Libertad económica, el detonante de la prosperidad

Por qué unos países son ricos y otros pobres

David Landes, el gran historiador económico de Harvard, planteó la pregunta que vertebra toda la disciplina: ¿por qué hay países ricos y países pobres? La pregunta en sí parece sencilla. La respuesta, sin embargo, no lo es. Un vistazo rápido a los datos nos muestra la dificultad que supone el poder contestar a esa pregunta. Veámoslo. La renta per cápita de Estados Unidos es 130 veces superior a la de los países más pobres del planeta. Dentro de Occidente las diferencias son menores, pero la proporción entre Estados Unidos y Portugal o Grecia sigue siendo de tres a uno. ¿Cómo lo podemos explicar? Para poder hacerlo, Leandro Prados de la Escosura, catedrático emérito de Historia Económica de la Universidad Carlos III de Madrid, lleva décadas buscando la respuesta en los datos y la conclusión a la que llega es clara. Lo que ha conseguido encontrar es que la variable que mejor explica el desarrollo sostenido no es la geografía, ni la cultura, ni siquiera la democracia. Es, ni más ni menos, que la libertad económica.

Geografía, instituciones y cultura: tres explicaciones de la prosperidad

En el mundo académico hay tres escuelas que compiten por explicar la riqueza de las naciones. La primera de ellas dice que la geografía lo determina todo. Montesquieu ya lo apuntó y Jeffrey Sachs lo desarrolló: clima, enfermedades tropicales, recursos naturales, acceso al mar, son para él factores determinantes a la hora de explicar la riqueza de las naciones. La segunda escuela dice que las instituciones son la clave. Douglass North definió las instituciones como las reglas del juego. Acemoglu recibió el Premio Nobel de Economía precisamente por su trabajo sobre instituciones extractivas e inclusivas y su relación con la situación económica de los países. La tercera escuela dice que lo que importa es la cultura. Max Weber señaló a la ética protestante como responsable de la riqueza de los territorios. David Landes insistió en los valores culturales. Su análisis enfatiza valores como la ética del trabajo, el ahorro, la apertura a la innovación y la inclusión social como motores fundamentales de la prosperidad occidental en contraste con otras civilizaciones. Prados de la Escosura no niega que las tres escuelas y sus aportaciones importan. Pero cuando contrasta los datos históricos, la variable institucional que mejor predice el desarrollo es la libertad económica.

Qué es la libertad económica y cómo se mide

¿Qué entiende por libertad económica? Pues intercambio voluntario, libre competencia, protección de las personas y la propiedad. Prados de la Escosura ha trabajado con el índice de libertad económica del Fraser Institute de Canadá, que mide cinco dimensiones: tamaño del gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, moneda sana, libertad de comercio y regulación. El índice existe desde 1970. Prados de la Escosura y sus colaboradores lo han estimado hacia atrás hasta 1850. Eso les permite observar cómo ha evolucionado la libertad económica en el mundo durante 175 años. Y los resultados son reveladores.

Las diferencias de riqueza en el mundo desde 1850

En 1850 ya había grandes diferencias de renta. Los países del noroeste de Europa, Países Bajos, Bélgica, Reino Unido, Escandinavia, junto con Estados Unidos, Canadá y Australia, ocupaban las posiciones más altas. Hispanoamérica no estaba en el fondo, sino que se encontraba en la zona intermedia, en niveles de riqueza perfectamente comparables a los del sur y el este de Europa. La gran distancia que había entonces no era entre Hispanoamérica y Occidente, sino entre Occidente en su conjunto y el resto del mundo: el Imperio Otomano, China, la India colonial. Esta realidad contradice el relato que sitúa a Hispanoamérica como víctima de un atraso secular. En 1850, su punto de partida en la historia económica no era, ni mucho menos, tan distinto del de España, Italia o Grecia.

