. En 2003, el 75% de nuestras exportaciones se dirigían a la Unión Europea, pero, a raíz de la crisis, este porcentaje se redujo al 63% en 2012. Desde entonces, ha ido aumentando poco a poco y ahora se sitúa en el 66%. Es decir, hay que prestar atención a la tendencia. En este contexto, uno de los objetivos que se plantea el Icex es atender no solo a la diversificación geográfica sino también a la diversificación de los canales de acceso a los mercados y la diversificación de los distintos públicos objetivos de los distintos segmentos de poder adquisitivo y otras características dentro de estos mercados. Uno de los desafíos más importantes que tiene Icex en este mundo de la digitalización, de las nuevas tecnologías, del comercio electrónico es llevar a cabo con éxito la iniciativa de gestión activa de la demanda. Icex, con su red de oficinas, es más fuerte a la hora de diseñar actividades que permitan a las empresas españolas acercarse a nuevos mercados o intensificar su presencia en los que ya son activas, que en identificar de manera proactiva y de forma más frecuente cuáles son las necesidades de los potenciales clientes que tenemos en los mercados, siendo capaces de dar una respuesta muy rápida acerca de cuáles son los posibles proveedores españoles para satisfacer esos tipos de demanda. Hay mercados exteriores en los que hay todo un entramado de actividad económica que escapa de las estadísticas que miden las relaciones comerciales bilaterales de España con otros países. Es el caso de Japón. España exporta allí 2.500 millones de euros anuales en mercancías y Japón exporta a España otro tanto. Pero si tomamos, por ejemplo, el caso de las tres grandes empresas españolas de componentes de automoción, vemos que venden casi 1.500 millones de euros a fabricantes japoneses fuera de Japón. Para poder ayudar a estas empresas a vender a esos clientes, hay que cuidar las relaciones con Japón, porque estas decisiones se toman en las matrices. En la diversificación geográfica juega un importante papel el conjunto de acuerdos de libre comercio y de asociación que firma la Unión Europea con terceros. Icex es muy activo difundiendo las oportunidades de negocio que surgen de esos acuerdos, porque la propia UE estima que, por muy ambiciosos que sean estos acuerdos, muchas veces el 40% de las oportunidades que ofrecen quedan sin ser aprovechadas por falta de conocimiento por parte de las pymes europeas. En cuanto al incremento del valor añadido de nuestras exportaciones, vemos que, además del contenido tecnológico, hay otros muchos factores de innovación en los que las empresas españolas han demostrado gran excelencia y que Icex apoya de manera muy significativa, por ejemplo, la gastronomía, la industria alimentaria, las empresas de lujo. Icex está trabajando en la incorporación de factores de sostenibilidad en los distintos segmentos de la exportación porque es un valor que se tiene cada vez más en cuenta. Según los estudios, un dólar invertido en la promoción de exportaciones genera un aumento de 87 dólares de exportaciones adicionales. Es un buen indicador para reforzar el presupuesto de Icex. Esther Gordo, economista del Banco de España, comentó que el giro hacia el proteccionismo de Estados Unidos es uno de los acontecimientos más inquietantes, más relevantes de los dos últimos años. Relevante por sus implicaciones para el crecimiento económico a corto y medio plazo, pero, sobre todo, relevante por la amenaza que supone para el sistema multilateral de relaciones económicas que, paradójicamente, se había sustentado en el empuje de Estados Unidos. Ese cambio en el entorno resulta muy importante para economías tan abiertas como las europeas y, por supuesto, la española. Hay tres cuestiones importantes. El proteccionismo no es un fenómeno nuevo. Ya lo veníamos arrastrando desde hace algunos años. La diferencia es que ahora es más agresivo. Segundo, en el camino de la internacionalización hemos cometido errores que hay que atajar porque han contribuido a crear el caldo de cultivo para esta tendencia proteccionista. Finalmente, a pesar de estos errores, el proteccionismo y los aranceles nunca son la respuesta adecuada. Desde la crisis financiera internacional se detecta un aumento constante del proteccionismo. Es un proteccionismo más sutil que los aranceles, se basa en barreras no arancelarias. Esto ya está surtiendo efecto sobre el comercio internacional. En este contexto surge el proteccionismo tan agresivo de Trump. Entre los factores que han contribuido a que surja este fenómeno está el modelo de crecimiento de la economía china, en la que predomina todavía un sistema de créditos baratos, prácticas competitivas no muy claras, imposición de transferencias forzosas de tecnología a las empresas que se quieren instalar allí, o una política de derechos laborales y de protección del medio ambiente que le conceden una ventaja competitiva frente a otras economías con regulaciones más estrictas. El segundo elemento es que la Organización Mundial del Comercio no ha sabido adaptarse con la flexibilidad adecuada a los nuevos tiempos. No ha sabido recoger nuevas formas de comercio, no ha sabido llevar a buen término nuevos acuerdos de comercio y su sistema de resolución de conflictos es lento y poco flexible. El sistema, por tanto, necesita una revisión. Por último, el elemento más importante es que se ha sido demasiado ingenuo a la hora