Hacienda somo todos

María Blanco, Carlos Rodríguez Braun y Luis Daniel Ávila

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Resumen

El 28 de enero de 2021, la Fundación Rafael del Pino organizó el diálogo online titulado “Hacienda somos todos”, en el que participaron María Blanco, profesora de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad CEU-San Pablo; Carlos Rodríguez Braun, catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid, y Luis Daniel Ávila, consultor de comunicación, productor audiovisual, fotógrafo y diseñador gráfico.

María Blanco inició el diálogo comentando que youtubers como El Rubius se van a refugios fiscales como Andorra para protegerse frene a las piedras tributarias que se arrojan contra los emprendedores.

Carlos Rodríguez Braun aclaró que el término “paraíso fiscal” se originó en un error de traducción. Viene de la expresión en inglés “tax haven”. “Haven” significa refugio, pero alguien la confundió con “heaven”, que significa cielo. Es decir, un sitio adónde vas porque te persiguen. De ahí el error. En temas fiscales también se produce un equívoco, porque las autoridades lanzan el mensaje de que el único impuesto malo es el que no se paga y, de esta forma, eluden el debate de los impuestos que sí se pagan. Lo de los paraísos fiscales, por tanto, es un truco para desviar la atención.

Luis Daniel Ávila añadió que personas como El Rubius están cumpliendo con quien tienen que cumplir, que es con sus familias y consigo mismos. Además, no está prohibido que una persona se mueva a donde quiera, incluido Andorra. Esto le recuerda una frase de Thomas Sowell, que no entendía por qué se tildaba de avaricioso al que quiere disfrutar del dinero conseguido con su trabajo y no a quien quiere vivir del dinero ajeno.

Rodríguez Braun recuerda que hay que pagar impuestos porque no hacerlo es cometer un delito. La cuestión, por tanto, no es si hay que pagarlos o no, sino porque hay que pagarlos, puesto que el Estado nunca explica la verdadera razón. Lo que hace es lanzar propaganda para tratar de disolver el Estado en la sociedad, diciendo que estamos todos de acuerdo, que pagar impuestos es en beneficio de la comunidad y se paga por ese beneficio, para tener educación o sanidad. Pero esto es un equívoco, porque no se paga para tener educación, sino porque si no se paga impuestos, uno va a la cárcel.

María Blanco no sabe cuál es la cantidad de impuestos que habría que pagar. La respuesta depende de la capacidad de generar riqueza de una sociedad. Los bienes y servicios en los que el Gobierno emplea el dinero deberían reducirse al mínimo, lo que dependerá de la economía y del momento en que estemos. El ciudadano, con ese dinero, podría financiar el médico o la sanidad que elija, no el servicio que le diga el Estado. Educación y sanidad son servicios que deberían alcanzar a todos, pero su provisión no debe provenir necesariamente del Estado, porque lo que proporciona el Estado nunca es gratuito. El nivel de impuestos debe ser el adecuado para que la mayor parte del dinero posible esté en el bolsillo de los ciudadanos, para que el ciudadano pueda adquirir todos los bienes y servicios que desee de la mejor manera posible.

Rodríguez Braun aclaró que esta cuestión del impuesto mínimo encierra bastantes trampas. Desde el punto de vista teórico, Knut Wicksell se planteó esta cuestión a finales del siglo XIX en un artículo sobre cuál puede ser la tributación justa. La clave del asunto es que tiene que ser una imposición en la que todos estemos de acuerdo. La unanimidad es lo más parecido a una fiscalidad que cumpla la justicia. En la realidad estamos muy lejos de eso, con un Estado que redistribuye para darles a unos quitándoles a otros. Con una mayoría cualificada habría sido mucho más difícil subir los impuestos que lo que ha sido en la práctica. El gasto público sube hasta que la rentabilidad política del último euro gastado resulte inferior al último euro recaudado.

Luis Daniel Ávila dijo que muchas veces tenemos la impresión de que no podemos disminuir los impuestos y el gasto porque hay ciertos servicios necesarios que solo pueden ser administrados por el Estado, como educación o pensiones. Pero antes, estas actividades fueron provistas por proveedores privados y a precios convenientes. En el siglo XX, el Estado se metió en estos nichos y expulsó a los proveedores privados, compitiendo con ellos y haciéndoles pagar la cuenta. Esto sucedió a principios del siglo XX. En internet existe ya, per se, la educación gratuita y de calidad que cualquier persona pueda necesitar. ¿Cuándo se ha incorporado eso al sistema educativo?

