Lord Ismay, el primer secretario general de la OTAN, definió el propósito de la Alianza Atlántica con una frase célebre: mantener a los americanos dentro, a los rusos fuera y a los alemanes abajo. Desde entonces han pasado 75 años. Ahora, los alemanes ya no son un problema; los rusos, en cambio, siguen siendo la principal amenaza, y la clave sigue estando en mantener a los americanos dentro. Javier Colomina, vicesecretario general adjunto de la OTAN y representante especial para el flanco sur, lo dice sin rodeos: es mucho más fácil y barato trabajar el vínculo transatlántico que buscar una alternativa. Porque, a día de hoy, no existe tal alternativa, ni en seguridad, ni en defensa, ni en tecnología.
Trump, el giro estratégico y la paradoja americana
La administración Trump es compleja, hay que reconocerlo. Pero en algunos aspectos, también es impredecible, y eso es algo que hay que admitir. Ahora hay una diferencia importante respecto a su primer mandato, señala Colomina. Entonces, Trump puso en entredicho varias veces el compromiso de Estados Unidos con la OTAN. En este segundo mandato no lo ha hecho. Es cierto, sin embargo, que el presidente estadounidense tenía dudas enormes sobre el apoyo a Ucrania. Pero la OTAN fue convenciendo a los americanos de que había distintas formas de seguir apoyando a Ucrania sin mantener el mismo tipo de compromiso directo que tuvo Biden. Hace unos meses, parecía impensable que los americanos siguieran contribuyendo al esfuerzo bélico ucraniano. Hoy, sin embargo, lo hacen a través de una nueva iniciativa: dinero canadiense y europeo para comprar equipamiento militar norteamericano que los europeos no son capaces de producir.
Colomina recuerda que las decisiones norteamericanas de reorientar su política exterior al margen de Europa no vienen de Trump. El primero que habló del pivot to Asia fue Obama. El giro viene desde entonces. Las prioridades nacionales han estado en la base de la política exterior estadounidense desde hace quince o veinte años. Lo que cambia con Trump son las formas, la manera transaccional. Pero hay una paradoja: la administración más transaccional, la que más defiende el America First, está más presente en los conflictos globales y tiene más influencia en su resolución que ningún otro actor. De hecho, cuando el plan Trump no funciona en Oriente Medio o Ucrania, no hay un plan chino u otro alternativo que lo sustituya.
Europa: el despertar en defensa
Europa necesitaba despertarse en términos de seguridad y defensa. Colomina lo reconoce abiertamente. El planteamiento de las últimas décadas era cómodo: gasto en defensa muy reducido y paraguas de protección americano que resolvía todas las dudas. A cambio, de vez en cuando había que digerir una prioridad nacional norteamericana, como Afganistán. Pero Europa tenía que hacer más por su propia defensa. Eso es compatible con que el vínculo transatlántico sea la esencia de la defensa colectiva. Hay que tener en cuenta, no obstante, que no hay alternativa a la OTAN gracias a la presencia de Estados Unidos, por mucho que la Europa de la defensa crezca en los próximos veinte o treinta años.
La realidad de las capacidades militares
Colomina pone cifras claras:
- El cuartel general de la OTAN en Mons tiene 2.000 personas
- El de la Unión Europea, solo 80
- La misión europea en Bosnia depende de la OTAN para mando y logística
- Estados Unidos tiene 80.000 soldados en Europa
- Ningún país europeo (salvo Francia) llega a 4.000
Y, aún así, decimos que a Estados Unidos no le importa Europa. Los datos lo desmienten claramente. Lo que sí es cierto es que va a haber una cierta europeización de la OTAN, admite Colomina. Las necesidades convencionales quedarán más en manos europeas, pero será un reequilibrio, no el abandono por parte de Estados Unidos.
Ucrania: una guerra sin cambio de dinámica
Sobre Ucrania, Colomina habla con la crudeza que exige la situación. Esta guerra va a cumplir cuatro años:
- Mueren entre 10.000 y 13.000 ucranianos al mes
- Entre 25.000 y 30.000 rusos
Si no cambian los factores, el resultado será el mismo.
En el campo de batalla, Ucrania cede terreno muy poco a poco, pero es una tendencia imparable desde el inicio. Si seguimos diciendo lo mismo y haciendo lo mismo, el resultado seguirá siendo el mismo. Hay formas de cambiar los factores que intervienen en todo esto, pero una de ellas es entrar en guerra. Sin embargo, nadie quiere eso. La otra es meter más presión a Rusia. En este sentido, se ha hecho todo lo posible -sanciones, equipamiento militar, congelación de activos-, pero, por desgracia, no ha sido suficiente para cambiar la ecuación.
El dilema moral y político
Colomina hace una advertencia importante en este sentido. Los que apelan únicamente a los principios, por muy generosos que sean al enunciarlos, estarán haciendo que los ucranianos sigan perdiendo 10.000 o 12.000 personas cada mes mientras nosotros charlamos tranquilamente. De los 28 puntos iniciales del plan de paz, que era francamente malo, se han salvado muchos: que la arquitectura de seguridad europea la decidimos en la OTAN, que la paz tiene que ser justa y duradera, que tiene que haber garantías de seguridad importantes. Lo que todos buscamos es que los ucranianos terminen teniendo un estado soberano y viable. Y para eso hace falta negociar.
Amenazas globales y nuevos frentes
Más allá de Ucrania, la OTAN tiene definidas dos amenazas: Rusia, la mayor amenaza inmediata, y el terrorismo, la principal amenaza asimétrica. Y muchos retos: China como facilitador decisivo del esfuerzo bélico ruso, Corea del Norte, Irán, el ámbito ciber, el espacio, lo híbrido. Y el Sahel, que Colomina considera la región más frágil del mundo, donde se concentra todo lo malo. La OTAN ha tomado medidas. En dos o tres semanas puede movilizar medio millón de soldados. Cuando empezó la guerra de Ucrania, en quince días movilizaron 40.000 tropas, 300 cazas y 100 buques. Hoy serían capaces de movilizar más de medio millón. Esa capacidad militar no la tiene nadie.
España y la cultura de defensa
Sobre España, Colomina es directo. Es un aliado comprometido y respetado, con más de 2.000 soldados desplegados en el flanco oriental. Pero los países del sur tienen una cultura de defensa y de seguridad menor. También una visión estratégica menor. Hacemos análisis de corto plazo, buscamos soluciones rápidas. La visión estratégica es lo que define la seguridad y la defensa. Sin ella, es difícil que inviertas en tanques o en cazas F-35 que tardan diez o quince años en llegar y veinticinco en pagarse. España empujó muchísimo la agenda del sur junto con Italia y Portugal. Pero le falta esa cultura de defensa que se deriva de la visión estratégica.
La clave sigue siendo la misma
Lord Ismay tenía razón. La clave sigue siendo mantener a los americanos dentro. Y para eso hay que ser un aliado capaz, no solo un aliado agradecido.











