Diálogos liberales: ¿Qué es ser liberal?
Por Javier Zamora Bonilla, Edmundo Bal Francés y Hugo Pérez Ayán
Un grupo de ciudadanos preocupados por el devenir de los asuntos públicos tanto en España como en el resto del mundo, convocados por Fernando Maura, y en vista de la deriva iliberal, populista y autocrática de la vida política en muchos países, incluyendo España, se constituyó en 2025, sin ninguna formalización jurídica, bajo el título de “Diálogos liberales”.
Acogidos por la Fundación Rafael del Pino, personas procedentes de distintos ámbitos, con formaciones y profesiones diferentes, y con diversas experiencias de vida —algunos en la política y la mayoría en la función pública y la empresa— decidieron reunirse una vez al mes para reflexionar sobre temas políticos de actualidad, con el fin de orientarse a sí mismos y de ofrecer a la sociedad un resumen de sus reflexiones. Su objetivo es que, desde la sociedad civil, pueda ejercerse cierta influencia en la toma de conciencia política sobre algunos problemas públicos y reflexionar sobre el futuro del mundo. Se proponen no quedarse en la mera crítica, sino aportar ideas para afrontar los problemas más candentes de la sociedad y ofrecer una visión proyectiva para mejorar el mundo en el que se vive. La política no puede ser solo el intento de solucionar los problemas presentes, sino que debe ofrecer caminos de futuro para la mejora de la sociedad. Con mucha modestia, aspiran a aportar una palabra orientadora. La sociedad necesita de faros que guíen su camino, y este grupo aspira a proporcionar alguna luz. Son conscientes de su limitada dimensión y de que existen muchos otros foros que realizan aportaciones importantes desde la sociedad civil al debate público.
Después de una sesión introductoria en la que cada participante se presentó —pues muchos no se conocían—, se sugirieron algunos temas a abordar en las siguientes sesiones y se planteó el modo de funcionamiento. La primera reunión de seminario, por llamarlo de algún modo, tuvo lugar el 12 de junio de 2025. Quedaron encargados de introducir el debate quienes firman este artículo: Javier Zamora Bonilla, Edmundo Bal Francés y Hugo Pérez Ayán. El tema fue qué significa hoy ser liberal.
Pilares históricos del liberalismo
Inició la sesión el profesor Zamora Bonilla, quien presentó los fundamentos históricos del liberalismo. Señaló que los pilares del liberalismo, desde una perspectiva histórica, son:
- El reconocimiento por el Estado de unos derechos y libertades fundamentales a los ciudadanos que protoliberales como Locke y la mayoría de los pensadores ilustrados opinaban que eran naturales, pre-políticos –es decir, que son previos al supuesto pacto que constituye la sociedad política–, inherentes, inalienables e inajenables, imprescriptibles y sagrados.
- La división de poderes –ejecutivo, legislativo y judicial–, entendida como un balance of power entre ellos para evitar que alguno se imponga sobre los otros. Pensaban que, frente al poder absoluto de los monarcas del Antiguo Régimen –el primer liberalismo siempre hay que entenderlo frente al Ancien Régime–, los poderes legislativo y el judicial pudieran tener los instrumentos necesarios para frenar los posibles excesos del ejecutivo –que es el que maneja los dineros y las fuerzas del orden– para que se sometiera a la ley, la cual deben cumplir también, claro, los otros dos poderes.
- El establecimiento de unos deberes de los ciudadanos, que son principalmente la defensa de la nación, la contribución a la hacienda pública y el respeto a la ley y a los derechos y libertades de los demás.
- El imperio de la ley para evitar la arbitrariedad del poder. Una única ley igual para todos. El preámbulo de la Constitución francesa de 1791 estableció: “Ya no existe, para ninguna parte de la nación ni para ningún individuo, privilegio alguno ni excepción al derecho común de todos los franceses”.
- La soberanía nacional frente a la soberanía regia. Soberanía que se representa en el Parlamento por medio de elecciones libres, frecuentes y regulares, como dice la Declaración del Buen Pueblo de Virginia de 1776. El Parlamento es la expresión de sociedades complejas con personas y grupos que tienen distintos intereses, legítimos si están dentro de la ley. La idea del Parlamento presupone esta diversidad y la necesidad de alcanzar consensos.
- El fin de la sociedad gremial y de los privilegios de los estados de la nobleza y el clero –incluyendo la separación de la Iglesia y el Estado–, de forma que en la sociedad toda persona pudiese avanzar en función de sus méritos y capacidades. Lo que Karl Popper llamó más tarde una sociedad abierta, que implica una sociedad de libre mercado basada en el derecho a la propiedad privada y a la libre empresa.
Recordó el profesor Zamora Bonilla que Benjamin Constant diferenció de forma clara la libertad de los antiguos (griegos) de la de los modernos, y que nuestros regímenes políticos difícilmente pueden volver a aquellos sistemas asamblearios en los que no existía una verdadera división de poderes ni derechos y libertades civiles, sino que los individuos estaban sometidos a la voluntad colectiva.
