La economía global después de la pandemia

¿Cómo será la economía global tras la pandemia? ¿Marcará un antes y un después? ¿Se acelerarán tendencias previamente existentes o se revertirán algunas de ellas? Bart van Ark, director del UK Productivity Institute; Nathalie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali; Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la University of Pennsylvania; Martina Larkin, directora para Europa y Eurasia del World Economic Forum; Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano Partners; Miriam González Durántez, socia de Cohen & Gresser LLP; Pedro Passos Coelho, ex-primer ministro de Portugal; Emilio Lamo de Espinosa, presidente del Real Instituto Elcano; Guntram Wolff, director de Bruegel, y Eric Chaney, asesor económico del Institut Montaigne, reflexionan sobre estas cuestiones.

EEUU, China y la economía global

Para Nathalie Tocci, a lo largo de esta pandemia hemos visto cristalizar algo que llevaba gestándose cierto tiempo. Antes del Covid ya había un enfrentamiento entre Estados Unidos y China. Había una guerra comercial, una guerra tecnológica y podría haber habido otros enfrentamientos. Tras la pandemia, se aprecia que es una confrontación de un alcance aún mayor. La razón estriba en las diferencias políticas e ideológicas entre ambos países y esto va a perdurar.

Esta situación recuerda a la estructura bipolar del pasado, si bien no está constreñida por las mismas limitaciones. Se ha producido un avance hacia la desglobalización, hacia el desacoplamiento de China de la economía mundial. Sin embargo, hay más interdependencias entre China y Estados Unidos que las que había durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En cualquier caso, todo esto va a afectar a la economía mundial.

Biden y las tendencias de la economía global

Con Joe Biden, el enfrentamiento con China, incluso, podría tener un alcance aún mayor. Se trataría, también, de una confrontación política e ideológica. Con él pueden plantearse temas como los derechos humanos, o el estatus de Taiwán y Hong Kong. Por tanto, hay que pensar en cómo encaja este enfrentamiento con otras tendencias globales.

Por lo que se refiere a la UE, su reacción al Covid parece indicar que es una comunidad que comparte futuro. Se ha dado un paso al frente importantísimo, no solo por decidir poner dinero sobre la mesa. También, porque lo que se va a hacer va a afectar a dos de las tres prioridades absolutas de la UE: lo verde y lo digital. No obstante, falta lo geopolítico.

Productividad y cambio tecnológico

Bart van Ark se refiere a la productividad en la economía global. Si podemos hacer que crezca, impulsará el desarrollo de economías y políticas estables. Las tecnologías dan lugar a cambios estructurales que afectan a la productividad. Además, generan espacio para la actividad económica y la creación de empleo. En una economía digital, sin embargo, no sabemos si esto sigue siendo válido. La cuestión es si con la automatización vamos a conseguir que aparezcan esos nuevos trabajos.

Según Martina Larkin los sistemas actuales han fallado a la hora de afrontar la pandemia, la crisis climática y otras crisis. Ha habido muchas críticas contra el capitalismo. Se le acusa de crear divisiones y de que su único propósito es la generación de retornos financieros. Esta crisis nos lleva a pensar en la necesidad de vivir de forma distinta. Pero hay que tener en cuenta el papel de las empresas en la sociedad, con sus clientes, empleados, etc. Por eso, la idea de capitalismo comprometido está ganando fuerza. Tiene que ver con vincular retornos financieros con resultados en medio ambiente, etc. Las empresas han tenido que reconocer que tienen que hacer frente a estos temas. De hecho, han mostrado su mejor cara social durante la pandemia.

¿Hacia una segunda guerra fría?

Jesús Fernández-Villaverde rechaza la idea de una segunda guerra fría. En su opinión, China siempre ha intentado entrar en la economía internacional para proteger y fomentar sus intereses nacionales. Ahora, su economía va bastante bien dentro de la situación actual y no busca hacer muchos cambios. En lo que hay que pensar, más bien, es en la competencia por la supremacía mundial. Esto va a ser un tema de hasta qué punto estos dos grandes países van a ser capaces de manejar esta situación.

Ignacio de la Torre estima que el PIB mundial va a subir cinco puntos el año que viene. Por tanto, se necesitará un año para que la economía global recupere la producción perdida. Esto es mejor que en la crisis anterior. A Europa le va a llevar dos años, frente a los seis de la anterior crisis. La respuesta monetaria esta vez ha sido mucho más intensa. La respuesta fiscal ha sido histórica. Y el dinero que está inyectando el banco central está llegando a las economías reales.

Economía global, tecnología y productividad

Para Bart van Ark, ese escenario para la economía global es optimista y positivo. Ahora tenemos la oportunidad de aprovechar esta situación para crecer más rápidamente. Sería a través de la tecnología y la productividad si las empresas piensan más a largo plazo. Para ello será necesario crear una colaboración público-privada que es crítica para el crecimiento de la economía y el fortalecimiento del empleo. Se trataría de crear sistemas de innovación en los que las universidades y las empresas empiecen a trabajar juntos. A largo plazo tenemos que asegurarnos de que la educación, la política y la empresa sepan trabajar juntos en la innovación.

