La verdad de la inflación

La inflación como fenómeno monetario

Milton Friedman ganó el premio Nobel de Economía porque demostró que la cantidad de dinero en circulación es el principal motor de la inflación y el ciclo económico. Como dijo claramente, “la inflación es siempre, y en todas partes, un fenómeno monetario”. En otras palabras, sea cual sea el elemento detonante de un proceso inflacionista, para que se convierta precisamente en eso se necesita que en la economía haya más dinero en circulación del que realmente se necesita. Por eso la inflación es un fenómeno monetario.

Una verdad conocida, pero olvidada

Este hecho es algo que se conoce desde 1963, cuando Milton Friedman lo dijo. Y la frase lleva repitiéndose desde entonces en las aulas de las facultades de Economía de casi todo el mundo. Pero, entonces, si ya sabemos eso, ¿por qué sigue habiendo inflación? Pues muy sencillo, porque es un saber que ya casi nadie aplica, como denuncia Tim Congdon, fundador y principal patrono del Institute of International Monetary Research.

La advertencia que nadie quiso escuchar

Y eso lo dice una de las dos personas —la otra es Juan Castañeda, profesor de la Buckingham University— que advirtió que entre los muchos males que trajo el Covid, uno de ellos iba a ser el retorno de la inflación. Lo vio en la última semana de marzo de 2020, justo nada más iniciarse los confinamientos en medio mundo para tratar de protegerse de la pandemia. Lo vio no en una bola de cristal, sino en los datos semanales del sistema bancario estadounidense que publica la Reserva Federal.

El consenso equivocado de 2020

Congdon, sin embargo, fue una excepción a la gran corriente de economistas que pronosticaron años de desinflación o de deflación. Richard Clarida, vicepresidente de la Reserva Federal, dijo en mayo de 2020 que el shock del Covid iba a ser desinflacionario no solo durante unos meses, sino durante años. Isabel Schnabel, del Banco Central Europeo, habló en junio de 2020 de tasas de inflación negativas que podrían persistir hasta 2025 o 2026. Olivier Blanchard, execonomista jefe del FMI, realizó un pronóstico igual de erróneo.

Los mercados financieros también lo creyeron, como demuestra el hecho de que las curvas de tipos a futuro esperaban tipos de interés en cero hasta 2024 y 2025. Pero como sucede muchas veces en la vida, el que la mayoría diga una cosa no implica necesariamente que tenga la razón.

El crecimiento de la masa monetaria y el regreso de la inflación

Dos años después, la realidad se abrió paso, se impuso. En 2022 la inflación en los países desarrollados alcanzó su nivel más alto en cuarenta años. Porque lo que vio Congdon a partir de finales de marzo de 2020 es que la cantidad de dinero, en vez de crecer el 0,1% o el 0,2% semanal, como venía siendo habitual, pasó a hacerlo a ritmos del 2% o el 3%.

Ahí estaba el canario en la jaula, advirtiendo de la que se avecinaba, aunque casi nadie fue capaz de verlo y entenderlo.

La respuesta de los bancos centrales durante la pandemia

La respuesta coordinada de los bancos centrales de todos estos países a la emergencia sanitaria fue la inyección de cantidades enormes de dinero en el sistema. En consecuencia, la velocidad de circulación del dinero se desplomó porque el ratio entre crecimiento del dinero y crecimiento del PIB se disparó.

Congdon entendió las implicaciones de ese hecho y advirtió que tras esa caída vendría una subida de la velocidad de circulación del dinero. Y si en ese contexto la cantidad de dinero seguía creciendo, la consecuencia sería sí o sí la inflación.

El impacto sobre la vivienda y los mercados financieros

Otra predicción que hizo, y que nadie tampoco creyó en su momento, fue que el precio de la vivienda subiría y que los mercados bursátiles iban a estar boyantes en 2020 y 2021.

Pero Congdon nuevamente acertó porque el crecimiento explosivo de la cantidad de dinero tenía que canalizarse hacia algún sitio. ¿Y hacia dónde fue? Pues hacia acciones, suelo, vivienda y locales comerciales.

Por qué Congdon vio lo que otros no vieron

¿Por qué Congdon vio inflación donde los demás veían deflación o desinflación? Porque como Congdon no cree que la cantidad de dinero sea un múltiplo mecánico de la base monetaria, no mira la base monetaria, sino todos los depósitos bancarios.

Además, también tiene en cuenta algo a lo que los monetaristas de la Escuela de Chicago no prestan atención: el capital del sistema bancario.

Los límites de la macroeconomía basada en los tipos de interés

Otro problema es que la macroeconomía moderna se asienta mayoritariamente en los tipos de interés. Con el tipo de interés que establece el Banco Central esa macroeconomía explica la demanda, el empleo y la producción.

Así es que, desde esta perspectiva, el dinero no importa, los depósitos bancarios no importan. Pero el Covid demostró todo lo contrario.

La lección que deja la crisis inflacionaria

Congdon, por eso, advierte que la clave para mantener baja la inflación es que el crecimiento del dinero en circulación, definido en un sentido amplio, no supere con creces el aumento en la producción de bienes y servicios.

Porque Friedman sigue teniendo razón: la inflación es siempre un fenómeno monetario. El problema es que ya casi nadie mira los datos que de verdad importan para poder prevenirla y atajarla si se produce.

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