Respecto a la progresividad del sistema fiscal, María Blanco señaló que asumimos que los ricos no aportan nada, o que todos aportamos exactamente por igual. Se piensa que solo se aporta si se da dinero al Estado, no si se hacen otras cosas, como el empleo que uno crea, las expectativas que se generan. Pero eso no se considera aportación, solo lo que se da al Estado, que es una decisión que toman los gobernantes de acuerdo con sus propios criterios e intereses. Solo tiene en cuenta la riqueza que uno genera para su propio beneficio, no la que genera para el conjunto de la sociedad.

La progresividad tiene una capacidad de señuelo, advierte Carlos Rodríguez Braun. El señuelo consiste en que algún otro va a pagar el gasto público, los ricos. Los estados, una vez que alcanzan cierto peso, no pueden descargar su responsabilidad sin hacer pagar a la población. Además, la proporcionalidad tiene una carga de profundidad y es que los impuestos proporcionales pueden ser muy altos.

Para Luis Daniel Ávila, hay un problema con el término contribución, porque la contribución es voluntaria y el impuesto no. Si nos dejaran contribuir voluntariamente habría que ver cuánto podría recaudar el Estado. Es un truco retórico que utiliza el Estado para hacernos pensar que pagamos porque queremos algo. El precio que se tiene que pagar por los servicios públicos es, simplemente, más de lo mismo, un truco para tratar de convencernos de que tenemos que pagar. Los bienes y servicios públicos por los que supuestamente pagamos no son provistos por el Estado. El médico da el diagnóstico, la clase la imparte el profesor. Estamos confundiendo a los profesores que ofrecen el servicio mientras el político se lleva el beneficio electoral de haber incurrido en más gasto público. El estado funciona mal, ineficientemente. Estas tareas se podrían realizar con menor costo y más calidad. El único grupo que puede decidir en España si quiere un servicio público o privado sin tener que pagar por los dos, es el de los funcionarios, y el 85% de ellos se decanta por la sanidad privada. Será por algo.

Otra mentira clamorosa, advierte Rodríguez Braun, es la idea de si uno tiene que pagar más impuestos es porque otros no contribuyen. Los fríos datos revelan que es una mentira clamorosa. En las últimas décadas hay cada vez más declarantes, pero los impuestos no han hecho más que subir.

Para María Blanco, la afinidad entre los mensajes de Pablo Iglesias y los del régimen franquista demuestra que el Estado va siempre en la misma línea. El hecho de asumir que los cálculos de Hacienda implican ser fiel a ti mismo es como asumir que Hacienda eres tú y que la fidelidad a Hacienda es la fidelidad a ti mismo, y que hacienda es la patria. Es el típico truco emocional, porque se utiliza aquello que mueve los corazones de la gente, pero la realidad es que lo único que se pretende es que pagues y que te calles.

Respecto a la teoría monetaria moderna, Carlos Rodríguez Braun comenta que, desde hace tiempo, se fantasea con la idea de que como el dinero es riqueza, por qué no multiplicarlo. Esto no es verdad. La expansión monetaria es un impuesto. Fueron pensadores españoles (la Escuela de Salamanca) los primeros que se dieron cuenta de esto. Pasan los siglos y las falacias se repiten.

María Blanco advierte que la teoría monetaria moderna no tiene nada de moderna. La cuestión es si lo que hace es sustentar el gasto o si el gasto fuerza a los teóricos a lanzar esta propuesta nefasta.

Lo que está en juego con la propaganda fiscal es la legitimidad del poder político, indica Carlos Rodríguez Braun. Todo poder necesita legitimarse no solo mediante la violencia, sino también mediante la propaganda. Por eso, es muy importante para él transmitir la idea de que estamos contentos con él. La idea de que hay personas que no lo están es una idea criminal. Mientras dice que estamos encantados con él, procura hacer todo lo posible para que los impuestos no se noten. El Estado está tratando permanentemente de ocultar el peso de su coste fiscal mientras exagera el beneficio de sus gastos.

María Blanco comenta que, cuando uno no está de acuerdo con el sistema fiscal de su país, no se manifiesta contra ello. Por supuesto, defraudar es un delito y te meten en la cárcel por ello, pero si te vas, como El Rubius, también te demonizan. Entonces, ¿qué es lo que puedes hacer? No puedes hacer nada y, encima, te dicen que, como has nacido en este país, tienes que permanecer en él, aunque estés atado a impuestos. Estamos en una situación de encierro fiscal.