Liberalismo político y liberalismo económico: diferencias clave
También insistió en la necesidad de distinguir entre el liberalismo político y el liberalismo económico, que si bien es parte fundamental del liberalismo en el sentido expresado en el punto 6, no es la esencia del liberalismo como se ha querido imponer en el discurso de los neoliberales, muchos de los cuales renuncian a otros principios fundamentales del liberalismo y adoptan posiciones iliberales.
También destacó la importancia que en el primer liberalismo, y en lo sucesivo, tuvo la constitucionalización –con la excepción de Inglaterra que sólo tiene textos paraconstitucionales– de estos principios esenciales, de forma que ninguna norma inferior pudiera contradecir a la Norma normarum por el principio de jerarquía normativa.
Liberalismo y democracia: una relación histórica
Liberalismo y democracia estuvieron claramente diferenciados hasta mediados del siglo XIX. Como Ortega y Gasset señaló, respondían a preguntas distintas: la democracia, a la pregunta de ¿quién manda?, a lo que responde el demos, el pueblo. El liberalismo se plantea cuáles son los límites del poder mande quien mande. El liberalismo se fue adaptando a la democracia a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, al tiempo que los demócratas asumían los principios esenciales del liberalismo. De forma paralela nació una clara conciencia social de la democracia como necesidad de dar respuesta a los problemas que había generado la sociedad liberal y a los que no había sabido responder adecuadamente. La llamada entonces “cuestión social”. De esta forma, a los primeros derechos políticos y civiles se fueron sumando otros, también sociales, desde finales del siglo XIX y, sobre todo, durante el XX. La soberanía pasó de ser nacional a ser popular con la extensión del sufragio, aunque por mucho tiempo estuvo aún vetada la participación de las mujeres. Con precedentes desde finales del siglo XIX, después de la Segunda Guerra Mundial se fue construyendo el Estado del Bienestar, gracias a que se produjeron “consensos entrecruzados”, como los denomina John Rawls, entre diversas fuerzas políticas que van desde el liberalismo conservador a la socialdemocracia, incluso el comunismo en algunos países, pasando por los demócratacristianos que seguían la encíclica Rerum novarum de León XIII y liberales que habían renovado el liberalismo decimonónico y apostado por una clara conciencia social y democrática. Las crisis sociales y económicas de finales de los años 60 y de los 70 del XX trajeron, por un lado, la consolidación y mejora de algunos derechos, por ejemplo en el caso de las mujeres, pero, por otro, la puesta en cuestión del Estado del Bienestar con políticas neoliberales que en algunos países deconstruyeron los logros conseguidos en materia social ante la insostenibilidad de tal tipo de Estado. Este debate sigue abierto y es un tema central que tampoco resolvió la Tercera Vía de Anthony Giddens: ¿cómo hacer sostenible el Estado del Bienestar y sus límites?
El profesor Zamora Bonilla concluyó su intervención destacando lo que llama teoría de los tres niveles o pilares de nuestras democracias, que se han ido construyendo históricamente: 1) el liberalismo propiamente dicho, 2) la democracia como sistema de representación y gobierno, y 3) la conciencia social de la democracia como respuesta a las necesidades del conjunto de la sociedad, pero principalmente de los más desfavorecidos para garantizar una igualdad de oportunidades cierta.
Qué es ser liberal en el siglo XXI
Ser liberal hoy implica, para estar a la altura de los tiempos, asumir los principios esenciales del liberalismo, apostar por la democracia como forma de representación y gobierno, y defender políticas públicas que garanticen la igualdad de oportunidades. La diferencia principal con la socialdemocracia está en las prioridades y el énfasis que se dé a este último aspecto, pues la socialdemocracia también aceptó, tras su renuncia al marxismo, los principios de la democracia liberal. Otra diferencia principal es que, desfasado el discurso del sujeto político proletario por los cambios sociales en Occidente, la socialdemocracia ha caído en un programa de agrupación de identidades y colectivos (equivalencias se llaman en el lenguaje populista) que rompe el principio de igualdad.
Diferencias entre liberalismo, conservadurismo y socialdemocracia
El abogado del Estado Edmundo Bal enlazó su ponencia con la precedente al insistir, con cita de Michael Freeden, en que es mejor hablar de “liberalismos” –en plural– que de “liberalismo”. Ha habido varios, y diversos, a lo largo de la historia. Bal considera que el liberalismo actual tiene que asumir su necesaria condición social, progresista, sin perjuicio de diferenciarse de la socialdemocracia. Frente a los conservadores –no siempre de tradición liberal– que, en muchos casos, se conforman con una libertad “formal”, los liberales apuestan por una libertad “material” que garantice una verdadera igualdad de oportunidades. La libertad “positiva”, en expresión de Isaiah Berlin, es necesaria para hacer cosas que permitan un desarrollo de los ciudadanos, de cada uno de ellos, y de la sociedad en su conjunto. El liberalismo no puede quedarse sólo en una libertad “negativa” de no intromisión en el ámbito personal. El papel del Estado como actor político es fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades y para esta libertad “positiva”. Bal recordó que el artículo 9.2 de nuestra Constitución impone al Estado que vele para que las libertades sean efectivas y reales. Mas al mismo tiempo, como destacó Bal, también hay que tener cuidado con el Estado, porque los totalitarismos del siglo XX nos hicieron ver que éste debe tener unos límites para evitar que su poder entre en confrontación y viole la autonomía de cada persona.