Libertad económica y crecimiento: qué dicen los datos

Para explicar lo que ha sucedido desde 1850, Prados de la Escosura señala que la correlación entre libertad económica y desarrollo es muy fuerte en los datos históricos. Pero hay que entender que la correlación no implica necesariamente causalidad. Por eso, la pregunta decisiva es otra: ¿la libertad económica causa el crecimiento o es el crecimiento la causa de la libertad económica? Aplicó tests de causalidad de Granger a sus series históricas. El resultado es que la libertad económica precede al crecimiento. No al revés. Los países que primero ampliaron su libertad económica crecieron después. Los que crecieron primero no necesariamente ampliaron su libertad económica.

Libertad económica, educación y capital humano

Lo mismo ocurre con el capital humano. Educación y salud correlacionan con el desarrollo. Pero de nuevo: ¿qué es lo que causa qué? Muchos países en desarrollo invirtieron masivamente en educación y no obtuvieron el crecimiento esperado. Prados de la Escosura encuentra que la libertad económica causa la acumulación de capital humano, no al revés. Esto desafía la idea de que basta con invertir en educación para desarrollarse. Hace falta primero un entorno institucional que permita a las personas usar su capital humano de forma productiva. Sin libertad económica, la educación no se convierte en crecimiento.

Hispanoamérica y las consecuencias del proteccionismo

¿Qué pasó, entonces, con Hispanoamérica? Prados de la Escosura documenta un deterioro grave entre 1930 y 1980. La política de industrialización sustitutiva de importaciones fue un desastre para la libertad económica. Los países cerraron sus economías, crearon monopolios estatales, controlaron precios, restringieron el comercio. Así es que, por ello, la distancia con los países avanzados se amplió. A partir de 1980, con las reformas liberalizadoras, recuperaron parte del terreno perdido. Pero el daño de medio siglo no se repara en una generación.

La apertura económica y el crecimiento de España

El caso de España es el que Prados de la Escosura conoce mejor. Durante el franquismo, la libertad económica española era comparable a la de los países del bloque soviético. El plan de estabilización de 1959 marcó un punto de inflexión. Abrió la economía al comercio exterior y atrajo inversión extranjera. El ingreso en la Comunidad Económica Europea en 1986 fue el salto definitivo. La convergencia de España con Europa occidental corre en paralelo con el aumento de su libertad económica. No fue la democracia sola. Fue la apertura económica que vino con ella.

Democracia y libertad económica: una relación compleja

En este punto, Prados de la Escosura lanza un hallazgo que incomoda a muchos. La democracia, en realidad, no es condición necesaria para la libertad económica porque no es lo mismo libertad política que libertad económica. La segunda puede existir de facto sin la primera. El Chile de Pinochet, por ejemplo, tuvo altos niveles de libertad económica sin democracia. Algunas democracias, por su parte, tienen niveles bajos de libertad económica. A largo plazo, las democracias tienden a tener más libertad económica, es cierto. Pero la relación entre ambas no es automática. Lo que sí está claro es qué dimensiones importan más. Los derechos de propiedad y el sistema legal son la variable más potente. Después, la moneda sana porque la inflación destruye la libertad económica. Después, la libertad de comercio. El tamaño del gobierno y la regulación pesan menos de lo que muchos creen.

Las instituciones que sostienen la prosperidad

Prados de la Escosura advierte que el desarrollo sostenido es un fenómeno históricamente reciente. Antes de 1850, hubo episodios de crecimiento en muchas civilizaciones. Pero fueron episodios que se revirtieron. El crecimiento sostenido, el que se mantiene generación tras generación, arranca de facto en la Europa occidental de mediados del siglo XIX. Por eso, la pregunta no es solo por qué crece una economía; es por qué sigue creciendo. Y la respuesta apunta siempre al mismo lugar: instituciones que garantizan la libertad de intercambio, la protección de la propiedad y una moneda estable. David Landes planteó la pregunta correcta. Los datos de 175 años sugieren que la respuesta empieza por la libertad.

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