Luis Daniel Ávila critica que el Estado nos somete a una especie de chantaje emocional con el argumento patético de apelar a las emociones. Cuando busca obtener rédito con su propaganda dirige todos sus mensajes a nuestros temores, a nuestros miedos, sobre todo al miedo al aislamiento y al repudio social. Por eso, es difícil cambiar aquello de lo que nos han convencido.

Volviendo a los paraísos fiscales, Carlos Rodríguez Braun habla de la inquietud que les suscita a muchos que haya paraísos fiscales. Esta cuestión, nuevamente, está mal planteada, porque no se pregunta por qué existen los paraísos fiscales. Los Estados dicen que solo pueden ser fruto de la maldad humana, pero nunca piensa nadie que pueden existir porque los impuestos son muy altos en otras partes.

Para Luis Daniel Ávila, los impuestos siguen subiendo en tanto en cuanto eso siga siendo útil para el político. Decir que el gasto público va a subir les da votos, pero se tiene que financiar. Hay tres vías: la inflación, los impuestos presentes y los impuestos futuros que es lo que es la deuda pública. Cuando ya no puedan subir más los impuestos porque el hastío ciudadano ya sea tan grande, optarán por seguir subiendo la deuda pública hasta que la crisis estalle.

La clave, apunta María Blanco, no es tratar de bajar los impuestos, sino tener una Hacienda sin esas capas de grasa de un gasto público desorbitado.

Las esperanzas de un consenso en el mundo de la política para bajar los impuestos son pocas, lamenta Rodríguez Braun, porque los políticos son los que han subido los impuestos en nuestro país, con el argumento de que hay que defender el Estado. La esperanza está en la opinión pública. En la medida en que se extienda la desconfianza en estos mensajes milagreros puede llegar un momento en que los políticos sean más criticados por eso y pueda haber un caldo de cultivo, porque los políticos también atienden a la opinión pública. Ahí estaremos en el principio del giro.

María Blanco piensa que, al final, van a ser los ciudadanos europeos quienes van a decidir sobre el gasto en España porque no pueden más. Los socios europeos nos miran diciendo que tenemos un gobierno descomunal, un desequilibrio fiscal excesivo, pero esto no es de este club. Pedirán que seamos más rigurosos.

Rodríguez Braun recuerda que, si analizamos la historia de las revueltas fiscales, que son antiquísimas, lo natural es protestar. Lo curioso es que en los últimos ochenta años se ha extendido la democracia como nunca y los impuestos han crecido enormemente sin que haya habido unas protestas tremendas. Pero esto no quiere decir que los gobernantes puedan hacer cualquier cosa. Lo que hay que hacer es promover la capacidad crítica de las personas porque, entonces, tendríamos más facilidad para no creer los mensajes engañosos que nos lanzan los políticos.

Luis Daniel Ávila, afirma que los políticos no pueden legitimarse si no es haciéndonos asumir el coste de lo que representan. Como son nuestros representantes, pueden meter en el saco lo que quieran.

Para Carlos Rodríguez Braun, la idea del contrato social es una ficción en la medida en que no se puede llamar contrato a aquello que uno no puede no firmar. Para hablar de contrato, todas las partes tienen que aceptarlo. La idea de contrato social la solapan con la idea de la democracia. Es una ficción. Lo peligroso de la democracia es que los gobernantes nos representan en cosas contradictorias, como preguntarles a los ciudadanos si quieren más gasto público, a lo que dirán que sí, y preguntarles, también, que si quieren pagarlo, a lo que contestarán que no. El Estado aprovecha esa contradicción.

María Blanco añade que, si no aceptas esto, si te niegas a votar, te dicen que estás fuera de la democracia. Los políticos no rinden cuentas. Sin embargo, aunque no vote, como pago mis impuestos, tengo derecho a protestar, a exigir que los políticos rindan cuentas.

Por último, Carlos Rodríguez Braun explicó que “Hacienda somos todos” es un eslogan que empieza con el franquismo. Los mensajes no han cambiado del todo, pese al paso del tiempo. En los primeros años de la democracia lo que decía Hacienda era “Hacienda ahora sí que somos todos”.

La Fundación Rafael del Pino no se hace responsable de los comentarios, opiniones o manifestaciones realizados por las personas que participan en sus actividades y que son expresadas como resultado de su derecho inalienable a la libertad de expresión y bajo su entera responsabilidad. Los contenidos incluidos en el resumen de esta conferencia, realizado para la Fundación Rafael del Pino por el profesor Emilio González, son resultado de los debates mantenidos en el encuentro realizado al efecto en la Fundación y son responsabilidad de sus autores.

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