Para Miriam González, los nuevos intentos de mayor integración europea son poco probables por tres razones. Primero, seguimos estando divididos entre norte y sur, lo que puede requerir un enfoque más maduro respecto al gasto público. Hay también una división muy importante respecto a la relación con China y Rusia. También estamos divididos en términos de valores, sobre todo con los países de Europa del Este. En ese contexto, va a ser muy difícil conseguir una mayor integración.

La amenaza nacionalista

Tampoco podemos perder de vista el hecho de que el nacionalismo es una amenaza que no ha desaparecido. Hemos visto un pequeño cambio, sobre todo en Alemania o Italia. En Francia sigue siendo una preocupación. Esa amenaza llega también a nivel europeo. Por tanto, no vamos a ver más integración en Europa. Estamos en modo supervivencia, en modo defensivo.

Pedro Passos Coelho señaló que hay riesgos en la forma en la que los países abordan las crisis. No todos los países se vieron afectados por ella en igual medida. No solo porque tuvieran una ratio de deuda o una política fiscal distintas. También porque, por la composición del PIB, los países del sur estaban más expuestos al sector turístico y se vieron más afectados.

Políticas fiscales

Respecto a las políticas nacionales se han presentado distintas propuestas fiscales. En esta materia ningún país puede rivalizar con Alemania porque puede gastar más que otros países. El mercado interno de la Unión Europea será más alemán que de otros países. También hay otras diferencias. Por ejemplo, una vez más, la mayor parte de los países más afectados son los periféricos.

Somos una unión monetaria más perfecta, pero no somos una unión monetaria más completa.

La divergencia con los países centrales ahora es más visible que hace treinta años. Esos países periféricos no han aprovechado de igual forma la experiencia con el euro. Ahora estamos en una situación más frágil que cuando se introdujo el euro. Somos una unión monetaria más perfecta, pero no somos una unión monetaria más completa. Ahora no tenemos solo los problemas de Italia. También los hay en los demás países. Por tanto, vamos a necesitar abordar las debilidades generadas por los nuevos niveles de deuda porque no tenemos una unión monetaria completa.

Una economía global en transformación

Emilio Lamo de Espinosa comentó que la globalización puede estar mermada, pero no ha desaparecido. Hay cuatro tendencias fundamentales que afectan a la economía global.

En primer lugar, Japón atrae de nuevo sus fábricas a su territorio, ejemplo que siguen otras naciones en un proceso de redefinición de la globalización. Por otra parte, se produce una mayor diversificación, proceso en el que los países pobres están haciendo una aportación importante, en un mundo en el que existen 80.000 productos en los que uno o dos países representan hoy la mayor parte de la producción y esto no es sostenible. Por otra parte, la globalización no cesa de impulsar el desarrollo de nuevas industrias y servicios.

Por último, la digitalización y el trabajo remoto van a crear un nuevo entorno en los mercados de servicios y bienes intangibles que podría beneficiar a países como la India en perjuicio de los modelos de fabricación tradicionales de China.

En Europa, Eric Chaney comenta que el fondo de recuperación ha sido aceptado no solo por solidaridad, sino porque era una condición necesaria para la cohesión de la Eurozona. Esto suscita muchas preguntas. ¿Lo aceptarán los electores de cada país? Un contribuyente alemán podría cuestionar el poner fondos si luego los países receptores no hacen sus deberes. En los países receptores de dichos fondos también va a haber mucha presión, con controles sobre la forma en que se gasten. Esto suscita un problema. Habrá controles, frenos y contrapesos que vendrán con esta solidaridad. Una unión fiscal implicará la aceptación de frenos, contrapesos, comprobaciones y controles.

¿Recesión en W?

Guntram Wolff, por su parte, advierte del riesgo de una recesión en W. En esta situación, las empresas no van a gastar ni van a invertir. Así es que hay un peligro real de que todo ello conlleve un daño gravísimo y muy duradero a la economía.

En la economía global, hay que tener en cuenta que EEUU es un país muy dividido. Esto significa que mira mucho hacia su interior. Pero también que no podemos verle como un socio fiable porque dentro de cuatro años quizá gane las elecciones otro presidente populista. Por tanto, esta idea de que porque Biden sea moderado podamos volver a aquella época de la Alianza Transatlántica, puede que no vuelva. La preocupación, por tanto, es la estabilidad y la fiabilidad de EEUU a largo plazo y como socio a largo plazo. Esto tiene implicaciones muy importantes para el comercio, la tecnología, las políticas verdes, etc.

En cuanto a la tecnología, va a seguir con la guerra comercial con China. Por tanto, la brecha en la tecnología digital va a continuar. Esto tendrá consecuencias para las empresas europeas. Han invertido en ambos países y dependen de las cadenas de valor tecnológicas procedentes de ellos. Por tanto, adquiere gran importancia el conseguir soberanía tecnológica.

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