de valorar los efectos que el libre comercio tiene sobre determinados segmentos de la población. Los aranceles, sin embargo, no son la respuesta adecuada. Las guerras comerciales no son fáciles de ganar porque suponen pérdidas generalizadas para todos los actores implicados. Los aranceles que se han levantado desde 2018 han frenado el crecimiento económico global en 0,5 puntos porcentuales. Además, hay dos elementos que hacen que esos efectos se amplifiquen de forma notable. El primero es la incertidumbre, porque los incrementos de aranceles han venido acompañados de amenazas continuas. Esto ha creado un clima de incertidumbre en el que no es fácil tomar decisiones de inversión, ni iniciar nuevas relaciones. Este efecto es tan importante como el que se deriva de los aranceles. El otro elemento es el impacto de los aranceles a través de las cadenas globales de valor. En este sentido, los estudios señalan que, en una guerra comercial, pierden tanto China como Estados Unidos, aunque China pierde más, sin que se produzca mejora alguna en el déficit comercial. Silvia Iranzo, ex secretaria de Estado de Comercio y consejera del ICO, indicó que la balanza de pagos de hace diez años tiene en común con la actual el déficit comercial, que nos ha acompañado siempre. No obstante, si en 2008 era elevadísimo, ahora se ha moderado, lo que refleja los esfuerzos que se han hecho. Este déficit comercial ha sido compatible con un aumento de la exportación a lo largo de los diez últimos años. La exportación de mercancías aumentó el 50% a casi 300.000 millones de euros, con una tasa anual acumulativa de crecimiento del 4%. Aquí ha habido un milagro exportador, pero nuestra cuota de exportaciones se mantuvo, cuando disminuyó en Alemania, Francia, Italia, Estados Unidos, Reino Unido, lo cual es muy meritorio. El Gobierno ha ayudado para atender mejor las necesidades de las empresas exportadoras, pero las empresas son las verdaderas protagonistas de este milagro. La exportación ahora está cambiando de ciclo. La desaceleración es patente a causa de la desaceleración económica mundial, las tensiones comerciales globales, la incertidumbre por el Brexit, el retroceso en la globalización. La balanza de servicios también ha sido un rasgo común en los diez últimos años. Siempre ha tenido superávit, pero no tanto como ahora. Seguimos teniendo superávit en turismo, pero también estamos empezando a ser una potencia en servicios no turísticos. Otro elemento que nos ha acompañado es el déficit de la balanza de renta secundaria, a causa de los movimientos de fondos con la UE y de las remesas de inmigrantes. Como elementos diferenciales tenemos, en primer lugar, el vuelco del saldo de nuestra balanza por cuenta corriente, que ha pasado de un déficit del 10% del PIB, el segundo mayor del mundo después de Estados Unidos. Esto engrosó nuestra deuda externa. Ahora, desde 2013, tenemos superávit en dicha balanza, aunque en desaceleración. La falta de diversidad de nuestra exportación, demasiado concentrada en la Unión Europea, se ha revertido un poco, pero no lo suficiente. Hemos aumentado algo la exportación a Asia, pero no lo suficiente. Esto es nuestra asignatura pendiente. Por sectores, sigue aumentando la proporción de la exportación del sector alimentario, y la de productos textiles. El problema es que estos sectores son los más expuestos a la imposición de aranceles. También hemos mejorado el saldo de la balanza de renta primaria, debido a que pagamos muy poco por nuestra deuda pública gracias a los programas de compra del BCE. La inversión de España en el exterior sigue aumentando. Seguimos siendo muy competitivos a la hora de captar inversiones extranjeras. La posición de inversión internacional neta, sin embargo, es deudora. Esto es una vulnerabilidad si los capitales extranjeros deciden retirarse. En este ámbito, estamos en una situación muy similar a la de 2010. La posición deudora se debe la deuda pública, por lo que es necesario reducirla y, para ello, hay que bajar el déficit público. También hay que reducir la dependencia energética, tratar de exportar bienes intensivos en tecnología, para lo cual hay que invertir en I+D+i y en mejorar la educación, así como mejorar la calidad del sector turístico. Por último, Javier Serra, director general de Internacionalización de la Empresa del Icex, señaló que nuestras tienen mucha fuerza internacional y capacidad de incrementar su presencia exportadora, acudiendo a mercados en los que todavía no están presentes, en sectores como el automóvil, la farmacia, la química, el aceite de oliva, las aeronaves, productos cerámicos, vino o carne de porcino. Los sectores en los que hay demanda potencial de futuro para la exportación española estarían relacionados con las nuevas tecnologías, el desarrollo de los servicios, la sostenibilidad y el cambio climático y tendencias demográficas como el envejecimiento de los países desarrollados. Por el lado de la oferta, los sectores en los que las empresas españolas tienen potencial de futuro serían todos aquellos vinculados con el ciclo del agua, con la nueva movilidad de mercancías y servicios, consumo sostenible, entretenimiento audiovisual, infraestructuras sostenibles y resilientes, tecnofinanzas, biotecnología roja y verde, aeronáutica espacial y ciberseguridad.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

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