Futuro: las grandes tendencias que lo definen

En las próximas décadas, el mundo va a experimentar una profunda transformación. Será muy distinto del que conocemos ahora. Varias grandes tendencias determinarán cómo será en el futuro. Está, por un lado, la evolución de la población, que cambiará la estructura demográfica del mundo. Por otro, esa misma población tiende a concentrarse en las ciudades. El cambio tecnológico, además, modificará la naturaleza del trabajo y de las relaciones laborales. Y todo ello se producirá en un contexto de cambio climático que habrá que afrontar. La confluencia de estos procesos determinará el futuro. Lo explican Mauro F. Guillén, catedrático de Dirección Internacional de Empresas en la Wharton School, y Moisés Naím, senior associate en el Carnegie Endowment for International Peace, en un diálogo organizado con motivo de la publicación del último libro del profesor Guillén 2030 Viajando hacia el fin del mundo tal y como lo conocemos (Deusto).

El futuro y la demografía

En las próximas décadas van a producirse transformaciones demográficas profundas, explica Naím. De los diez países más poblados en 2050, cinco serán asiáticos: India, China, Pakistán, Indonesia y Bangladés. Otros tres serán africanos: República Democrática del Congo, Nigeria y Etiopía. Otro más, Brasil, será Latinoamericano. El único país desarrollado de la lista será Estados Unidos. Los demás son países pobres, o inestables, o estados fallidos. Además, muchos de ellos son muy vulnerables al cambio climático. Estos elementos pueden ser fuente de tensiones. La lista, además, refleja dónde va a estar el centro de gravedad del mundo en el futuro.

Junto a ello, señala Guillén, habrá países en los que el 30% o 40% de la población tendrá más de 60 años. Además, cada generación que nace es menos numerosa que la anterior. Este hecho tendrá importantes consecuencias para los mercados de bienes y servicios y financieros. La esperanza de vida crecerá hasta los 85 ó 90 años. Y las mujeres continuarán progresando en su vida profesional, gracias a su mejor acceso a la educación. Esto hará que caiga la tasa de natalidad. Por tanto, en el futuro habrá más abuelos que nietos. Y el grupo de mayores de 60 años será el mayor segmento del mercado en términos de edad.

El cambio tecnológico y el futuro

Después tenemos el cambio tecnológico. En el pasado, comenta Naím, las nuevas tecnologías aumentaban la productividad, pero, al principio, destruían empleo. Después, surgían otros nuevos, más numerosos, estables y con mejores salarios. Ahora, en cambio, las cosas podrían ser de otra manera. La revolución tecnológica actual destruye empleos a un ritmo muy rápido y los reemplaza muy despacio. De esta forma, podría surgir una brecha permanente de subempleo e, incluso, desempleo. La cuestión, por tanto, es si la destrucción creativa schumpeteriana sigue funcionando. Si no es así, muchos países tendrán graves problemas porque no se creará empleo a la velocidad necesaria.

Un problema añadido, explica Guillén, es que estas tecnologías van a desplazar a los trabajadores de edad. Son aquellos a los que les resulta difícil aprender otra profesión o trasladarse a otro lugar. Lo importante, por tanto, es identificar los colectivos afectados porque son grupos muy concretos. Son los que no han podido subirse al tren del progreso. Un tren que no puede parar, ni dar marcha atrás. Si en una parte del mundo pretendemos aislarnos del cambio, otra parte del mundo va a avanzar. Además, es más fácil que estas nuevas tecnologías las adopten los países más atrasados. Los rezagados puedan pasar a la vanguardia. Esto se puede aplicar a los individuos que pierden su trabajo, pero también a una economía.

Cambio tecnológico y distribución de la renta

También hay que tener en cuenta los efectos distributivos de esas nuevas tecnologías, advierte Naím. Y, en particular, los de la inteligencia artificial y sus ramificaciones porque sus efectos distributivos son diferentes. En Latinoamérica y África hay muchas empresas a las que les resulta difícil aumentar de tamaño para adaptarse a ese cambio. Lo mismo sucede con las personas. Por ejemplo, ¿qué puede hacer un conductor de 50 años desplazado por los vehículos autónomos o los drones? No lo sabemos porque en el pasado no hay ejemplos de recualificación profesional a gran escala. Y el mundo hoy carece de la tecnología, el método y las instituciones para hacerlo a la escala necesaria. Lo cual nos introduce en el debate sobre la renta básica.

El profesor Guillén no descarta que esa renta deba existir, pero solo para aquellas familias que verdaderamente lo necesiten.  Si tiene carácter universal, afectará negativamente a los incentivos porque destruirá la cultura del esfuerzo. Al mismo tiempo, habría que discutir si los robots deben pagar impuestos para ayudar a recolocar a los parados tecnológicos.

El impacto del cambio climático

El cambio climático también es una variable fundamental en la ecuación que definirá el futuro. La gente tiende a concentrarse cada vez más en las ciudades. Es allí donde surgen las oportunidades laborales y de mejora del nivel de vida. Actualmente, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. El problema, advierte Naím, es que parte de ese nuevo mundo urbano va a estar sumergido. ¿Razón? El cambio climático. Hoy hay más refugiados en el mundo por su causa que por los conflictos armados. El cambio climático va a alterar nuestras vidas. Va a determinar fundamentalmente dónde y cómo vivimos, cómo nos transportamos, cómo nos conectamos. No sabemos cómo va a ser porque no tenemos precedentes. Lo que sí es seguro es que las ciudades van a estar más influidas por el cambio climático que por otras tendencias, señaló.

En este sentido, el cambio climático va a tener un impacto enorme en Asia, indica el profesor Guillén. Se debe a que la mayor parte de sus aglomeraciones urbanas se encuentran en la costa. Lo peligroso para el futuro es que en el sur de Asia y en el África subsahariana el 60% de la población todavía vive en el medio rural. Estas personas tienen incentivos para emigrar hacia las ciudades porque apenas tienen oportunidades en el campo. Eso aumentará la presión demográfica sobre esas áreas urbanas que se verán más afectadas por el cambio climático.

La conducta de los consumidores

¿Cómo afrontar ese problema? Evidentemente, se necesita un acuerdo de los gobiernos. También son precisas innovaciones tecnológicas. Pero, destaca Guillén, tampoco podemos olvidarnos de los ciudadanos y su comportamiento como consumidores. Hay una serie de comportamientos cotidianos que pueden ayudar a resolver el problema. Por ejemplo, comprar ropa de algodón en vez de prendas de nylon. También, intentar compartir la comida, en vez de tirar el 30% de los alimentos que entran en nuestros hogares. O tratar de usar más el transporte público.

Además, sigue Guillén, el principal problema será el cambio de la dinámica en los océanos porque regulan la temperatura en el resto de la Tierra. Esto causa una disrupción enorme en la economía global. Asociado a ello está la crisis en la producción agrícola, por la escasez de agua, por la mayor frecuencia de eventos climatológicos extremos, etc. Estamos hablando de pasar de una situación de abundancia de alimentos a otra para la cual haya escasez de alimentos para la mayor parte de la humanidad.

¿Cómo cambiar la conducta del consumidor? Como Naím no cree que vaya a ser más verde, apuesta por encarecer los productos que no sean respetuosos con el medio ambiente. Además, cree que hay que suprimir las ayudas a las empresas energéticas porque fomentan el consumo de hidrocarburos.

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