Tocqueville escribió, en su obra La democracia en América, que la grandeza de Estados Unidos residía en la capacidad de sus ciudadanos para asociarse libremente en busca del bien común. Esta atinada observación tiene ya casi dos siglos, pero ilustra muy bien un problema que España viene arrastrando hasta hoy. El problema consiste en lo siguiente. En nuestro país tenemos un sector filantrópico potente, con más de 10.500 fundaciones activas, con cuatro millones y medio de voluntarios y con 27.000 millones de euros en movimiento. La sociedad, sin embargo, la sociedad apenas lo conoce. Es más, desconfía de él cuando surge algo negativo. Y, lo que es peor, quienes practican la filantropía prefieren no llamarse filántropos para evitar miradas de sospecha, como si la filantropía fuera algo de lo que avergonzarse cuando, más bien, hay que sentirse orgulloso de practicarla.
Un problema conceptual que empieza por la definición
Para entender la raíz del problema, Marta Rey, catedrática de la Universidad de A Coruña, aporta un dato revelador. La Universidad de Indiana publica un índice global que mide el entorno de la filantropía. El índice incluye noventa y cinco informes de país. Marta es revisora del sur de Europa. Pues bien, en ese montón de documentos no ha encontrado una sola definición de filantropía. Así es que el problema es global, pero España lo sufre con especial intensidad. En los rankings aparecemos al mismo nivel que Ucrania antes de la guerra, no porque nuestra filantropía sea pobre, sino porque los conceptos que miden esos índices no reflejan lo que hacemos.
Falta de orientación y herramientas para contribuir
El primer obstáculo, indica Mercedes Basso, responsable de Filantropía de CaixaBank Banca Privada, es la confusión conceptual. Cuando alguien quiere organizar su contribución filantrópica, se encuentra ante un libro en blanco. No sabe por dónde empezar. No conoce los vehículos disponibles. No entiende la diferencia entre una fundación y una asociación. Y si no tiene un primo o un conocido que le oriente, se pierde. Por eso CaixaBank impulsó hace tres años un tesauro de la filantropía, que contiene veinte conceptos definidos con rigor. No es un diccionario académico. Es, más bien, una herramienta para que la gente sepa de qué hablamos cuando hablamos de filantropía.
Un sector encerrado en sí mismo
Pero el problema va más allá de los conceptos. Luciano Poyato, presidente de la Plataforma del Tercer Sector, denuncia que el sector vive encerrado en sí mismo. Somos endogámicos, afirma. Creemos que todo el mundo sabe lo que hacemos, cuando la ciudadanía ni siquiera conoce la expresión tercer sector. Tenemos leyes del voluntariado y del tercer sector desde 2015. Diez años después, la gente sigue sin saber qué significan. Y mientras tanto, confundimos democracia con votar, mientras olvidamos que la democracia también es participar, asociarse, transformar la realidad desde abajo.
El impacto real de las fundaciones en España
Pilar García-Ceballos, presidenta de la Asociación Española de Fundaciones, aporta los datos que deberían avergonzar a quienes miran al sector con recelo. Las fundaciones españolas emplean directamente a 300.000 personas. Si contamos el empleo inducido, la cifra sube a 600.000 puestos de trabajo. Gestionan el Museo del Prado, el Thyssen, buena parte del tejido cultural del país. Están donde el sector público no llega. No lo sustituyen, pero lo complementan. Y lo hacen con 27.000 millones de euros que no salen del presupuesto del Estado.
Un problema de legitimidad cultural
El problema, advierte Marta Rey, es que España no se cree que la filantropía tenga legitimidad propia. La vemos como un residuo de lo público. Una excepción. Un sustitutivo. No entendemos que es un espacio con entidad propia, necesario para la democracia. Y mientras no lo entendamos, seguiremos arrastrando complejos. Los españoles que quieren contribuir sienten pavor a que les llamen filántropos porque lo perciben casi como un insulto. Así es que prefieren actuar en silencio para evitar críticas. Eso dice mucho de nuestra cultura cívica.