Los liberales, según Bal, defienden que cada cual pueda desarrollar el plan de vida que quiera sin intromisiones ni coacciones del Estado, ni de nadie mientras respete los derechos y libertades de los demás. Por eso, los liberales levantan la bandera de la meritocracia auténtica, en la que las circunstancias moralmente arbitrarias y puramente azarosas, como el sexo, la raza o el lugar de nacimiento no influyan en la posibilidad de realizar nuestro plan de vida.
Bal también destacó la importancia que después de la Segunda Guerra Mundial tuvieron las instituciones internacionales que se constituyeron para asegurar los principios de la democracia liberal que había triunfado frente a los fascismos.
También destacó el ponente la diversidad que existe aún hoy día en la definición de lo que es ser liberal, hasta el punto de que en ALDE, el Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, hoy Renovar Europa, están presentes partidos denominados liberales que se sitúan a la derecha, a la izquierda y en el centro del espectro político europeo. Hay liberales nacionalistas, afirmó, por sorprendente que pueda parecer, y liberales que buscan la práctica desaparición del Estado e incluso de la nación. Por eso es importante precisar un núcleo de lo que hoy puede ser el liberalismo: todos los liberales, señaló, podemos converger en la idea de la persona humana como principal actor político, por tanto, en un antropocentrismo a veces negado por otras ideologías. Los liberales, dijo, defendemos que el individuo está por delante de cualquier otra consideración, con los matices lógicos para asegurar la supervivencia de las instituciones que permiten nuestra vida en común y del planeta en que vivimos.
Otro punto de convergencia entre liberales es la defensa de una “esfera privada” en la que no se puede entrometer el Estado ni ningún otro actor, sea institucional o individual. Esta esfera es un espacio de autorrealización, expresión y desarrollo de cada uno.
Bal dedicó la última parte de su intervención a diferenciar el liberalismo de otras posiciones ideológicas. Así señaló que, aunque con algunos conservadores, los liberales puedan compartir la idea del libre mercado, éstos defienden tradiciones y jerarquías (o ideas fundadas en la religión) que se oponen a la concesión de nuevos derechos y libertades como pueda ser el aborto o la eutanasia. Su defensa de la libertad meramente formal crea una desigualdad intolerable y el mantenimiento del statu quo de las clases más pudientes. Frente a los socialistas, los liberales se preocupan mucho más por el peligro que supondría un Estado que pudiera ser excesivamente grande e ineficiente. Además, los socialistas tienen una visión más paternalista y moralista de la sociedad frente a la persona y, a veces, con sus políticas quieren regir qué planes de vida son aceptables y cuáles no. Los liberales también tienen clara su oposición a cualquier reaccionarismo, populismo e iliberalismo. De ahí la importancia que tiene señalar los rostros falsos del liberalismo, como es el del neoliberalismo económico o del liberalismo que Bal llamó “vacío”, el cual simplifica la compleja teoría liberal en la expresión de que “cada uno haga lo que quiera”, reducida de forma simplista a elegir el Glovo o la VTC frente al servicio de taxi. Un liberalismo, en el fondo conservador, que recorta o dificultad la concesión de derechos como los del colectivo LGTBIQ+, el aborto o la eutanasia o que mantienen posturas proteccionistas de la mujer respecto a la prostitución o en relación con la legalización de las drogas “blandas”. Un ejemplo es la aprobación de la llamada “ley mordaza”, la LOPSC, que impone multas administrativas ante manifestaciones de la libertad de expresión no constitutivas de delito de injurias o calumnias.
Conclusiones: los tres pilares del liberalismo moderno
Terminó con 3 conclusiones que definirían el liberalismo moderno del siglo XXI:
La autonomía del individuo y la limitación del Poder del Estado mediante la separación de los poderes y el reconocimiento de los derechos fundamentales individuales.
El ejercicio de la libertad individual sin más limitaciones que las impuestas por las libertades de los demás y por razones poderosas y contrastadas de interés general, sin que a tal efecto sean válidas razones basadas en el gasto de la Seguridad Social o semejantes, dado que todos los ciudadanos tienen derecho a él al pagar sus impuestos.
La igualdad de oportunidades para el ejercicio real y efectivo da la libertad, debiendo el Estado remover los obstáculos que la impidan.
Las dos últimas notas imponen la necesidad de que los liberales actuales acepten el poder del Estado como mecanismo de regulación de las relaciones sociales sobre la idea de la justicia y la igualdad material y nos lleva a la necesidad de establecer un nivel de impuestos justos a tal fin.