Generosidad sin cultura filantrópica
Sin embargo, los datos desmienten el tópico de que los españoles no son generosos. Pilar García-Ceballos recuerda que en 2025 más de 16 millones de españoles donaron algo. Marta Rey añade que, en estudios comparados sobre la respuesta a catástrofes, España aparece como un país muy generoso. No solo cuando la tragedia ocurre dentro, también cuando sucede fuera. Lo que falla no es la generosidad. Lo que falla es la cultura filantrópica. En Estados Unidos, los niños aprenden en el colegio que donar tiempo es tan importante como donar dinero. Aquí, en cambio, no se enseña nada de eso.
Educar en filantropía desde el principio
«la generosidad nace del corazón, la empatía del estómago y la filantropía de la cabeza»
Por eso Pilar García-Ceballos tiene un sueño de futuro: incorporar la filantropía a la formación de los niños, de los estudiantes, de los jóvenes en universidades y escuelas de negocio. Que aprendan qué es una fundación, cómo se ejerce la filantropía, por qué importa. No tienen que esperar a preguntarse qué hacer con su legado cuando lleguen a viejos. Pueden empezar ahora. Mercedes Basso lo resume con una frase que escuchó a un asesor de Ginebra: la generosidad nace del corazón, la empatía del estómago y la filantropía de la cabeza. Pongamos, pues, cabeza.
De la caridad a la transformación estructural
La filantropía, además, está cambiando. Pilar García-Ceballos cita al profesor Otto Scharmer del MIT, que habla de versiones como si fuera software. La versión 1.0 es la caridad, la moneda que damos a quien pide. La 2.0 es la filantropía colaborativa. La 3.0 busca resolver problemas de raíz. Y la 4.0, la que viene, aspira a transformar estructuras. No se trata solo de paliar el dolor. Se trata de atacar las causas que generan exclusión y desigualdad. Eso exige innovación social, inversión de impacto, proyectos en los que a veces hay que perder dinero para abrir camino.
Un sector que debe transformarse
Luciano Poyato lo plantea con crudeza. Hay una pobreza persistente en este país. Un problema de salud mental tremendo. Una soledad en el envejecimiento que el Estado no va a resolver porque no está en cercanía. Hay desafección política y crisis de confianza en lo público. Ante eso, el tercer sector no puede ser sustituto ni complemento. Tiene que ser transformador. Y para transformar necesita aliarse con las empresas, abrirse a los jóvenes, renovar sus órganos de gobierno, adaptarse a la revolución tecnológica. Pilar García-Ceballos confiesa que le preocupa la transformación digital del sector. Los que tienen capacidad deben ayudar a los que no la tienen. O lo hacemos juntos o no sobrevivimos.
Un momento de oportunidad
El momento, sin embargo, es propicio. Los problemas que enfrentamos ahora nos afectan a todos: migración, geopolítica, clima, catástrofes como la Dana de Valencia. Las empresas llevan años incorporando la sostenibilidad a su identidad. La generación Z, según un estudio de la Fundación Botín, es más solidaria que las anteriores, aunque de otra manera. Tendremos que redibujarnos para conectar con ella.
Falta de estructura, reconocimiento y marco legal
Mercedes Basso insiste en que lo que falta son cauces y especialistas. Personas que acompañen a quienes quieren contribuir. Espacios donde compartir casos. Pedagogía. Eso es lo que hacen los premios de filantropía de CaixaBank: aflorar ejemplos que estimulen a otros. Y falta también una ley de mecenazgo que no sea solo un tratamiento fiscal, sino un reconocimiento de la participación social en el bien común. Sin ese marco, la sociedad sospecha.
Creérselo: la asignatura pendiente
Tocqueville entendió hace dos siglos que la democracia no sobrevive sin ciudadanos que se asocien libremente. España tiene esos ciudadanos. Tiene las fundaciones, los voluntarios, el dinero, la generosidad. Lo que le falta es creérselo. Mientras sigamos avergonzándonos de la palabra filántropo, mientras no enseñemos en las escuelas qué significa contribuir al bien común, seguiremos girando en la rueda del hámster. Es hora de salir de ella.











